«Mi hermana y yo», ¿obra de Nietzsche?

rafael06

Miguel Ángel García Mercado
Doctor en Filosofía
Universidad de Málaga
mgarciam@ono.com

Resumen

Entre los escritos atribuidos a Federico Nietzsche, hay al menos dos ediciones en castellano de uno denominado Mi hermana y yo. Se presenta como la última obra de Nietzsche, redactada en el manicomio de Jena, contra su madre y su hermana. En ella, el autor examina su vida desde la juventud, mostrándonos realidades desconocidas, que pudieron condicionar la trayectoria humana y filosófica del genial pensador. Sin embargo, la obra no figura en los diversos estudios que se han realizado en el siglo XX para determinar la edición crítica del corpus nietzscheano. Así, pese a su frecuente presencia en los ámbitos divulgativos, Mi hermana y yo está lejos de ser admitida por todos los especialistas. Más bien asistimos a una situación paradójica de silencio y afirmación. Algunos no hablan de ella ni para discutirla; otros la afirman sin aparato crítico. ¿Qué argumentos hay a favor y en contra de su autoría? ¿Qué aspectos de la doctrina y de la vida de Nietzsche se modificarían al admitir que la obra es suya? ¿Podemos añadir alguna luz a estas cuestiones?

Palabras clave: Nietzsche, «Mi hermana y yo», Autoría, Crítica.

Is “My sister and I” a Work of Nietzsche?

Abstract

Among the works attributed to Frederick Nietzsche, there are, at least, two translations into Castillian Spanish of the one titled My sister and I. It is believed to be Nietzsche’s last work, written in the Jena clinic against his mother and his sister. In it, Nietzsche examines his life starting in his youth, showing us unknown events that could have conditioned the human and philosophical trajectories of this brilliant thinker. Nonetheless, this work is not considered in the several studies conducted in the twentieth century that aimed at determining the critical edition of the Nietzschean corpus. Thus, in spite of its frequent presence in the divulging arena, My Sister and I is far from being accepted by all experts. We seem to be witnessing a situation of silence and affirmation. Some do not even refer to it in discussions; others acknowledge it without a critical view. What arguments do exist in favour or against its authorship? What aspects in Nietzsche’s doctrine and life would be modified if we were to acknowledge his authorship? Could we shine some light on these questions?

Keywords: Nietzsche, «My sister and I», Authorship, Critic.

Recepción del original: 08/10/09
Aceptación definitiva: 02/12/09


1. Las obras de Nietzsche en los últimos años de producción

En 1951, la editorial Boar’s Head Books, de Nueva York, publicó un libro titulado My sister and I, atribuido a Friedrich Nietzsche.1 En sí mismo, el hecho no resulta especialmente sorprendente, pues en el mismo período se procede a la recuperación de obras de otros autores del siglo XIX. Así, en 1932 salen a la luz los Manuscritos económico filosóficos de 1844, que contribuyeron notablemente a aumentar el conocimiento de la obra de Marx. Además, el propio modo de trabajo de Nietzsche a partir de los años 80 propiciaba esta actitud. Aunque el filósofo alemán hubiera deseado aprovechar ese tiempo para escribir una gran obra programática, las dificultades de concentración y las frecuentes jaquecas le obligan a redactar escritos cortos, de fuerte acento crítico.

Esto da lugar a la existencia de pequeños cuerpos estructurados de doctrina, que quedaron listos para edición en la fecha del derrumbamiento y que fueron editándose progresivamente en los años siguientes. El 1 de abril de 1888, Nietzsche abandona Niza y marcha a Turín. En julio deja para impresión El Caso Wagner. Un problema de músicos. El 7 de septiembre, el Crepúsculo de los ídolos. El 30 tendrá listo el que iba a ser el Primer libro de la transvaloración de todos los valores: el Anticristo. Ensayo de una crítica del cristianismo. En noviembre, concluirá Ecce Homo. Cómo se llega a ser lo que se es. Preocupado por su actitud cada vez más errática y por respuestas a cartas que denunciaban un profundo extravío mental, sus amigos Burckhardt y Overbeck le encontrarán profiriendo frases incoherentes con las pruebas de Nietzsche contra Wagner.2 Documentos de un psicólogo. Aparecen en ese mismo momento los Ditirambos dionisíacos y un ensayo llamado Arte y Artistas.

A todo este esfuerzo se une la vieja idea de elaborar una obra conclusiva, que tiene título desde el principio —La Voluntad de Poder—, pero cuya estructura quedará sin concluir. Junto con retazos no publicados de otros momentos, las 370 anotaciones pasarán a formar parte de los Nachgelassene Fragmente.

Estas obras no se publicarán de inmediato. Cuando, gracias sobre todo a George Brandes, Nietzsche va adquiriendo fama, su hermana Elizabeth se hará cargo de su producción y controlará férreamente el devenir de estos escritos: organiza junto a Peter Gast esos fragmentos y los reúne en un libro denominado —cómo no— La Voluntad de Poder;y prohíbe la publicación de Ecce Homo hasta 1908, casi diez años después de la muerte de Nietzsche, cuando ve la luz, al parecer lleno de mutilaciones.3

En 1894, Elizabeth constituye el Archivo Nietzsche, primero en una habitación de su casa en Naumburg y, después, en la villa Silberblick de Weimar. En los años 30 se piensa hacer la primera edición histórico-crítica, bajo la vigilancia de Elizabeth, por entonces octogenaria, proyecto que tomará cuerpo en 1933, aunque con bastantes deficiencias y con las tergiversaciones derivadas del intento de convertir a Nietzsche en precedente del nazismo. Al morir Elizabeth y concluirse la Segunda Guerra Mundial, se permitirá consultar el Archivo, lo que dará pié a la edición de Karl Schlechta, en 1954, completada por una edición en 5 volúmenes de 1965. La que se usa habitualmente es la de los profesores Colli y Montinari, publicada en De Gruyter, München-Berlin, a partir de 1975. Al menos desde este punto de vista, la presentación de una obra inédita de Nietzsche en 1951 no resultaba un imposible.

Se ha insistido en la selección alevosa de la obra de Nietzsche, llevada a cabo por Elizabeth para crear una leyenda acorde con su propio pensamiento. Una expresión bastante completa de estas críticas sería la siguiente:

La voluntad de poder fue definitivamente abandonada, liberada en la propia toma imaginaria del poder por parte de Nietzsche, pero Elizabeth había aprendido la lección de su hermano: a su manera, se las apañaba bien en el negocio del poder. Lo que Nietzsche no había podido lograr en los años de su pensamiento fundamental, de su máxima productividad, la obra básica de una filosofía del futuro, lo consiguió en un golpe de mano la señora doctor Föster-Nietzsche, regresando rápidamente del Paraguay, viuda y dispuesta a transformar la obra póstuma de su hermano no sólo en dinero contante y sonante, sino también en una onda expansiva que resonara por doquier. Al fin y al cabo, Nietzsche se hizo famoso contra todo pronóstico, y ella misma se dio prisa en idealizarse, junto con Gast, como los últimos que le habían permanecido fieles, como sus más íntimos, y se autonombró su sucesora mediante cartas falsificadas.4

Estamos ante un lugar común entre los estudiosos, con la excepción de Podach,5 esgrimido frecuentemente con la dudosa intención de exonerar a Nietzsche del uso por parte de la propaganda nazi. Aquí se inscribe la posible gestación de Mi hermana y yo.

2. El escenario de la obra

Al relatar su encuentro con Nietzsche, Overbeck indica con claridad lo que ha sido el lento proceso de enajenación vivido por el filósofo en los últimos años: «entró en el círculo de su imaginería delirante, de la que no ha vuelto a salir hasta que le perdí de vista, siempre muy consciente de mi persona y, en general, de la identidad de quienes le rodeaban, pero absolutamente confundido por lo que respecta a la propia». Un observador agudo puede ir detectando en los años anteriores esta megalomanía en dos aspectos: el valor literario y filosófico que atribuye a su obra y la importancia que otorga a su misión. El joven Nietzsche, consciente de las deficiencias de sus escritos, que comunica el 20 de abril de 1867 a Hermann Muschacke,6 ha variado notablemente: ahora espera ser, junto a Heine, el primer artista en lengua alemana7 y se cree en continuación directa con la obra de Goethe,8 al que superará cuando el auditorio sea lo suficientemente fiel como para tomarle en serio. «De mi Zaratustra creo, poco más o menos, que es la obra más profunda que existe en alemán y también la más perfecta en el idioma».9 Las citas se podrían repetir a voluntad y en nada desmerece respecto a ellas aquella afirmación del autor de Mi hermana y yo: «esta gran mente mía, la más grande desde Aristóteles».10

Esta creciente autoconsideración corre paralela al valor que confiere a su misión: que aspecto inútil, arbitrario, ofrecía toda mi existencia de filólogo, comparada con mi tarea.11 Siento que ahora va a haber una escisión en mi vida —y que ahora tengo ante mí mi gran misión.12 Ambas convicciones crecen en contraste con el total hundimiento de su entorno exterior: empobrecimiento, ausencia de perspectivas, deterioro físico, etc. El momento máximo de esta crisis coin­cide con el Ecce Homo, en el que Nietzsche —liberado de la timorata educación en la que fue educado— exulta a causa de sus propias cualidades y desprecia ruidosamente a todo ese mundo que le ha ignorado, singularmente a la cultura alemana. Elizabeth advirtió que la naciente estrella de su hermano podría dejar de brillar si mostraba lo que contenía este libro: quizá resultara atrayente ser un intempestivo, pero el insulto directo provocaría la repulsa de los lectores, en particular del pueblo alemán.

Mientras tanto, Nietzsche permanece ausente. Por su antigua relación con la Universidad de Basilea, fue ingresado en la clínica psiquiátrica de ésta el 10 de enero de 1889. Su madre quería tenerlo más cerca, por lo que una semana después lo trasladaron a la clínica homóloga de Jena. Allí permaneció unos quince meses. Todavía hoy puede visitarse el Philosophemweg, el paseo del filósofo, llamado así en su honor. En Jena, Nietzsche habría recuperado la conciencia y, ante la negativa de Elizabeth a publicar Ecce Homo, decidió vengarse, contando lo que pensaba de su madre y hermana. A la vez, sin embargo, la clara percepción de su propio hundimiento, de la pérdida de todas las esperanzas, le lleva a hacer un recorrido por su vida y a reexaminar no solo el mundo que le rodea sino —quizá por vez primera— a sí mismo.13 «Cuando Nietzsche terminó de escribirlo, se hallaba recluido en un asilo para dementes en Jena, y al no poder confiar el manuscrito a su madre o a su hermana, se vio obligado a entregárselo a un compañero que iba a ser dado de alta».14 Lo mismo aparece relatado en varios lugares de la obra.15

3. Tesis contra la autoría de Nietzsche

Son muy importantes y deben ser tenidas en cuenta con toda su firmeza, aunque siempre cabe exponer argumentos que debiliten su aparente rotundidad.

  • Goza de gran fuerza la reiterada negativa a tomar en consideración la hipótesis de la autoría, por parte de los estudiosos que han realizado las versiones críticas de la obra de Nietzsche, singularmente Colli y Montinari. El Tomo 15 y último de esta edición crítica lo compone una biografía de Nietzsche (Cronik zu Nietzsches leben), referida a su producción literaria. Concluye en la pág. 210 con la descripción de los sucesos acaecidos entre el 1 y el 9 de enero de 1889 en Turín. Después, solo reseña que el día 18 fue llevado por su madre a Jena, y de ahí (fue) trasladado a la casa de Naumburg el 13 de mayo de 1890. El Tomo 13, propiamente el último de obras de Nietzsche, recoge los Nachgelassene Fragmente desde noviembre de 1887 hasta enero de 1889. Sin embargo, esas ediciones se limitan al periodo fértil de Nietzsche, antes de enero de 1889. Si esta obra fuese auténtica, tampoco aparecería en las ediciones que pudieron conocer los editores.

  • La situación actual de la edición cuestiona la veracidad de su contenido. La ausencia de la versión original impide cualquier comparación seria de índole filológica. La versión inglesa nos incapacita para saber si los términos y giros lingüísticos eran los habituales en nuestro pensador y, con el peso que actualmente se concede a la crítica, sin la versión original sería imposible tomar una decisión definitiva, aun con todos los demás criterios a favor. Por el mismo motivo, no cabe una determinación decisiva en contra.

  • La historia de la pérdida de la edición alemana original resulta menos creíble que oportunista. La quema, intencionada o fortuita, del manuscrito perjudica mucho más a la propuesta favorable a la autoría que a la contraria. Aunque es plausible suponer que la destrucción de los documentos buscaba evitar su uso para demostrar la autoría, es bastante más razonable concluir que la eliminación de ese presunto original eliminaba una prueba que hubiese supuesto una refutación definitiva. Con el original, podía llegarse a una decisión común entre los especialistas a favor, pero también en contra; sin él, la duda perdurará para siempre.

  • Hay un argumento contra la autoría dotado de cierto peso. Según veremos, frente a un gran número de datos que provoca una sorpresa positiva, uno desmiente la intención primera de la obra. Dice el autor de la edición castellana que se cree que éste (Nietzsche) la escribió para vengarse de sus familiares más cercanos que conspiraron para impedir la publicación de Ecce Homo en vida de su autor, porque su contenido espantó a su madre y a su hermana Elisabeth.16 Algo parecido corrobora la obra misma, al indicar su autor: la causa de mi cólera de ayer por la tarde fue la inesperada sugerencia de mi hermana, de que lo mejor para mí sería dejar este horrible lugar e ir a vivir con ella a Paraguay.17 Esto es imposible si se mantiene que la edición se hizo en Jena, pues Franziska Oehler —la madre de Nietzsche— sacó al pensador de la clínica psiquiátrica de Jena y le llevó a Naumburg el 24 de marzo de 1890. Elizabeth no regresó del Paraguay hasta el 16 de diciembre de ese mismo año. En este sentido, el texto es confuso. En un momento se nos dice que Elizabeth está todavía en Paraguay arreglando sus asuntos,18 pero posteriormente nos indica la presencia de su hermana con el médico (en Jena).19

  • En la conversación con Elizabeth, el mismo texto hará referencia a tu difunto marido. Pero eso impide localizar la obra en Jena, pues el esposo de Elizabeth, Bernhardt Föster, se suicidó a lo largo de 1889, y Nietzsche abandonó la clínica en marzo. Es muy improbable que el suicido hubiera tenido lugar antes de la fecha de salida de Jena.

  • También asombra la indicación de Nietzsche: Mi madre está aquí en Weimar.20 Aunque se trata de una ciudad cercana a Jena, no es la misma. De hecho, en ella se instalará el Archivo Nietzsche, lo que hace pensar en un lapsus clásico de un falsificador.

  • Conservamos el diario de enfermos de la clínica psiquiátrica de Jena, elaborado por el entonces médico asistente y luego profesor doctor Ziehen.21 No se observan en la relación los momentos de mejora que precisa una obra de las dimensiones de ésta. Es indudable que en Mi hermana y yo está siempre presente esa frágil y quebradiza barrera entre la realidad y la ficción, pero la obra goza de cierto orden, de una cohesión muy alejada de la inestabilidad que advertimos en el diario de enfermos. Sin embargo, como veremos, la obra muestra los caracteres propios de un autor desequilibrado.

  • Quizá el dato más contundente contra la autoría de Nietzsche es el testimonio de Walter Kauffmann, conocido en lengua castellana por su obra sobre Hegel,22 indicando que un tal George Plotkin, poco antes de morir, le reveló haber sido el verdadero autor de la obra.23

4. Tesis a favor de la autoría

Todos estos argumentos parecen inclinar contundentemente el juicio contra la autoría de Nietzsche, pero debemos examinar los favorables, que tampoco son irrelevantes.

  • Como motivo de la oposición de los redactores de la edición crítica, no debemos descartar la veleidad propia del exclusivismo que ha rodeado la transmisión de la obra de Nietzsche desde que se creó el Archivo.

  • Aunque resulta imposible realizar un análisis crítico del todo coherente, cabe comparar esta obra con otras de Nietzsche traducidas a nuestro idioma. No hay una línea uniforme en la producción nietzscheana, pero sí un modo de expresión característico que no aparece en todas sus obras: el aforismo, una sentencia breve y aguda, en la que —con razón— Nietzsche se consideraba un maestro, pero que ya estaba presente en Parerga y Paralipomena, de Schopenhauer. Por su parte, los aforismos de Mi hermana y yo no desmerecen en nada de los que encontramos en el resto de la producción de Nietzsche. Un lector familiarizado con la genuina capacidad de expresión de Nietzsche, descubre ecos muy cercanos a él en esta obra. Desde luego, no están ausentes los recursos irónicos que hacen tan atractiva la lectura de las obras del gran pensador vitalista: «Si mi lustrabotas —dice criticando las tesis igualitarias del socialismo— llega a ser mi igual, no rechinaré mis dientes de ira, sino que soñaré con el día en que llegue a ser un filósofo como yo, ¡ésta será realmente una dulce venganza!»24

  • La problemática relación con su madre y su hermana era una profunda realidad, acrecentada en los últimos años de conciencia. Cuando George Brandes comenzó a interesarse por la filosofía de Nietzsche, en 1888, éste le envió una pequeña semblanza biográfica que mostraba la huella distorsionante de la megalomanía. Mazzimo Montinari encontró en 1972 una segunda versión del capítulo de su genealogía en la que —entre otros aspectos— se hace preciso «borrar de una vez por todas todo recuerdo de su descendencia de semejante madre y de su parentela con semejante hermana».25 Nietzsche lo dirá con toda crudeza en Ecce Homo, su última obra, la que supuestamente propició la escritura de Mi hermana y yo: «Cuando busco la antítesis más profunda de mí mismo, laincalculable vulgaridad de los instintos, encuentro siempre a mi madre y a mi hermana, — creer que yo estoy emparentado con tal canaillesería una blasfemia contra mi divinidad. El trato que me dan mi madre y mi hermana, hasta este momento, me inspira un horror indecible: aquí trabaja una perfecta máquina infernal, que conoce con seguridad infalible el instante en que se me puede herir cruentamente —en mis instantes supremos… pues entonces falta toda fuerza para defenderse contra gusanos venenosos… La contigüidad fisiológica hace posible tal disharmonia praestabilita… Confieso que la objeción más honda contra el “eterno retorno”, que es mi pensamiento auténticamente abismal, son siempre mi madre y mi hermana».26Hay, por tanto, una profunda continuidad entre el estado de ánimo previo al derrumbamiento y el del quien escribe esta obra.

  • Constituye un dato a favor el que la obra, en su conjunto, no beneficie a nadie. Toda obra ideológica esconde siempre una intención precisa de favorecer a un sector determinado. Por desgracia, la obra de Nietzsche rara vez ha sido examinada en sí misma. Por un lado, está la escuela gestada en torno a Elizabeth; por otro, el judaísmo representado por el editor de la obra; también aquellos que usan a Nietzsche como coartada moral, o amoral si se entiende en sentido correcto; por último, los que ven en la locura un síntoma de la perversión de sus ideas.

  • Está claro que Elizabeth habría usado todas sus artes para impedir la publicación de esta obra, que la desacreditaba no sólo humanamente sino, sobre todo, como albacea espiritual de su hermano. En un momento dado de la obra, Elizabeth comenta al enfermo que, como persona autorizada en el asunto, le han dado dinero para que escriba un libro sobre él. Nietzsche le pide encarecidamente que no lo haga pues no sabes nada de mí ni de mis ideas.27

  • Es cierto que en la obra se reconocen ciertas actitudes favorables al judaísmo. Por ejemplo, sorprenden los 12 epígrafes dedicados a Marx, cuando sabemos que «en su vida, en su trayectoria filosófica, no dudó ni un instante de que el levantamiento de la clase obrera destruiría su mundo y, por lo tanto, que tenía que oponerse a ese levantamiento»28 (VIII, 39-50); o la profecía del futuro holocausto judío a manos alemanas puede resultar forzada (XI, 23); o el panegírico final del judaísmo (XI, 53), pero deben contextualizarse en los años de su vida en que la esperanza de la trasmisión de su obra está en manos judías, como las de George Brandes, y en debe por tanto separarse del antisemitismo radical de su cuñado Föster. Esto justificaría el retraso de la aparición de esta obra en un contexto cultural que propone su figura como baluarte intelectual del nazismo. Muchos de los estudiosos actuales insisten en sus juicios opuestos al antisemitismo para distanciar a Nietzsche del nazismo. Todo esto podría justificar los textos de cierta apología del judaísmo, pero no deben llevarnos a engaño. Al centrar su crítica en el cristianismo, el judaísmo pasó a un segundo plano, pero cuando debe criticarlo, no olvida sus reticencias hacia él. Lo que no quiere de ninguna manera es que se le confunda con la corriente protestante alemana de repudio al judaísmo: «el antisemitismo —dirá con su habitual ironía—, en un lugar donde ocasionalmente se puede echar una mirada a un rostro genuinamente judío, es una cosa. Pero debe ser imposible respirar donde hay sólo vacíos rostros cristianos que saludan».29

  • Para Nietzsche, el tema de Dios es un problema, doloroso, difícil, mil veces solucionado y que vuelve a reaparecer. En esta obra se pone especialmente de manifiesto. Indicar acerca de esta obra, como hace Amir Hamed, que Nietzsche «en ningún momento se arrepiente y su única queja es haber equivocado los procedimientos para rematar a su mayor contrincante, Dios»,30 apenas se compagina con el dolor latente y desesperado de muchos de los aforismos: «Pero, ¿está muerto Dios? ¿Qué sucederá si me encuentro cara a cara con Él —Nietzsche-Anticristo—, yo que construí mi vida en la roca de la incredulidad?»31

  • Es indudable que esta obra despierta un interés notorio entre los estudiosos creyentes de Nietzsche, pero no estamos ante el relato de su conversión. Más bien al contrario, incluye expresiones muy duras contra el cristianismo en general y el catolicismo en particular: «mi amigo y camarada Romundt (…) anunció públicamente su intención de unirse a la Iglesia de Roma. A mí y a los otros asociados de la universidad nos produjo la misma impresión que si nos hubiera dicho que estaba cansado de ser hombre y que en una fecha futura entraría en una jaula del zoológico local».32

Esto da una singular credibilidad a la obra, pues se presenta como una obra viva que ha superado las convicciones de todo signo y que muestra simplemente una reflexión agitada, sin rectificar, que da saltos hacia atrás y hacia delante, sin una única línea argumentativa. No es, en ningún caso, una obra fría, pensada para justificar una posición previa, sino una expresión espontánea y rica por su vivacidad.

Quizá por esto resulta especialmente difícil de admitir. El Nietzsche real es la contraposición cada vez más evidente entre vida y obra; entre duda y debilidad, por una parte, y fuerza y contundencia, por otra. La obra de Nietzsche es dinamita,33 como indica en Ecce Homo, pero el hombre Nietzsche es frecuentemente dinamita mojada. Su obra ha sido tan estudiada como utilizada, convertida en amoral, cuando de hecho tiene ciertos tonos morales. Muchos de sus estudiosos son personas sin dudas, que apenas han pasado por el drama de perder la sustancia del mundo. Lo que era para Nietzsche muestra de una osadía rayana en la locura, reírse de la nada,34 es para ellos plato común de mesa cotidiana.

El Nietzsche de las obras y el Nietzsche de las cartas personales eran la misma persona, pero una persona fragmentada. En Mi hermana y yo han caído las máscaras y sin ellas se recupera, hipotéticamente, al Nietzsche real, unas veces temeroso, otras audaz. Pero la fuerza de las obras de Nietzsche radica en su contundencia, en la firmeza con que propone sus tesis. Esos mismos argumentos, si pueden ser llamados estrictamente así, expresados sin el mismo vigor, se deshacen como el grano. Por eso, un Nietzsche lleno de dudas, que va hacia atrás y hacia delante, puede parecer más auténtico, pero es de escaso valor. No extraña, por tanto, que la hipótesis de un Nietzsche volviendo hacia atrás ni siquiera se plantee.

5. La sorprendente sincronía entre esta obra y la vida de Nietzsche

Pero la tesis de la autoría se mantiene en pie, ante todo, por el extraordinario conocimiento que tiene el autor de la obra acerca de sucesos personales de la vida de Nietzsche, que sólo han sido conocidos posteriormente. Conviene recordar que cuando la obra se da a conocer, en 1951, hace solo seis años que ha terminado la guerra. El Archivo Nietzsche ha quedado en Alemania Oriental y solo se permite el acceso a determinados estudiosos. En ese momento, se habían publicado —y dentro de círculos muy restringidos— algunos estudios biográficos (no mencionamos las ediciones de obras ni los estudios sobre su pensamiento), entre los que destacaron:

  • Lou Salome, Friedrich Nietzsche in seinen Werken, 1894.

  • Elizabeth Föster Nietzsche, Das leben Friedrich Nietzsche, 1894.

  • Meta von Salis-Marschlins, Philosoph und Edelmensch, 1897.

  • Paul Deussen, Eriennerung an Friedrich Nietzsche, 1901.

  • Carl Albrecht Bernoulli, Franz Overbeck und Friedrich Nietzsche, eine Freundschaft, 1908.

  • Daniel Halévy, Vie de Nietzsche, 1909 (edición definitiva de 1944)

  • Ernst Bertram: Nietzsche. Versuch leiner Mythologie, 1918.

Todas estas obras menos la de Bernoulli y Lou Salome se hicieron con la aquiescencia de Elizabeth. De hecho, la que desvela más datos sobre el periodo principal al que se refiere Mi hermana y yo no será publicada hasta 1953: Richard Blunck, Der junge Nietzsche. A partir de ella, promovida por Schlechta, se publicará la monumental obra de Curt Paul Janz, principal referencia de la biografía de Nietzsche, junto con la de Ross.

¿Cuáles son los datos singulares que encontramos en Mi hermana y yo?

  • En primer término, un conocimiento muy preciso y personal de su vida familiar: indica que debe a su padre su desesperada vocación hacia la música (I, 8); que fue a una escuela pública tras la marcha a Naumburg (I, 9), donde le insultaban llamándole pequeño pastor (I, 10); relata las muertes de su padre, de su hermano Ioseph, de Tía Augusta y de la Abuela Nietzsche (I, 16); comenta diversos detalles de la singular y cercana relación con su Tía Rosalía (III, 7); llama a su hermana por el apodo “Lama”, que sólo Nietzsche le aplicaba (II, 1); alude a la visita a Pobles, lugar donde vivían los Oehler, sus abuelos maternos, que supusieron los momentos más alegres de su infancia (I, 12). La obra está llena de detalles nimios, que coinciden exactamente con lo indicado por historiadores posteriores: por ejemplo, que fue contaminado por Wagner a los 17 años (Janz lo sitúa justamente en 1862),35 o sus apuros frente a la cerveza, que supusieron el primer castigo grave en Pforta. Igualmente relatará la conocida anécdota del burdel y el piano, que aparece también en los recuerdos de Paul Deussen, y cuestiones tan íntimas como sus galanteos hacia Hedwig Raabe (IV, 28), cupletista de la época de estudiante en Jena.

  • Advertimos algunos errores menores, que pueden atribuirse a defectos de memoria, como que fue el abuelo Oehler quien tomó la decisión de llevarle a la escuela pública, cuando fue la abuela Nietzsche. Del mismo modo, considera que su abuela materna organizó el traslado a Naumburg, aunque lo hizo también la abuela paterna.

  • Si, con independencia de su autoría, optamos por la sinceridad del relato, este nos muestra el estado mental en que Nietzsche se encontraba en ese momento. Cita preferentemente a las personas que le rodeaban entonces, como Georges Brandes, A. Strindberg o Peter Gast.

  • Su megalomanía se pone de manifiesto en la opinión que le merece el Zaratustra: después del Viejo Testamento es la contribución más grande a la cultura Occidental.36 El autor ha perdido la cordura y con ella, lo más característico de la formación recibida entre las mujeres de Naumburg: la educación puritana: Soy un hombre de genio. Por lo tanto, puedo permitirme sonreír o escupirle a usted.37 Considerándose Wagner, se refiere a Cósima Wagner como Ariadna, del mismo modo que en los Ditirambos, la llama la Brunilda de sus sueños.38 Sólo mi mujer, Cósima, dirá en un aforismo, recordando la identificación con Wagner que manifestó al entrar en la clínica de Basilea. La obra rebosa de críticas a Alemania, al Káiser y a Bismarck, como en los meses anteriores: «En primer término, está el Káiser; se podría emplear una buena parte de la vida detestándolo sólo a él. Luego está Bismarck, como fuente de aborrecimiento, tesoro solamente comparable a su amo».39

  • Hay una sorprendente coincidencia entre los dictámenes médicos y las reacciones que aparecen en el libro. «Todo esto es magnífico y noble, pero lo que realmente deseo es una mujer, cualquiera de ellas».40 Toda la obra está llena de deseos, de recuerdos —notablemente sobrevalorados— e ilusiones eróticas, que responden perfectamente al dictamen de Turín y luego de Jena. La extraña afirmación: «quiero un revólver si es verdadera la sospecha de que la misma gran duquesa comete esas marranadas y atentados contra mí», presente en el diario de enfermos41 de Jena de enero a octubre de 1889, puede conectarse con una historia de una condesa a la que Nietzsche decía conocer desde sus tiempos de Pforta (VII, 1-4). También se refiere a una prostituta del burdel de Leipzig, que debió contagiarle la sífilis (VII, 4). En la obra, cuenta su experiencia con uno de los médicos que le trataron en Jena, Julius Langbein.42

  • La misoginia manifestada por Nietzsche a lo largo de todos sus escritos crece en esta obra con una visión muy negativa sobre la mujer. Reflejemos la menos infamante: «la conversación, considerada como discurso entre dos personas, es inevitablemente imposible de alcanzar por ninguna mujer».43

6. «Mi Hermana y yo» en la Filosofía de Nietzsche

¿Podemos llegar a una conclusión? Siento decir, de forma taxativa, que no. Los argumentos externos impiden la adscripción a Nietzsche y algunos datos cronológicos sitúan esta obra —o, al menos, algunos de sus aforismos— fuera de los quince meses de estancia en Jena, y después no coincide con otros aforismos. Pero los argumentos internos producen una grata sorpresa: quien los escribe conoce muy bien a Nietzsche, demasiado bien para los datos que se poseían en aquel momento y, además, refleja una situación psicológica muy similar a la del filósofo en Jena.

Esta prolija exposición nos sitúa en una encrucijada. Hay tantos argumentos a favor como en contra. Por eso, no es posible una decisión definitiva. Sin embargo, cabe analizar las consecuencias de una hipótesis: ¿crecería nuestro conocimiento de la filosofía de Nietzsche —y de la vida a ella unida— con la admisión de la autoría?44

  • Nietzsche nos revela en esta obra un terrible secreto que esconde en sus relaciones con su hermana. La viudedad en plena juventud de su madre le llevó a tomar la decisión de no admitir más amor en su vida para no traicionar la memoria de su marido. «Su sentido maternal —afirma Janz— era de naturaleza animal y a pesar de toda su capacidad sentimental de respuesta puede decirse que fue una mujer fría, con una vida afectiva de escasa profundidad y amplitud».45 Según cuenta el autor de la obra, el resultado del desapego materno fue una relación incestuosa desde pequeños entre Nietzsche y su hermana Elizabeth. Desde esta perspectiva, podemos entender buena parte de su reflexión:

  • Aquí sitúa el propio Nietzsche su incapacidad para amar. «¡Oh, cuántas terribles y magníficas cosas perdí por tu culpa, mi oscura princesa! Has dejado mi boca tan seca como un esqueleto en el desierto. El cielo te ayude si nuestro destino ha de unirse en el mismo círculo del infierno».46 Eso lo destruyó y lo condenó a la soledad interior, que le impidió abrirse al calor de la vida real: «El amor de una mujer es en verdad un bálsamo para el alma herida, pero el incesto es un jardín cerrado, una fuente sellada, donde las aguas de la vida se secan y las flores recién abiertas se marchitan con solo tocarlas».47

  • Además, Elizabeth hizo todo lo que pudo para enturbiar cualquier posible relación de Nietzsche con una mujer, cosa que, en opinión de Wagner, podría haberlo salvado de sí mismo. En la supuesta conversación con su hermana en la que ella le revela haber recibido una propuesta —llevada luego a cabo— para escribir un libro sobre su hermano, éste se pregunta posteriormente qué podrá decir de él. Y responde, entre otras cosas: «¿Diría en qué forma cada vez que aparecía alguna persona que podía haber sido un verdadero amigo, hombre o mujer, encontraba alguna razón para que cortara esa relación, generalmente con la excusa de una razón moral?»48 Los historiadores no tienen dudas de esta actuación: Janz desarrolla con pulcritud la ofensiva de Nietzsche para ganar a la muchacha contra su amigo Paul Rée, y la de Elizabeth para mantener el dominio sobre su hermano y lo identifica con una frase que —a la luz de Mi hermana y yo— no resulta enigmática: «No hay duda alguna: competía por la muchacha en rivalidad con su amigo Paul Rée —igual que Elizabeth lo hacía por él frente a la rival».49

  • Pero sobre todo, a nuestro juicio, provoca una profunda reacción moral en Nietzsche. El joven pastor, deseoso de ofrecer a Dios una hoja de servicios inmaculada, se encontró con la desgracia del mal. Fue una repetición del drama de Lutero, transformado en el drama de Nietzsche. «La crisis de nuestro siglo se convirtió en mi crisis personal, como en el caso de Lutero».50 El resultado es similar al que se le planteó al antiguo agustino antes de la experiencia de la Torre. Y a él acude Nietzsche: «Lutero hizo de mí un ateo, ya que a pesar de sí mismo, él era un ateo que veneraba al demonio. Fue Lutero quien preguntó: “¿Cómo puede prepararse un hombre a hacer el bien ya que no está en su poder hacer el mal? Porque Dios es también responsable de las malas obras”. El pequeño pastor, incitado por Lutero, comenzó a mirar a Dios como un descarado embaucador que recompensa el mal con el bien y el bien con el mal, al conceder su gracia a los condenados y condenar a aquellos que son dignos de perdón».51 Toda la doctrina posterior que niega la existencia objetiva del bien y del mal, que convierte el mal en una necesidad y el pecado en una realidad intrínseca de la condición humana, podría muy bien arrancar de aquí.

  • Desde luego, ni los estudiosos ni Nietzsche han restado importancia a esta relación. Hablando de la frialdad de su madre, escribirá Janz: «La propia infancia de Nietzsche, y no digamos ya su ulterior soledad espiritual, resultan ininteligibles sin este dato, por mucho que contravenga arraigadas ideas recibidas».52 El autor del libro lo expone con su sorna habitual: «Mamá me asegura nuevamente, que jamás me hubiera enfermado si Elizabeth hubiese estado aquí […]. No tengo nada que decirle sobre esto. Podría contestarle que quizás no hubiera necesitado ayuda alguna si no fuera por la interferencia inicial de Elizabeth en mi vida».53

  • Todas las esperanzas de Nietzsche se han disuelto. Siempre ha sido consciente de que la realidad interior no se correspondía con su realidad física. Su alma de César estaba sepultada en un cuerpo torpe y débil. Con temor, esperó la llegada de los treinta y cinco años, esperando morir en la edad en que lo hizo su padre. Al pasar el año, sintió renacer la gran esperanza: todos esos dolores y jaquecas habían sido un acicate para su crecimiento, una demostración de poder. Todavía en esta obra esconde esa convicción, que ha mantenido viva su existencia: «Los que no traicionan a la vida, nunca son traicionados por ella».54 Pero la promesa de la gran curación se antoja imposible cuando su conciencia despierta de nuevo en medio del hospital. «La locura de Nietzsche es, si se quiere, una parte más de su filosofía, su consecuencia llevada a los extremos más radicales y contrarios a toda razón».55 La locura le salvó de ver en qué se había convertido. Si recuperó la conciencia, ella debió llevarse todas sus esperanzas.

  • Nietzsche se enfrenta también con la verdad de su vida en relación con su doctrina. Advierte la profunda separación entre la vida y el pensamiento que transita por su obra. «Esto ha sido la causa de mi ruina: el divorcio entre lo que he predicado y lo que he hecho; y lo ha sido también la mente occidental, que como la mía, está enloqueciendo».56 El autor es consciente de esto en muchos textos. Ante esta situación, advierte que «al negar a los dioses, tenía una necesidad fanática de venerar a alguno, como brillante estandarte del “ideal”».57 Así nació el Superhombre, que se presenta ahora ante él en su verdadera entidad. Haciendo referencia a su admirado Pascal, dirá: «mi fe en el Superhombre sólo fue una romántica ilusión, mientras que su fe en Dios fue sacudida, pero nunca destruida».58

  • En esos momentos de desesperación, sólo queda el rescoldo de la vieja piedad perdida, que no es el amor sino el temor. Nietzsche, supersticioso de niño y de mayor, se enfrenta a su muerte y tiembla. Siempre será «el pequeño pastor temeroso del Dios que sepulté en mi juventud».59 Ya hemos visto un texto, pero hay otros de igual o superior intensidad, que reflejan como las dudas sumieron su alma hasta el final. Sin embargo, Nie­t­zsche ha elegido un camino y no es capaz de volverse atrás. Aquí reside su grandeza, pero también su debilidad: «Los gusanos del ataúd se preparan para devorar todo mi orgullo, todos mis sueños y mis esperanzas. Soy más miserable que el judío agonizante de la cruz, pero no oso gritar mi miseria a Dios como él lo hizo: ¿descenderá el Anticristo hasta la cobarde flaqueza de Cristo?»60 Quien vive de ese acto de supremo desprendimiento, no puede dejar de mirar este texto con tristeza, pues en él se esconde el misterio de la libertad humana, que rechaza la kénosis para afirmarse, olvidando que ésta es el único camino para la glorificación. En el fondo late un orgullo indomable, que nació de la libertad y la ha eliminado: «Nietzsche, un creyente de Dios; ¿puede un río retroceder y elegir otro lecho para seguir su curso? ¿Puede una montaña hundirse hasta un valle y ofrecer su cumbre para que las vacas puedan pacer en él?»61 Eso mismo concluyó Julius Kaftan, teólogo amigo de Overbeck, que conversó con Nietzsche en 1887, camino del fin: «Se hundió porque necesitaba absolutamente a Dios para vivir, pero había perdido al Dios vivo y el camino hacia él».62

¿Qué puede hacer el niño orgulloso que, sintiéndose desamparado, no quiere reconocer su error? Acudir a su madre. Pero Nietzsche no tiene madre. Por eso, el libro concluye de modo esperpéntico, si no fuese la experiencia común de muchos entre los que me encuentro. Al final hay un epílogo titulado Invocación a ella. Para concluir, extraeré sus elementos más importantes, pues componen un verdadero resumen de toda la obra:

Vengo a ti esta noche, Madre de Dios, que sonriente pendes sobre mi cabecera. Madre del Dios que no he reconocido en la niñez ni ahora lo admito, en estos momentos de terrible humillación. Óyeme, porque la madre que me engendró nunca llegó a ser mi madre. Debo tener una madre esta noche o dejar de ser yo mismo. Y concluye: He declarado ser enemigo de todas las Iglesias y de todos los sacerdotes, recordadlo para mi honor. He clamado contra la tendencia democrática de mi tiempo que transforma a la humanidad en una menguada Chandala […] Abrazad cualquier fe, por ello he abogado, pero tan pronto como podáis tener un respiro, rebelaos, pues es tan necesario rebelarse como mantenerse vivo. Y aún espero de ti que me sonrías. Sólo hay una decadencia, creedlo, la relajación constante de la voluntad. Ya mis rodillas no me sostienen.63

¿Quién sabe? A riesgo de parecer inocente, tal vez obtuvo esa sonrisa. A eso parece aludir la vuelta a la vieja religiosidad como un niño, a la que se refieren las cartas de los que vivieron con él sus escasos momentos de lucidez hasta el final. A eso mismo parece referirse Ross: «ningún agraciado con el don de un segundo rostro habría podido describir mejor lo que ocurrió realmente al final de su vida: la noche de verano transfigurada y transfiguradora —la exaltada dicha de Turín— precedió a la locura. Luego, de acuerdo con una interpretación humana, se hizo la noche para Nietzsche. Pero ¿quién sabe cómo fue el día de su locura para él?»64

Notas del Autor

1 Seguimos la edición inglesa: Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I (Translated and Introduced by Dr. Oscar Levy, Editor, the complete works of Friedrich Nietzsche). New York: Bridgehead Books, 1954 (1st ed., 1951, by Boar’s Head Books). También tendremos en cuenta varias ediciones en castellano, sobre todo la de Edaf (Barcelona 1987) y la de Teorema (Obras inmortales, Barcelona 1985, tomo I, pp. 229-465).

2 El relato de primera mano de Overbeck puede encontrarse en Ross, Werner: Der ängstliche Adler. Friedrich Nietzsches Leben. München: Deutscher Taschenbuch Verlag GmbH & Co. KG, 2 Aufl., 1994 (1 Aufl. 1980), S. 785-786.

3 Cf. Sánchez Pascual, Andrés: Comentarios a Ecce Homo. Madrid, 1998, nota 18, pp. 148-150.

4 Ross, Werner: Der ängstliche Adler, cit., S. 724. La actitud habilidosa de Elizabeth debe compararse con la de otra gigante femenina, también trascendental en la biografía de Nietzsche, que rivalizó con ella en obtener los favores del triunfante Reich: Cósima Wagner, antes Von Bullow, de soltera Liszt. Una descripción del comportamiento de ambas con el nazismo para ensalzar supuestamente a sus respectivos hermano o marido, Nietzsche y Wagner, enalteciéndose a la vez a su sombra, puede verse en Pérez Maseda, E.: Música como idea, música como destino: Wagner-Nietzsche (Madrid, 1993), singularmente “El Wagner integrista”, pp. 151-189. Ya hemos hablado de la actividad falsificadora y ocultadora de Cósima a la hora de “ennoblecer” y “regenerar” a Wagner, pero estas actividades se quedan en un juego infantil si son comparadas con las llevadas a cabo por Elizabeth, la hermana de Nietzsche.

5 Cf. Podach, Erich F.: Friedrich Nietzsches Werke des Zusammenbruchs, Heidelberg, 1961, Vorwort.

6 «Ritschl hatte also das Preisthema ganz auf Nietzsches Vorarbeiten und Pläne zugeschnitten. Dieser ging sofort mit Feuereifer an die Arbeit, zumal sie ihn mit dem ganzen Komplex der griechischen Philosophie in Berührung brachte und ihm damit als ein Weg zu einem größeren Ziel erscheinen konnte; denn schon am 20. Februar 1867 schreibt er an Gersdorff : “Im Hintergrund schwebt ein Plan zu einer kritischen Geschichte der griechischen Literatur.”

Die Arbeit ging dennoch nur langsam voran. Am 20. April 1867 klagt er Hermann Mushacke: “Ich stolpere nämlich am allermeisten über ein kaum früher beachtetes Hindernis; ich habe nämlich im Deutschen schlechterdings keinen Stil, obgleich den lebhaften Wunsch, einen zu bekommen». Cf. Janz, Curt Paul: Friedrich Nietzsche. Biographie. I. Kindheit. Jugend. Die Basler Jahre. München – Wien: Carl Hanser Verlag, 2. Aufl. 1993 (1. Aufl. 1978), S. 190.

7 Cf. Nietzsche, Friedrich: Sämtliche Werke Kritische Studienausgabe in 15 Bänden, hrsg. von Colli, G., und Montinari, M. Berlin — New York: De Gruyter, 1980, Bd. VI, Ecce Homo, “Warum ich so klug bin”, 4, S. 286. Utilizaremos las siglas KSA.

8 Cf. Nietzsche, Friedrich: KSA, Bd. VI, Götzen-Dämmerung, “Streifzüge eines Unzeitgemässen”, S. 151-152

9 Carta a Karla Knortz, 21-VI-1888. Cuatro años antes (22-II-1884), había escrito a Rhode: «Aber davon soll man nicht reden. Für Dich aber, als einen homo litteratus, will ich ein Bekenntniß nicht zurückhalten —ich bilde mir ein, mit diesem Z(arathustra) die deutsche Sprache zu ihrer Vollendung gebracht zu haben. Es war, nach Luther und Goethe, noch ein dritter Schritt zu thun —; sieh zu, alter Herzens-Kamerad, ob Kraft, Geschmeidigkeit und Wohllaut je schon in unsrer Sprache so beieinander gewesen sind. Lies Goethen nach einer Seite meines Buchs — und Du wirst fühlen, daß jenes „undulatorische”, das Goethen als Zeichner anhaftete, auch dem Sprachbildner nicht fremd blieb. Ich habe die strengere, männlichere Linie vor ihm voraus, ohne doch, mit Luther, unter die Rüpel zu gerathen. Mein Stil ist ein Tanz; ein Spiel der Symmetrien aller Art und ein Überspringen und Verspotten dieser Symmetrien. Das geht bis in die Wahl der Vokale» (Nietzsche, Friedrich: Brief an Erwin Rohbde in Tübingen, 22-II-1884; in Friedrich Nietzsche Sämtliche Briefe. Kritische Studienausgabe, hrsg. von Giorgio Colli und Mazzino Montinari, Verlag de Gruyter, (KGW), Bd. 6, 1986, S. 479).

10 “My limbs are paralyzed, my brain is cracking, and this great mind of mine, the greatest since Aristotle, is being kneaded into the dough of mass imbecility.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I (Translated and Introduced by Dr. Oscar Levy, Editor, the complete works of Friedrich Nietzsche), Bridgehead Books, New York, 1954 (1st ed., 1951, by Boar’s Head Books), II, 8, p. 45.

11 KSA, Bd. VI, Ecce Homo, “Warum ich so gute Bücher schreibe”, 6, cit., S. 307-308.

12 Carta a Peter Gast, abril de 1887.

13 En su excelente trabajo, Pérez Maseda nos dice que ya en su juventud Nietzsche conoce pronto que la música, desde el ángulo de la creación válida para su autoexigencia, le está vedada. Esa enorme capacidad de autocrítica no puede engañarle (o. c., p. 222). A nuestro juicio, pese a sus muy sugestivas y acertadas opiniones, Maseda se equivoca frontalmente en este aspecto. Nietzsche es un gran crítico de los demás, pero —como la mayoría que lo son— nunca lo fue de sí mismo. Para eso hace falta humildad, algo que no aparecía entre sus numerosas virtudes.

14 Nietzsche, Friedrich: Mi hermana y yo. Madrid: Edaf, 1984, Prólogo del editor, p. 12.

15 “The man with whom I am entrusting these notes in the hope that he will be able to get them to a publisher without the intervention of my sister or my mother is down with a bad cold. I dare not go near him lest, after this, my movements be observed more closely. I hope he recovers. Between coughing and retching he seems ready any moment to give up the ghost.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., I, 26, pp. 29-30.

16 «Mi hermana y yo —y aquí habla el doctor Levy— es la autobiografía del alma Nietzsche. Se cree que éste la escribió para vengarse de sus familiares más cercanos que conspiraron para impedir la publicación de Ecce Homo en vida de su autor, porque su contenido espantó a su madre y a su hermana Elisabeth. Ecce Homo no apareció hasta 1908, ocho años después de la muerte del filósofo, cuando fue arrancado de las manos de Elisabeth a cambio de altas sumas por sus derechos de publicación» (Mi hermana y yo. Madrid: Edaf, 1984, Prólogo del editor, pp. 11-12).

17 “What threw me into such a heat yesterday afternoon was my sister’s sudden unaccountable suggestion that the best thing for me would be to leave this awful place and go with her to live in Paraguay. (This only a few days before her return to that country to settle her affairs).” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., I, 4, p. 22.

18 Ib., I, 32, p. 31.

19 “I had one more of those trying conversations with my sister today. Mother had come along with her, as usual, and, as usual, remained in the doctor’s office instead of visiting with me.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., IV, 40, p. 81.

20 “My mother has settled down here in Weimar as Schopenhauer’s mother did (she wants to be near her sunken son), but here the resemblance in their characters ends, except that they were both dominant females to whom mother-love was a convenient hammer with which to pound subservience and doggish servility into their sons.” Ib., IX, 18, p. 184. El subrayado es nuestro.

21 Ross, Werner: Der ängstliche Adler, cit., S. 798-803.

22 Kauffmann, Walter: Hegel (Doubleday & Co. Inc., New York, 1965). En relación con Nietzsche ha escrito Portable Nietzsche (Viking, Nueva York 1954) y Existencialism, Religión and Death (New American Library, Nueva York 1976).

23 Cf. Hamed, Amir: Ecce Nietzsche: Insomnia 27 (2000) 8 (artículo reproducido literalmente en http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Hamed/Nietzsche.htm; 6-IX-2009).

24 “If my bootblack becomes my equal I shall not gnash my teeth in anger, but dream of the day when he will become a philosopher like myself —this will be sweet vengeance indeed! Let him spin metaphysical cobwebs: I shall be content with blacking boots and adding my bit to the amenities of life.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., XI, 42, p. 220. Se encuentra aquí recogida la clásica postura de Nietzsche del filósofo como asno trágico.

25 Ross, Werner: o. c., S. 774: «Vor allem aber, die Abstammung von dieser Mutter, die Verwandtschaft mit dieser Schwester müssen ausgetilgt werden, durchgestrichen für alle Zeiten». Poco después, Ross nos cuenta que durante el viaje de Basilea a Jena, a Nietzsche le acomete un ataque de ira contra su madre, hasta el punto que ésta huye de él a otro compartimento (Ib., 786-787).

26 KSA VI, Ecce Homo, “Warum ich so weise bin”, 3, S. 268: «Wenn ich den tiefsten Gegensatz zu mir suche, die unausrechenbare Gemeinheit der Instinkte, so finde ich immer meine Mutter und Schwester, — mit solcher canaille mich verwandt zu glauben wäre eine Lästerung auf meine Göttlichkeit. Die Behandlung, die ich von Seiten meiner Mutter und Schwester erfahre, bis auf diesen Augenblick, flösst mir ein unsägliches Grauen ein: hier arbeitet eine vollkommene Höllenmaschine, mit unfehlbarer Si­cherheit über den Augenblick, wo man mich blutig verwunden kann — in meinen höchsten Augenblicken, … denn da fehlt jede Kraft, sich gegen giftiges Gewürm zu wehren … Die phy­siologische Contiguität ermöglicht eine solche disharmonia prae­stabilita … Aber ich bekenne, dass der tiefste Einwand gegen die „ewige Wiederkunft”, mein eigentlich abgründlicher Gedanke, immer Mutter und Schwester sind».

27 Merece la pena recoger parte del diálogo: “Suddenly she looked sharply at me and that dangerous look came into her eyes.

Do you do any writing here? She asked me. I’ve written enough about the world, I said to her. Let the world now write about me. But that is already happening, she assured me. Brandes and Strindberg are no longer the only ones to proclaim your genius. There are others, many others. Even I have been asked to write my impressions of you.

I could hardly believe my ears. You!

Yes, and I am offered money, too.

But you won’t do it!

Why not?

You don’t know anything about me or my ideas.

Who can possibly know you better than your own sister?

Yes, and who can possibly know me less? Promise me, Elisabeth, you won’t do it.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., IV, 40, pp. 81-82.

28 Ross, Werner: o. c., S. 144.

29 Refiriéndose a su cuñado, afirma: “Worse, I could have told her, Antisemitism in a place where you can occasionally get a glimpse of a genuinely homely Jewish face is one thing. Where there are only empty Christian faces to greet one, it must be all but impossible to breathe.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., IV, 40, pp. 81-82.

30 Hamed, Amir: o. c. 9.

31 “But is God dead? What if I find myself face to face with Him —Nietzsche-Antichrist who built my life on the rock of unbelief? Perhaps I will bleed for the first time, as Lou did when, she confessed to me, at fifteen she was still a virgin and trembled in the presence of a man.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., II, 11, p. 48.

32 Ib., IV, 45, p. 84. Heinrich Romundt es citado en la correspondencia de Nietzsche desde 1869 hasta 1876. Cf. KGW, cit. Bd. 8, S. 696.

33 Cf. KSA, Bd. VI, Ecce Homo, “Warum ich ein Schicksal bin”, 1, S. 365: «Ich bin kein Mensch, ich bin Dynamit».

34 Cf. KSA, Bd. I, Die Geburt der Tragödie, “Versuch einer Selbstkritik”, 7, SS. 21-22.

35 Cf. Janz, Curt Paul: Friedrich Nietzsche. Biographie. I. Kindheit. Jugend. Die Basler Jahre, cit., S. 91-92. El resto de aseveraciones puede verse en esta conocida biografía.

36 “It was only my high estimate of myself, my megalomania, that saved me from the democratic insanity that places the mindless peasant on the same level with Napoleon and the author of Zarathustra, which, next to the Old Testament, is the greatest contribution to Western culture. In other words, my aristocratic madness saved me from the mob-madness of the Saint-Simonians and Marxists who have found in modern technology a powerful ally of the levelling spirit.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., XI, 14, p. 202.

37 Ib., IV, 20, p. 77.

38 “My Achilles heel, flaw, or folly (as Tieck preferred to call it) was the Countess, who symbolizes in my mind the frailty of human nature which forced me later to abolish man altogether and to place my imperiled faith in the Superman of the future. Her graveyard charm, like the disintegrating beauty of Venus, had an irresistible lure for me, which I later sought to overcome by plunging into Wagner’s music and into the arms of his mistress Cosima, the Brunhilde of my dreams.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit. VII, 4, p. 138. De ella dirá que nunca cesó de amarla: “I loved Wagner part of the time. I never stopped loving Cosima. From Tribsehen to Bayreuth the voyage was from Cosima to Wagner to Cosima. The first time Wagner invited me to Bayreuth, I decided to decline, and I did not go. I would never have gone there at all if I did not, suddenly, remember that Cosima was there too. That made quite a difference.” Ib., VI, 38, p. 123.

39 Ib., I, 4, p. 23.

40 Ib., I, 21, p. 29.

41 Ross, Werner: o. c., S. 791.

42 “On the theory that fire must be fought with fire, mother has wished a madman on me, a certain Dr. Julius Langbein, who, aping my volume Schopenhauer as Educator, wrote Rembrandt as Educator, to prove Rembrandt can cure us of anything, including colic and chilblain. When I was in the madhouse I awaited his arrival with immense delight because he made me feel safe and sober by comparison. Now that I am back in Naumburg he only reminds me of the sad fact that the only sane people are clapped into lunatic asylums.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., XI, 53, p. 227. La confirmación histórica puede hallarse en Ross, Werner: o. c. 830.

43 Doy el contexto: “I used to combat Elisabeth’s emotional assaults on me by trying to interest her in literature, music, philosophy, conversation in general. Conversation, as a discourse between two people, is, of course, hopeless of attainment by any woman. As for the other matters—which these days she discusses with so much authority—I couldn’t so much as interest her in them. For the life of me I can’t make out who did finally convert her or why, or how.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., I, 16, p. 27.

44 No nos estamos inclinando a favor de la autoría, ya que esto no lo permiten los argumentos que poseemos. Como hemos visto de entrada, hay poderosos argumentos en contra. Simplemente, se establece una conexión entre este escrito y el conjunto de la obra de Nietzsche. Si —hipotéticamente— Nietzsche hubiese estado —al menos en parte— detrás de él, ¿qué puede decirnos de su evolución intelectual en la etapa final de su vida consciente?

45 El texto que expone esta relación con su madre arroja abundante luz sobre la vida y las actitudes de Nietzsche: «Sie selbst hatte resigniert und sich um der Zukunft ihrer Kinder willen in ihre abhängige Lage gefügt. Sie tat das ohne Murren, ohne Klagen und nicht mit jener Gequältheit und Bitterkeit, die sensiblen Kindern mancher frühverwitweten Mutter das ganze Leben verderben können. Sie war in ihrer starken Vitalität von keinem Schicksalsschlag zu brechen, ihr lebhaftes und heiteres Naturell war dem Alltag und seinen Pflichten fest verhaftet; geistig war sie geborgen in ihrem Kinderglauben und unerschütterlich umhürdet von ihm. Ihre Mütterlichkeit war animalischer Natur und blieb es, das eigentliche Gefühlsleben ohne Tiefe und Weite, bei aller sentimentalen Ansprechbarkeit im Grunde kalt. Ihr aktives Wesen drängte zum Umsorgen und Dienen, aber ihre Phantasiearmut und geistige Enge machten ihr ein Sicheinfühlen in das Wachstum eines jungen Geistes und gar eines solchen wie dem ihres Sohnes ganz unmöglich, so daß er notwendigerweise vom ersten Dämmern seines Selbstbewußtseins an sich von ihr lösen mußte, so wenig er jemals die kreatürliche Bindung an sie verlor». Janz, Curt Paul: Friedrich Nietzsche. Biographie. I. Kindheit. Jugend. Die Basler Jahre, cit., S. 49.

46 Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., I, 23, p. 29.

47 Ib., II, 4, p. 41.

48 “I have been trying to imagine what my sister is capable of telling the world about me […].

Would she tell how, whenever it appeared as if I were about to make a real friend of a man or woman, she would find some reason for my not having anything to do with him or her—usually a moral reason?” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., IV, 41, pp. 82-83.

49 «Nietzsche spendete Lou Betrachtungen über “Stil” und anderes, er anvertraute sich ihr ganz. Kein Zweifel: er warb um das Mädchen im Wettstreit gegen seinen Freund Paul Rée — wie Elisabeth gegen die Rivalin um ihn warb. Aber statt sie zu bezaubern, wurde er immer stärker von ihr bezaubert, überkam ihn eine echte, tiefe, zu Opfer und Verzeihung bereite Liebe (das gesteht sogar Elisabeth in ihrem Brief an Clare Gelzer zu)». Janz, Curt Paul: Friedrich Nietzsche. Biographie. II. Die zehn Jahre des freien Philosophen. München – Wien: Carl Hanser Verlag, 2. Aufl. 1993 (1 Aufl. 1978), S. 148.

50 Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., XI, 39, p. 219.

51 En la versión original: “Luther made an atheist out of me, for Luther, despite himself, was a demon-worshiping atheist. It was Luther who asked: ‘How can man prepare to do good since it is not even in his power to do evil? For it is God who is also responsible for bad works.’

The little parson, prompted by Luther, began to look upon God as an impudent trickster who rewarded evil with good and good with evil, giving grace to the damned and damning those who are worthy of grace, acting not like a Jew but like Bismarck, the incarnation of Prussian falsehood and duplicity. As Michelet observed, Luther sank deeper and deeper into the swamp of sensuality and immorality as the result of his demonic conception of God. I had to proclaim myself an atheist in order.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., XI, 35-36, p. 217.

52 De nuevo unos párrafos sugerentes: «Dies mag angesichts der fast übermenschlichen Leistung mütterlicher Liebe, die sie in den letzten Jahren ihres Lebens aufbrachte, hart und ungerecht geurteilt scheinen, es ist nichtsdestoweniger wahr, wie wir im Verfolg unserer Darstellung noch öfter sehen werden. Schon die Kindheit Nietzsches, zu schweigen von seiner späteren geistigen Einsamkeit, ist ohne diese Erkenntnis nicht zu verstehen, mag sie der traditionellen Auffassung noch so sehr widersprechen. Und wie früh tritt bei einem begabten Knaben schon ein Bewußtsein seiner selbst auf, so wenig es sich auch zu formen und zu deuten vermag! Nach außen wird sich dieses Selbstbewußtsein um so später ausdrücken, je stärker die animalische Bindung an die Mutter und die Ritterlichkeit des Sohnes entwickelt ist, wie beides bei Nietzsche der Fall war. So wird er sich in seiner geistigen Existenz von der Mutter völlig und für immer lösen müssen, und sein Weltbild formt sich gänzlich ohne sie. Es verliert damit eine wesentliche Sicherung: die Verwurzelung im Mütterlichen, in der immer wieder lösenden Wärme des Gefühls. In seiner leiblichen Existenz fällt er schließlich wieder in ihren Schoß zurück». Janz, Curt Paul: Friedrich Nietzsche. Biographie. I. Kindheit. Jugend. Die Basler Jahre, cit., S. 49-50.

53 «Mother came to see me today to tell me that Elisabeth has settled her affairs in Paraguay, and is on her way back to Germany, to stay with us, never to leave us again. For a few weeks I have allowed myself the luxury of being unaware that she was around anywhere. My illness would never have come about, mother again assures me, if Elisabeth had been here instead of being in South America helping her insane husband sow seeds of hatred across the South Atlantic. I have nothing to say to her about this. I could tell her that perhaps I would never have been in need of any sort of help if it had not been for Elisabeth’s initial interference in my life» (Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., I, 32, p. 31).

54 La Traducción absolutamente literal no es sencilla: “Those who do not betray Life, Life never betrays!” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., V, 9, p. 102.

55 Ross, Werner: o. c., S. 781: «Nietzsches Wahnsinn ist, wenn so will, ein Stück seiner Philosophie, ihre radikal, gegen alle Vernunft, vollzogene Konsequenz».

56 Lo consideramos un juicio extremadamente lúcido, en sus dos vertientes: “This has been the cause of my ruin: the split between my preachment and practice, and this has been a part of the great sundering in the mind of the West, which, like mine, is going mad.” Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., V, 13, p. 108.

57 “Wagner, on the contrary, was too conceited to believe that his precious Cosima could ape Faustine, for he out Caesared Caesar in his estimate of himself In this estimate I shared, because, having cast off God, I had a fanatical need for God-worship, for the bright banner of the Ideal.” Ib., XI, 3, p. 196.

58 “And so I must cling to the rock and be devoured by the vultures, suffering more torment than Jesus, because my faith in the Superman was merely a romantic delusion, while his faith in God was shaken but never in doubt.” Ib., XI, 34, p. 216.

59 “But of course my homicidal plan never went beyond the experimental stage. My Lutheran conscience vetoed my will to be as fierce as a lion and as cunning as a fox. I tried to be Machiavelli’s Prince but instead I was the little pastor, afraid of the God whom I buried in my youth.” Ib., IX, 17, p. 175.

60 Ib., XI, 1, p. 197.

61 “The thought of me embracing a non-existent God is fantastic, and if I do so it is proof that my mind is eclipsed in total darkness! Nietzsche a God-believer; can a river run backward and choose another bed to flow through? Can a mountain sink to a valley and give its summit to cows to graze on?” Ib., XI, 31, p. 214.

62 Una vez más, me permito citar ampliamente: «Entgegen beiden nimmt nun aber Kaftan nicht eine organische Störung, ein Gehirnleiden an, sondern geistige Zerrüttung, an die sieh eine kritische Stellungnahme, eine Widerlegung von Nietzsches Philosophie anschließen läßt. Er hat damit die Gegnerschaft begründet, die noch heute alles, was ihr an Nietzsches Gedanken unverständlich oder unbequem ist, über den Einwand “Vorboten der geistigen Erkrankung” abzutun versucht. Als Kern der geistigen Spannung, an der Nietzsche endlich zerbrochen sein soll, sieht Kaftan — darin der echte Theologe: “Daß er es niemals fertig gebracht hat, das Christentum zu vergessen und sich darüber hinwegzusetzen. Er hat es immer wieder vernichtet. Was man aber immer wieder vernichten muß, dem bezeugt man damit selber seine unverwüstliche Lebenskraft. Vor allem aber dürfte sich hieraus das tragische Ende seiner geistigen Existenz erklären, der Wahnsinn … Daß er gottlos wär, ohne Gott, daß er Gott verloren hatte, das ist das tragische Geschick seines Lebens. Denn auf Gott war er gewiesen und nur in Gott hätte er das in ihm quellende, reiche geistige Leben zu einer harmonischen großen Lebensform gestalten können… Es ist doch nicht bloß eine plötzliche Katastrophe gewesen, als im Anfang des Jahres 1889 der Wahnsinn in Form des Größenwahns bei ihm ausbrach. Sie war wohl vorbereitet. Nietzsche ist … daran zu Grunde gegangen, daß er Gott schlechterdings zum Leben brauchte, aber den lebendigen Gott und den Weg zu ihm verloren hatte.” Abgesehen vom sachlichen Irrtum der Krankheitsbegründung wußte Kaftan aus den Gesprächen in diesem Sommer 1888 sicher mehr als irgend jemand sonst von Nietzsches permanenter Auseinandersetzung mit seiner religiösen Herkunft (die äußerlich regelmäßig in an Weihnachten sich anschließenden Krankheitstagen in Erscheinung tritt)». Janz, Curt Paul: Friedrich Nietzsche. Biographie. II. Die zehn Jahre des freien Philosophen, cit., S. 622.

63 Nietzsche, Friedrich (Attributed to): My Sister and I, cit., Epilogue (Invocation to Her), pp. 251-254.

64 Ross, Werner: o. c., S. 412. De hecho, inmediatamente antes de hacer este comentario, Ross cita las palabras de Nietzsche: «Die Erde verliert ihre Schwere, die Ereignisse und Mächte der Erde werden traumhaft, wie an Sommerabenden breitet sich Verklärung um ihn aus. Dem Schauenden ist, als ob er gerade zu wachen anfinge und als ob nur die Wolken eines verschwebenden Traumes um ihn her spielten. Auch diese werden einst verweht sein: dann ist es Tag».