Søren Kierkegaard y Friedrich Schlegel: vivir poéticamente. Un diálogo crítico en torno a la novela Lucinde

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Catalina Elena Dobre
Universidad Anáhuac, México
katalina.elena@yahoo.com.mx

Søren Kierkegaard y Friedrich Schlegel: vivir poéticamente.
Un diálogo crítico en torno a la novela Lucinde
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Resumen

En estas páginas nos proponemos realizar un “diálogo crítico” entre Friedrich Schlegel y Søren Kierkegaard, tomando como punto de partida la novela Lucinde. Aunque inconclusa, ya que Schlegel planeaba todo un proyecto que no realizó, la novela Lucinde no le fue indiferente al joven Kierkegaard. A pesar de la dura crítica que lanza sobre el escrito de Schlegel, éste fue de enorme interés para Kierkegaard por el romanticismo, por un lado, y por otro, por darle la posibilidad para desarrollar una interesante estrategia para oponerse al romanticismo y crear una obra poética al servicio del cristianismo. Por todo ello, el objetivo de este trabajo es resaltar la influencia de Schlegel sobre Kierkegaard, así como el nuevo sentido que el filósofo danés dará a la idea de “vida poética”.

Palabras clave: poético, romanticismo, subjetividad, cristianismo, Kierkegaard, Schlegel

Søren Kierkegaard and Friedrich Schlegel: Living Poetically. A Critical Dialogue Related to the Novel Lucinde

Abstract

Our focus in this paper is to make a “critical dialogue” between Friedrich Schlegel and Søren Kierkegaard, taking as a starting point the novel Lucinde. Even it was unfinished, because Schlegel planned an entire project that was not concluded, the novel Lucinde did not stay indifferent to the young Kierkegaard. Despite his harsh critique over Schlegel´s writing it was determinant for Kierkegaard´s interest with romanticism, by one hand, and by the other, allowed Kierkegaard to develope and interesting strategy of opposition to romanticism and creating a poetic work at the service of Christianity. Therefore the aim of this paper is to underline the influence of Schlegel on Kierkegaard, as well as to present the new direction that the Danish philosopher gives to the idea of “poetic life”.

Keywords: poetic, romanticism, subjectivity, Christianity, Kierkegaard, Schlegel

Recepción del original: 18/04/16
Aceptación definitiva: 20/05/16


Introducción

Para los estudiosos de Søren Kierkegaard no es una novedad el interés del filósofo danés por el romanticismo alemán. Sin embargo, conocido en especial como un filósofo cristiano, el lado romántico de su pensamiento, hasta la fecha, da lugar a diálogos efervescentes pero constructivos en relación a sus ideas filosóficas. Por ello consideramos que, si no se puede negar el valor de su pensamiento cristiano, tampoco hay que silenciar la influencia de los románticos. Si pensamos en sus reflexiones en torno a las ideas de genio y de lo poético, y su interés por figuras como Fausto, Don Giovanni, Margarita, las descripciones de la naturaleza, las inserciones tipo “Diario”, la seducción, el uso de seudónimos, la formación, la idea del poeta, podemos entender que Kierkegaard fue un lector de los románticos, en especial, de los alemanes: Goethe, Novalis, Henrich Heine, Hamman, Hoffmann, Jean Paul, Lichtenberg, Friedrich Schlegel, Schleiermacher, Eichendorff o Archim von Arnim. Es más, la crítica que Kierkegaard hace a los románticos es un punto de partida para el desarrollo de su pensamiento cristiano.

La primera obra oficial, si podemos llamarla así, que abre el diálogo crítico de Kierkegaard con los románticos es Sobre el concepto de ironía, aunque tal diálogo empieza mucho antes2 y se extiende por el contenido de varias obras, incluyendo sus Diarios. La presencia de los románticos en la obra de Kierkegaard se debe en especial a la enseñanza e influencia que recibe de sus maestros más destacados: F. C. Sibbern y P. M. Møller, este último, autor de un texto llamado Sobre el concepto de ironía, escrito en 1835 pero publicado póstumamente, en el cual, en calidad de especialista en filosofía griega, sobre todo, Sócrates y Platón, hace una crítica al romanticismo que había delimitado la ironía sólo en relación a lo estético, cosa que llevará a un nihilismo moral. El ejemplo más relevante para Møller de semejante “nihilismo” era la novela Lucinde, de Friedrich Schlegel.

No extraña, por lo tanto, que el escrito de Kierkegaard, Sobre el concepto de ironía, siga la línea empezada por su maestro,3 y constituya al mismo tiempo un diálogo crítico con los románticos, en especial, con Friedrich Schlegel.

1. La novela Lucinde: una controversia

En 1799 Friedrich Schlegel, una de las figuras representativas del romanticismo alemán, publica su intrigante novela Lucinde, parte de una trilogía (Sobre la filosofía, Sobre Diotíma y Lucinde), cuya intención era crear un nuevo tipo de moral fundamentada en el amor y en las cualidades femeninas. Schlegel no sólo no finaliza su trilogía, sino que la misma novela Lucinde queda inconclusa.

La intrigante novela Lucinde era un proyecto en el que Schlegel quería reflejar toda la experiencia que fertilizó su pensamiento y, a la vez, como afirma James Clowes, “servir como el auto-retrato de una personalidad muy compleja”.4 En esta novela, Schlegel aborda, junto a problemas filosóficos y poéticos –como refleja Das Athenäum–, el tema erótico, y hace una apología de lo femenino, en un contexto en el que la mujer estaba apegada a convenciones morales y sociales más bien androcéntricas. En otras palabras, Lucinde –una “obra caleidoscópica, un caos narrativo”, como la llama George Pattison–,5 refleja la idea de un orden destrozado, como un texto que fue roto en pedazos. En el caso de Schlegel, esto no es extraño, pues, como afirma Brian Søderquist, al dar la impresión de un desorden estilístico, el autor “fuerza al lector a recrear una interpretación provisional, asociando de manera imaginativa los fragmentos”.6 Es un texto “rompecabezas” que representa una experiencia personal del autor y, a la vez, refleja la concepción sobre el amor de los románticos como búsqueda de lo Absoluto en el otro; pero también expresa la idea de Schlegel sobre la mujer.

Por eso, Schlegel se propone “limpiar las cenizas de los prejuicios”7 y revelar a sus contemporáneos que la mujer debe vivir en función de la libertad y en función de su naturaleza, que es el amor. La novela fue muy criticada en la época porque, contra la moral confortable del amor, Schlegel propone a la mujer como el confinum de la realización del amor en el matrimonio. Es decir, lo que Schlegel quería enfatizar mediante esta novela era, por un lado, la idea de unidad, donde el amor sensual y amor espiritual8 forman una unión sagrada que devuelve al ser humano su belleza y su ingenuidad; y, por otro, las capacidades intelectuales de la mujer, ya que ésta no puede ser reducida a un mero instrumento, en el sentido de que el amor hacia la mujer no debería entenderse sólo como el gozo de la carne, sino también el aprecio a su sensibilidad y a su inteligencia.

Dicho de otro modo, Schlegel trata de subrayar que no puede haber una división; es decir, no se puede ya pensar que a la mujer le pertenece el erotismo y la sensibilidad, y al hombre el intelecto, y la razón. Schlegel busca la unidad de ambas posturas, pues para él la realización humana se logra mediante el amor, como unión sagrada, entre hombre y mujer. Reconociendo a la mujer un papel nunca antes tenido, hace una “inversión de los valores”,9 en el sentido de que le brinda un estatus que le permite recobrar su valor y su dignidad como ser humano, libre de elegir cómo vivir su vida; rompiendo así con la vieja tradición de comprender el matrimonio como un mero contrato social.

En este sentido, para Søderquist, la característica esencial de Lucinde es el Witz (el ingenio), entendido como la inteligencia o la capacidad del espíritu para crear y relacionar. Schlegel mismo clarifica el concepto: “El ingenio es un fin en sí mismo, como la virtud, el amor y el arte”.10 Por ello, la mujer, mediante su propuesta, no es más una mera función erótica, sino un ser capaz de pensar por sí mismo, y con intelecto. Lucinde es la mujer en quien el hombre se encuentra a sí mismo, y Julius entiende y respeta a la mujer porque sabe que su naturaleza tiene algo puro. Para Julius, Lucinde (del latín lux, ‘luz’) es la iluminación, su salvación incluso en un sentido religioso, ya que a su lado experimenta algo del paraíso perdido, que ahora tiene la tarea de recuperar mediante el amor.

Schlegel busca la unidad de ambas posturas, porque la realización humana se logra mediante el amor, como una unión sagrada entre hombre y mujer. Se trata del amor cuya esencia es simbólica; es decir, el amor entre la naturaleza masculina, que es fragmentada, y la naturaleza femenina, que es compleja. En otras palabras: un amor entre el hombre que representa la actividad y la mujer que representa la pasividad.

Sin embargo, a pesar de su originalidad, la novela no fue, como hemos mencionado, bien vista en la época; muchos no la entendieron como parte de un proyecto de escritura en el que se mezclan los elementos del estilo romántico: estilos diferentes, la idea de filosofía como poesía, la idea de la ironía y del amor; ni la entendieron como una crítica de Schlegel a la novela de F. H. Jacobi, Woldermar, en la que se planteaba el amor erótico y el amor intelectual como dos cosas totalmente separadas.11/p>

La primera referencia de Kierkegaard a Schlegel aparece en 1835, mucho antes de haber escrito Sobre el concepto de ironía; el mismo año en que un representante del nuevo movimiento mencionado, Karl Gutzkow, publica una segunda edición de la novela Lucinde.12 Para entonces, Kierkegaard tenía la obra completa de Schlegel, pero el escrito que lee y estudia detenidamente es Lucinde. La lectura de esta novela se debe al encuentro de Kierkegaard con Vertraute Briefe über Friedrich Schlegel Lucinde (Cartas confidenciales sobre la novela Lucinde de Friedrich Schlegel13 (Las cartas confidenciales) de Friedrich Schleiermacher. Este último se propone defender el escrito de Schlegel, a pesar de un contexto no muy favorable.

Søren Kierkegaard llega a leer la segunda edición de esta reseña escrita por Schleiermacher, llegando a considerarla una “verdadera obra de arte”, así como es mediante esta reseña que descubre la novela Lucinde y no puede quedar lejos de las críticas, ya que desde su punto de vista, en la novela mencionada, los personajes viven en una realidad sensual, negando cualquier espiritualidad, ya que lo que buscaban los románticos en la mujer era esta unidad de sensualidad y espíritu. Pero, dado el hecho de que esta búsqueda era poetizada, es decir, mediante el pensamiento y la reflexión, la mujer diosa, así como Julios invoca a Lucinde, se vuelve un ideal casi inalcanzable; es decir, la mujer se vuelve poesía y no realidad. Schlegel afirma en un fragmento de sus Ideas: “Las mujeres no necesitan tanto la poesía de los poetas porque su propio ser es poesía”.14

Nos llama la atención este diálogo efervescente que Kierkegaard tiene con Friedrich Schlegel, un diálogo crítico pero a la vez inspirador. Brian Söderquist, en su artículo On Ironic Communication Subjectivity and Selfhood, aunque sostiene que el interés de Kierkegaard para Schlegel se mantuvo sólo mientras era su alumno en la universidad, no deja de enfatizar la importancia del filósofo alemán para toda la obra del danés, en cuanto el desarrollo del planteamiento antropológico.15 En este sentido, estamos de acuerdo con Brian Söderquist cuando subraya la importancia del pensamiento de Schlegel para Kierkegaard en cuanto el desarrollo de la “conciencia poética”.16

Dado esto, en las siguientes páginas nos proponemos demostrar la postura de Kierkegaard en relación a la idea de vida poética, en el diálogo crítico que entabla mediante su obra con el filósofo alemán Friedrich Schlegel.

2. Un diálogo crítico en torno a lo poético

No exageramos al afirmar que esta crítica a los románticos y a Schlegel es el único lazo que une a Kierkegaard y Hegel; aun así, mientras Hegel acusa a Schlegel de irracional,17 Kierkegaard considera inspiradora la propuesta de Schlegel, que seguirá siendo un punto de referencia en toda su obra.

Aunque la crítica de Kierkegaard con Schlegel, en especial, está más en relación con el concepto de ironía, no vamos a insistir sobre este tema,18 sólo mencionamos en breve que la ironía romántica es para Kierkegaard negativa, y no ayuda al hombre devenir en sí mismo; no es constructiva, sino más bien destructiva: lo lleva a la aniquilación, dado el deseo de identificarse con lo eterno. A esta conclusión llega Kierkegaard en relación con el personaje Julius, de la novela Lucinde, ya que se trata de un hombre que, a pesar de vivir una transformación interna, una transfiguración, después de un proceso desesperado, al darse cuenta de que no hay manera de confrontar la vida convencional, termina retirándose en su interioridad para encontrar allí un sin fin de posibilidades. Es verdad que Julius hace un movimiento hacia adentro, pero Kierkegaard lo considera un falso movimiento, porque se queda atrapado en la ilusión, y porque su reconciliación, aun mediante Lucinde, es poética en el sentido de fantasiosa. Entonces el Yo romántico no rebasa la negación, ya que aspirando a ser un Yo eterno, niega lo temporal, y la subjetividad se ve limitada al mismo yo de manera exagerada, según el filósofo danés; llegándose a una libertad negativa, es decir, realizable sólo mediante la imaginación.

Para Kierkegaard, la ironía debe purificar al hombre, revelando la verdad de su realidad, deber dar continuidad a la personalidad; por eso afirma: “cuando el individuo está bien orientado, sólo entonces la ironía tiene significado”,19 y lo debe hacer libre, no sólo en la posibilidad, sino también en la realidad.

Al parecer, Kierkegaard no pudo ver en la novela Lucinde más que la añoranza de los románticos hacia el pasado (antigüedad), hacia tiempos en que el amor era el goce, buscando en este último “la conciencia de la aniquilación de la eticidad”20 y, desde esta perspectiva, el amor romántico no tiene ninguna realidad, es un ideal demasiado apasionado.

Empezando con 1843, e inspirado por estas lecturas de los románticos, lo que va a hacer Kierkegaard es reconstruir lo estético21 bajo el terreno preparado por los románticos, que entendían lo “estético” como una forma de vida. Aunque al parecer el “diálogo” entre Kierkegaard y Schlegel se refleja sólo en el escrito Sobre el concepto de la ironía, también hallamos un diálogo entre los dos filósofos sobre los conceptos de belleza y de lo interesante, en el apartado El diario de un seductor, del escrito O lo uno o lo otro.22

Otros investigadores ven en el escrito O lo uno o lo otro, de 1843, un reflejo de lo que era la “novela romántica”, dado el estilo que remite a la novela Lucinde; es decir, un estilo aparentemente “caótico” y diverso: es el caso del escrito en fragmentos (Diapsalmata), narraciones, cartas (El diario de un seductor), etc. Sin embargo, sus personajes estéticos (Don Juan, el A, Johannes el Seductor, etc.) aunque llegarán a vivir la desesperación, no son tan desolados como Julius, a quien Kierkegaard considera un hombre con una personalidad atrapada en la reflexión:

Julius es un joven interiormente desgarrado que, precisamente en virtud de este desgarramiento, ha llegado a una viviente representación de aquel poder de encantamiento capaz de hacer que un hombre envejezca muchos, muchos años en unos pocos instantes […] un joven que por mucho tiempo intimó con la idea del suicidio, pero que en medio de las tempestades de su alma no tuvo tiempo de tomar esa resolución. Pues bien, el amor habrá de salvarlo.23

Dado que los personajes de Lucinde lo decepcionan, dado que son puras construcciones poéticas, Kierkegaard empieza reflexionar sobre qué debería significar una vida poética. A pesar de la crítica, Kierkegaard comprendió que, en el fondo, Lucinde representaba la reacción irónica de Schlegel contra el idealismo filosófico, en especial, la idea de Fichte de subjetividad como una identidad absoluta del Yo, que expresa en su Doctrina de la ciencia.

En breve, frente a la idea de sistema metafísico, Schlegel opone el fragmento, la poesía y el acto de vivir poéticamente. La polémica que entabla con Fichte, el filósofo del momento alrededor de 1796, así como las críticas a Schiller y a Kant, hacen que Schlegel tome una postura peculiar, al poner las bases de su propio pensar filosófico. Mediante la poesía, Schlegel se propone repensar la filosofía, ya que para él, la poesía debe ser progresiva y universal, debe integrar la vida y el arte. En este sentido, la poesía romántica, desde la perspectiva de Schlegel, debe estar en un devenir continuo, siendo el reflejo de la existencia misma, dinámica, y fragmentada pero unitaria. Por lo cual, para Schlegel, “el devenir es un proceso dialéctico continuo de creación y destrucción”.24

Podemos decir que Schlegel manifestó un tipo de escepticismo25 frente a la idea de sistema que pretendía tener un conocimiento del Absoluto. Para él, la filosofía no puede seguir empezando con certezas absolutas, ya que debería progresar, estar en continuo devenir; la filosofía debería estar en comunión con la poesía. Afirma: “Únicamente filosofía y poesía son totales y sólo ellas pueden vivificar y reunir en un todo cada una de las ciencias y artes particulares”.26

Contra Fichte, Schlegel propone una subjetividad en la que el yo se crea poéticamente, en diálogo con el otro, mediante el amor y la amistad. Es decir, frente al Yo absoluto de Fichte, que a pesar de su identidad y su capacidad de reflexión, sigue siendo un principio abstracto; Schlegel propone la subjetividad del yo mediante la idea de que la subjetividad debe ser poética que se crea a sí misma en la imaginación y la fantasía. A pesar de ser pensada como una subjetividad dialógica, en el fondo queda una confirmación reflexiva de sí misma.

Lo que más criticaba Kierkegaard a los románticos era este apego a la fantasía, a la poetización que, si bien sirve hasta un punto, corre el riesgo de hacer de la realidad una mera fantasía que en el fondo es una abstracción. Ya que el yo será uno imaginario y no uno real.27 O, para Kierkegaard, un hombre que imagina, que tiene un yo, viviendo en la fantasía, no es más que un hombre desesperado.28 Y ésta es en parte una de las divergencias de Kierkegaard con los románticos. Para aquél, éstos son un símbolo de la desesperación,29 teniendo esta capacidad de llevar la imaginación y lo fantástico tan lejos que les es imposible regresar a la realidad, y quedan atrapados allá, donde se vive una especie de sensibilidad impersonal y, al fin, abstracta.

La preocupación de los románticos, en especial de Schlegel, fue crear otro tipo de filosofía que él llama poesía, donde el pensamiento no es algo reconfortante que nos lleva directo al entendimiento de lo absoluto, ya que la razón no se puede equivocar, sino que el absoluto se revela en los ojos de los románticos como lejanía, por lo cual, la forma de acercarse a él es sólo mediante la creación. Es así como los románticos crean un nuevo arte, crean un lenguaje peculiar para expresar el dolor de esta lejanía.

Para Schlegel, este nuevo arte es la poesía, como nuevo ideal en el que la literatura y el arte se mezclan de manera armónica en el discurso reflexivo que es filosófico. Poesía y filosofía son así términos sinónimos para Schlegel, ya que la poesía era la única capaz de curar las heridas de la razón.

En su obra Ideas, publicada en 1800 en la revista Athenäum, expresa el sentido de este nuevo arte llamado poesía: “de romper el velo de Isis y desvelar el secreto”.30 Para Schlegel, la poesía es el medio por el que la subjetividad se manifiesta y ayuda al yo a salir de esta identidad consigo misma (Fichte); en otras palabras, mediante la poesía, el hombre debe re-encontrar el ideal de la humanidad, pero “no se trata de poesía como composición poética (Dichtung), sino la fuerza poética que compone y crea (Poesie),31 por lo cual, la humanidad se crea debido a esta fuerza, que es la poesía.

Al contrario, para Kierkegaard, la poesía debe tener fuerza, pero fuerza de crear la vida en la realidad; no sólo en la fantasía. Afirma en su escrito Sobre el concepto de ironía:

La poesía es una suerte de reconciliación, pero no es la reconciliación verdadera, pues no me reconcilia con la realidad en la que vivo, no efectúa mediante esa reconciliación ninguna transustanciación de la realidad dada, sino que me reconcilia con la realidad dada dándome otra realidad, superior y perfecta. Pero cuanto mayor es la contraposición, más imperfecta es propiamente la reconciliación.32

Lo que hace el romántico, según Kierkegaard, es confundir el yo eterno con el yo temporal33 mediante la poetización, ya que la exigencia del romántico es “vivir de manera poética”.34 Al vivir así, poetizándose continuamente, es decir, estando sólo en relación con lo eterno, con la fantasía, su yo vive sin la temporalidad, suspendido de aquello que lo sustenta, de su “principio constitutivo de la realidad, de aquello que lo ordena y lo sostiene, i.e., la moral y la eticidad”.35

Debido a esta poetización del mundo, los románticos quedan siempre en un estadio estético, que los llevan a la negación porque les falta la realidad, como Kierkegaard mismo argumentará, mediante varios seudónimos y figuras estéticas que usará en su obra, para expresar que lo estético, lo más rico en imaginación que sea, no puede ser suficiente para la vida concreta del hombre, para que el individuo sea sí mismo.

En otras palabras, para Kierkegaard los románticos quieren negar la realidad. Aunque no niega lo estético –al contrario, lo considera una etapa de vida–, sí niega la vivencia estética de los románticos, que se traduce en desolación, en sinsentido, en el tedio, ya que para ellos vivir poéticamente es “dar curso libre a la irónica autocomplacencia del Yo arbitrario, mientras que el Yo profundo se adormece en un estado de sonambulismo”.36

Es por eso que Kierkegaard propone una vivencia poética en relación con lo ético y lo religioso; en otras palabras, reconstruye lo estético desde la perspectiva de lo religioso. Así, vivir poéticamente es no sólo vivir la posibilidad, sino la realidad, la situación concreta de la existencia; vivir desde lo que el hombre tiene más cercano y más suyo: la libertad:

Lo que hace que el poeta viva de manera poética, en efecto, no es el hecho de crear una obra poética, pues de no poseer una relación íntima y consciente con ella, su vida carecería de la infinitud interior que es condición absoluta para vivir de manera poética […], sino que sólo vive de manera poética cuando él mismo está orientado y situado en relación con la época en la que vive, cuando es positivamente libre en relación con la realidad a la que le pertenece.37

Si para los románticos vivencia poética es equivalente a la vivencia estética que sólo los hombres creativos pueden tener, para Kierkegaard vivencia poética equivale a vivencia ético-religiosa, que cada persona puede llegar a vivir. Es decir, la vida poética no se puede reducir sólo a una creación poética o artística, sino que remite a un modo de vivir mediante el cual el hombre puede relacionar su existencia con ideales éticos, pero concretarlos a través de la elección. En este sentido, vivir poético se traduce en Kierkegaard en lograr realizar estos ideales éticos o religiosos, y no sólo en pensar en ellos ideáticamente. Sylvia Walsh, en su escrito Living Poetically, afirma que en Kierkegaard tenemos una pasión poética, y que lo poético debe ser entendido en su obra como la vía por la cual nos relacionamos con los ideales éticos y religiosos.38

En este sentido, para vivir de manera poética, como dice Kierkegaard, uno se debe crear a sí mismo de manera poética, que es “llegar a ser consciente de lo que hay de originario, y ése es el límite dentro del cual poetiza, dentro del cual es poéticamente libre”.39 Para Kierkegaard, la humanidad y la subjetividad de los románticos quedan en un estadio de poetización infinita. Es decir, lo poético romántico es mera representación, para Kierkegaard, absolutamente válida en cuanto la creación artística –nunca niega este aspecto–, pero que no tiene nada que ver con la realidad vivida; por lo cual la diferencia está en la manera en que se comprende la relación entre vida y poesía.

Para explicar esta diferencia, en su escrito O lo uno o lo otro, Kierkegaard contrapone al esteta A (prototipo del romanticismo) el Juez Guillermo, para subrayar exactamente la falla de la “vida poética” romántica, donde el amor es pensado de manera abstracta. Afirma el Juez:

En uno de los relatos más geniales de la escuela romántica aparece un personaje que, a diferencia de los demás con quienes vive, no está dispuesto a poetizar, puesto que eso es una pérdida de tiempo y lo priva del verdadero goce; lo que hace, por el contrario, es vivir. Éste, de haber tenido una idea más correcta de lo que es vivir, habría sido mi hombre.40

Para comprender la relación entre lo poético y la vida, Kierkegaard, mediante el Juez, afirma que se debe tener una idea de vida, y se debe tener en la medida en la que esta idea se cultiva y se elige. En este sentido, lo poético debe remitir a un compromiso, a lo ético, ya que para una vida poética se necesita una idea de qué significa vivir, y elegirse en relación con semejante idea. Detrás del Diario de un seductor, no hay sólo una motivación autobiográfica, como a veces se ha interpretado, sino “también una crítica al tipo de amor romántico, ya que Johannes y Cordelia son una copia de Julius y Lucinde, de la novela Lucinde de Schlegel”;41 y el mensaje es que el amor romántico, así como es también el amor entre Johannes y Cordelia, es sumamente estético –ya que Johannes no es capaz de un compromiso real con Cordelia: la seduce, se enamora y al fin, acaba en un tipo de suspensión de sí mismo.

Como propuesta frente a un amor erótico, que es la poética romántica, Kierkegaard propone el matrimonio como poética del amor, mediante el cual, tanto el hombre como la mujer no aman en abstracto, sino que se eligen a sí mismos, como vamos a demostrar en otro capítulo, en relación con la idea que tiene sobre la vida; por eso dice el Juez: “el matrimonio es justa y propiamente lo poético”.42

Es más, Kierkegaard no sólo propone una nueva manera de entender lo poético, sino que se pensará a sí mismo como poeta, y no extraña, desde esta perspectiva, que la primera obra de su autoría, O lo uno o lo otro, en Diapsalmata, empieza con una reflexión sobre qué significa ser poeta, por un lado, y por otro, Kierkegaard habla de sí mismo como un poeta del cristianismo. Es más, en la obra de Kierkegaard encontramos al Joven que es poeta en el escrito La repetición, cuyo intento de realización de sí mismo está en relación con Job; así como el seudónimo Johannes de Silentio, que es poeta, intenta comprender la fe en relación con Abraham.

A pesar de la crítica que entabla con Schlegel, este último sigue siendo para Kierkegaard un punto de referencia. Aun así, Kierkegaard debe mucho a los románticos; y en este sentido, John D. Mulle sostiene que la influencia de Schlegel en Kierkegaard va más allá, pues al parecer, el escrito de Kierkegaard O lo uno o lo otro representa una continuación del estilo literario “arabesque” que Schlegel ha creado, ya que es una mezcla de varios estilos: fragmento, ensayo, carta, diario.43

Los dos –o a lo mejor Kierkegaard inspirado en Schlegel– critican la sociedad burguesa y la idea de multitud, de masa, enfatizando la pérdida de individualidad. Si Schlegel afirmaba que la persona en una sociedad burguesa se ha convertido en personaje, Kierkegaard menciona que el individuo se ha transformado en lo público. En este sentido, es posible que Kierkegaard se inspirara en Schlegel en el tema de la individualidad, ya que el poeta romántico afirmaba, por ejemplo, en su escrito Ideas: “Precisamente la individualidad es lo originario y eterno en el hombre. Dedicarse a la formación y al desarrollo de esa individualidad, como si fuera la vocación más elevada, constituiría un divino egoísmo”.44

Conclusión

Después de este análisis en relación a lo poético, entendemos que para Kierkegaard, a diferencia de los románticos, en especial Schlegel, ser poeta y vivir poéticamente significa lograr una relación viva entre la posibilidad de la existencia y la realidad; en otras palabras, una vida poética, desde la visión del filósofo danés, no debería ser una vida que trate de alcanzar el ideal mediante la creación artística (posibilidad), sino que debería ser la tarea de ser sí mismo en la existencia (en la realidad).

Por ello Kierkegaard no niega lo poético, pero lo integra en la existencia del individuo junto con lo ético y lo religioso, porque una vida realizada es una vida en la que existe una transformación interior, por lo que lo poético remite al compromiso ético, ya que para una vida poética se necesita una idea de qué significa vivir, y elegirse en relación a esta idea.

Sin embargo, tanto Schlegel como Kierkegaard son poetas, y los dos aspiran a un estado de lo religioso, sólo que, mientras para Schlegel lo religioso acaba en una mitología, para Kierkegaard lo religioso es el estado de la auténtica fe cristiana. Uno considera que lo religioso queda en la mera posibilidad; el otro se cuestiona y propone su realización en la realidad. Desde nuestro punto de vista, y a pesar de esta crítica a los románticos, en especial, a Schlegel, consideramos que Kierkegaard no hubiera podido construir su pensamiento sin el romanticismo, pues Kierkegaard, desde 1843 y hasta el final de su vida, intenta reconstruir el sentido de una verdadera vida poética, que para él es la vida cristiana.

La novela Lucinde, aunque inconclusa, no dejó indiferente al joven Kierkegaard. A pesar de la dura crítica que lanza sobre ella, llamándole “catecismo de amor”,45 fue determinante para interesarse en el romanticismo y, sobre todo, para desarrollar una obra poética al servicio del cristianismo, donde la vida, como relación entre idea y realidad, es poética en sí misma.

Notas del Autor

1 El presente texto fue presentado en las III Jornadas Iberoamericanas de Estudios Kierkegaard, Universi-dad de Granada, 18-20 de mayo de 2015, organizadas por la S.H.A.K.

Las citas de Kierkegaard fueron tomadas de las traducciones en español; anoto también su correspondiente referencia a la 4ª edición danesa: Søren Kierkegaards Skrifter (www.sks.dk) Redaktion Niels Jørgen Cappelørn, Joakim Garff, Johnny Kondrup, Karsten Kynde, Tonny Aagaard Olesen og Steen Tullberg Grafik Karen-Margrethe Österlin ved Karsten Kynde. © Søren Kierkegaard Forskningscenteret. København 2014 / ISBN 978-87-993510-4-6. Indicándolo de la siguiente manera: SKS volumen, página.

Las traducciones de las citas en inglés son propias.

2 Nos referimos al hecho de que varios autores, entre ellos, George Pattison, identifican la influencia romántica en el pensamiento de Kierkegaard desde 1835, en la carta que escribe en el lugar llamado Gilleleje, incorporada en los Diarios del mismo año.

3 Para más detalle en relación a la influencia de Møller en Kierkegaard se puede consultar el artículo de Jensen, F. G., “Poul Martin Møller: Kierkegaard y el confidente de Sócrates”, en Estudios Kierkegaardianos. Revista de Filosofía, núm. 1, 2015, México, pp. 29-114.

4 Cf. Clowes, J. D., “Of Art and Women I had no knowledge. The Development of Schleiermacher´s Understanding of Cognition, Self, Identity, Community and Gender”, Phd. Dissertation, University of Washigton, 1996, p. 248.

5 Cf. Pattison, G., “Freidrich Schlegel´s Lucinde: A Case Study in the Relation of Religion to Romanticism”, en Scottish Journal of Theology, vol. 38, Cambridge University Press, 1985, p. 546.

6 Söderquist, B., The Isolated Self. Truth and Untruth in Søren Kierkegaard´s On the Concept of Irony, Copenhagen: Museum Tusculanums Press, 2013, p. 128.

7 Schlegel, F., Lucinda, México: Siglo XXI, p. 29.

8 Daria Eva Stanco en su escrito Sensuality and Spirituality in Friedrich Schlegel’s Lucinde, afirma que esta novela es una entusiasta apología de la unión entre el amor sensual y el amor espiritual. Cf. Stanco, D. E., Sensuality and Spirituality in Friedrich Schlegel’s Lucinde, GRIN, 2013, (Kindle Edition pos. 54).

9 Cf. Pattison, G., Friedrich Schlegel’s Lucinde…, p. 548.

10 Schlegel, F., Poesía y filosofía. Ideas, Madrid: Alianza Editorial, 1994, p. 56 (Frag. 59).

11 Cf. Firchow, P., “Introduction”, en Schlegel, F., Lucinde and the Fragments, Minneapolis: University of Minnesota Press, 1971, p. 24.

12 Cf. Rasmussen, J. D., Between Irony and Witness. Kierkegaard’s Poetics of Faith, Hope and Love, New York-London: Ed. t&t Clark, 2005, p. 20. El mismo Rasmussen nos dice que Kierkegaard criticaba a este nuevo movimiento alemán, considerándolo un romanticismo de Schlegel. Rasmussen, J. D., Between Irony…, p. 20. Es seguro que Kierkegaard descubre a Schlegel mediante esta novela en su segunda edición.

13 No sabemos si es una coincidencia o no, pero unos años antes, Hegel, contemporáneo con todos ellos, había traducido de manera anónima un escrito llamado: Cartas confidenciales sobre la relación legal anterior entre el cantón de Vaud y la ciudad de Berna: de la obra francesa de un autor suizo ya fallecido (1798). Cf. Kaufman, W., Hegel, Madrid: Alianza Editorial, 1985, p. 57.

14 Schlegel, F., Ideas (Con las anotaciones de Novalis), Valencia: Ed. Pre-Textos, 2011, p. 127 (Frag. 127).

15 Söderquist, B., “On Ironic Communication, Subjectivity and Selfhood”, en Kierkegaard and His German Contemporaries, Tome III, Edited by Jon Stewart, England-USA: Ed. Ashgate, 2008, p. 185.

16 Söderquist, B.,, “On Ironic Communication…”, p. 185.

17 En las primeras páginas de la Fenomenología de espíritu, el lector se encuentra con la crítica hacía el movi-miento romántico y hacia el concepto de ironía, tan presente en la obra de F. Schlegel.

18 Se recomienda en este sentido consultar en especial el libro de Söderquist, B., Truth and Untruth in Søren Kierkegaard’s on the Concept of Irony, Chicago: University of Chicago Press, 2013.

19 Kierkegaard, S., Sobre el concepto de ironía, p. 339 (SV I 389). “[…] la vida genuinamente humana no es posible sin ironía. […] La ironía limita, finitiza, restringe y de esta manera proporciona verdad, realidad, contenido; la ironía disciplina y amonesta, y de esta manera proporciona solidez y consistencia”. Kierkegaard, Sobre el concepto de ironía, p. 339, SKS 1, 355. Entonces Kierkegaard no sólo reconstruye el sentido de lo poético, sino también el sentido de la ironía, el verdadero, que es el de “rejuvenecer la personalidad”; es decir, debería ser como “un bautizo purificador”, para que el hombre se vuelva ligero y satisfecho en relación con su realidad.

20 Kierkegaard, S., De los papeles de alguien que todavía vive. Sobre el concepto de ironía, Madrid: Trotta, 2000, p. 309 (SKS 1, 323).

21 No vamos a entrar en detalles sobre el significado de lo estético en Kierkegaard, pero coincidimos con Eric Ziolkowski (que dedica varias páginas a la influencia que recibe Kierkegaard en cuanto a lo estético) en que esta idea viene por vía de los románticos, quienes a su vez trataron de criticar el concepto de estética de Baumbgarten. Por lo cual, como afirma Ziolkovski, “tanto Baumgarten como los románticos juegan un papel crucial en preparar el terreno para la existencialización de la estética en la obra seudónima de Kierkegaard”. Ziolkowski, E., The Literary Kierkegaard, Illinois: Northwestern University Press, 2011, p. 17.

22 Söderquist, “On Ironic Communication…”, pp. 188-189. Söderquist habla también de un reflejo de Schlegel en obras como Temor y Temblor o Etapas en el camino de la vida.

23 Kierkegaard, S., De los papeles…, p. 313 (SKS 1, 327).

24 Clowes, J. D., “Of Art and Women…”, p. 213.

25 Millan-Zaiberth, E., Friedrich Schlegel and the Emergense of Romantic Philosophy, USA: State University of New York Press, 2007 (Kindle pos. 751).

26 Schlegel, F., Poesía y filosofía…, p. 80.

27 Afirma Kierkegaard mediante el seudónimo Anti-Climacus: “el yo lleva así una existencia fantástica dentro de una infinitización abstracta o en medio de un abstracto aislamiento, siempre faltándole su mismidad de la cual no hace sino alejarse más y más. Kierkegaard, S., La enfermedad mortal, Madrid: Trotta, 2009, p. 53.

28 Así como va a desarrollar en el escrito La enfermedad mortal (1847).

29 Esto se puede leer también en el diálogo entre el Juez Guillermo y el esteta, de la segunda parte del escrito O lo uno o lo otro, llamado “El equilibro entre el estético y lo ético en la formación de la personalidad” (1843).

30 Schlegel, F., Poesía y filosofía…, p. 83 (Frag. 1).

31 Sánchez Meca, D., “Estudio preliminar”, en Schlegel, F., Poesía y filosofía…, p. 26.

32 Kierkegaard, S., De los papeles…, p. 316 (SKS 1, 330-331).

33 Kierkegaard, S., De los papeles…, p. 300 (SKS 1, 313).

34 Kierkegaard, S., De los papeles…, p. 302. (SKS 1, 316).

35 Kierkegaard, S., De los papeles…, p. 305. (SKS 1, 3189).

36 Kierkegaard, S., De los papeles…, p. 315 (SKS 1, 330).

37 Kierkegaard, S., De los papeles…, pp. 338-339 (SKS 1, 354).

38 Cf. Walsh, Living Poetically. Kierkegaard’s Existential Aesthetics, Pennsylvania: Pennsylvania State Univer-sity Press, 1994, p. 1. “Es en este sentido que Kierkegaard debería ser recordado como un poeta”. Walsh, Living Poetically…, p. 1.

39 Cf. Kierkegaard, S., Sobre el concepto de ironía, p. 303 (SKS 1, 317).

40 Kierkegaard, S., O lo uno o lo otro. Fragmentos de vida II, p. 117 (SKS 3, 137). El relato al que se refiere es Lucinde y el personaje es Julius.

41 Cf. Mullen, J. D., “The German Romantic Background of Kierkegaard´s Psichology”, en The Southern Journal of Philosophy, vol. 16. Issue 1, p. 658.

42 Kierkegaard, S., O lo uno o lo otro, Fragmentos de vida II, p. 91 (SKS 3, 99).

43 Cf. Mullen, J. D., “The German Romantic Background…”, p. 657.

44 Schlegel, F., Ideas…, p. 104 (Frag. 60).

45 Cf. Kierkegaard, S., De los papeles…, p. 311. (SKS 1, 323).