¿Acto de ser personal o existencia en el pensamiento de Kierkegaard?

Rembrandt

Juan Fernando Sellés
Universidad de Navarra
jfselles@unav.es

Resumen

En este trabajo se estudia si en Kierkegaard se puede hablar de una distinción real entre acto de ser y existencia a través de su descripción del ‘individuo’ como síntesis de cuerpo, alma y espíritu; y también, las de síntesis de finito-infinito, temporal-eterno, necesidad-libertad.

Palabras clave: Kierkegaard, persona, acto de ser, existencia, individuo.

Personal being or human existence in Kierkegaard’s thought?

Abstract

In this paper we study whether we can speak in Kierkegaard’s thought about the real distinction between the human act of being or human existence through his description of ‘individual’ as a synthesis of body, soul and spirit, and also as a synthesis of finite-infinite, temporal-eternal, necessity-freedom.

Keywords: Kierkegaard, person, act of being, existence, individual.

Recepción del original: 04/05/12
Aceptación definitiva: 26/05/12


Planteamiento

Para Clair la antropología de Søren se puede resumir en cuatro palabras: ambigüedad (que este autor entiende como dualidad entre lo filosófico y teológico), seudonimia, historia (o síntesis de tiempo y eternidad) y singularidad.1 Para Nicoletti, en cambio, con uno sólo término: la historia;2 también, aunque muy matizadamente, para Torralba Roselló.3 Para Suances Marcos la clave del mensaje de Søren en el cristianismo,4 aunque cabe llamarle más bien luteranismo.5 Por su parte, para Wahl es “la existencia es el más alto valor”.6 Jolivet añade que aunque Søren hable de su propia existencia, hay en su escrito una tematización universal de lo vivido por él: “Por ejemplo, el Concepto de angustia y el Tratado de la desesperación tratan evidentemente de una sistematización y una universalización destinadas a hacer inteligibles y comunicables los datos del análisis existencial”,7 por lo que se aprecia de nuevo la contradicción interna que la débil teoría del conocimiento kierkegaardiana encierra.

Pero, al margen de la gnoseología de Søren, aquí se intentará fundamentar que en su doctrina no hay una neta distinción entre lo que cabe llamar existencia (Tilværelse) por un lado, y acto de ser personal por otro. El acto de ser equivale a lo radical de lo humano. La existencia de la que habla Kierkegaard es, en cambio, el movimiento (Bevægelse), el fluir del despliegue biográfico y manifestativo de esa actividad interna y neurálgica, novedosa e irrepetible, que es cada persona humana. En lenguaje clásico tomista, la distinción real entre acto de ser y esencia (esta última vendría a ser para Kierkegaard el desarrollo perfectivo de lo que Kierkegaard llama existencia humana) no estuvo en el punto de mira de Søren, porque éste centró su atención en otra diferencia: la que media entre la existencia real singular y el concepto ideal universal de ella.8 Kierkegaard contrapuso al concepto universal la existencia particular. Se trata de la misma contraposición que encontramos en Kant entre los táleros pensados y los reales, o en Descartes, entre los objetos universales del cogito (por los que se inclinaría el racionalismo e idealismo posteriores) y el sum (el único que admitió el empirismo posterior).9

Según García Amilburu, para Kierkegaard, “la existencia humana está esencialmente asociada al cambio, al movimiento, a la actividad. La paz y la quietud, por el contrario, están ausentes de su horizonte. Están sin embargo presentes en el espacio configurado por la existencia humana las dificultades, que aparecen relacionadas con ella en forma de paradoja, lo patético, la contradicción, etc.”10 Para Søren, todo hombre es un existente que se tiene a sí mismo como tarea ética y como decisión religiosa, pero lo que le importa al pensador danés es, más que la constitución intrínseca de la persona, su modo de despliegue humano, es decir, el cómo existencial.11 Con todo, también ofrece algunas notas descriptivas de la constitutiva complexión del sujeto, las cuales se intentarán exponer seguidamente.

1. Síntesis de cuerpo, alma y espíritu

En su obra El concepto de angustia el seudónimo Virgilius Haufniensis con el que Kierkegaard firmó la obra, afirma: “el hombre es una síntesis de alma y cuerpo.12 Ahora bien una síntesis es inconcebible si los dos extremos no se unen mutuamente en un tercero. Este tercero es el espíritu. En el estado de inocencia no es el hombre meramente un animal; porque si el hombre fuere meramente un animal en algún momento de su vida, no importa cuando, entonces jamás llegaría a ser hombre. Por lo tanto, el espíritu está presente en la síntesis, pero como algo inmediato, como algo que está soñando. En la medida de su presencia indudable, el espíritu es en cierto modo un poder hostil, puesto que continuamente perturba la relación entre el alma y el cuerpo. Esta relación, desde luego, es subsistente, pero en realidad no alcanza la subsistencia sino en cuanto el espíritu se la confiere”.13 Se podría sospechar que por tratarse de una obra seudónima, esa trilogía con que Søren describe al hombre no responde a su propia concepción antropológica. Ahora bien, lo mismo encontramos en su Diario: “el hombre es una síntesis de carne, alma y espíritu. Pero el espíritu pone la discordia”,14 porque el espíritu es opuesto a la carne y sangre, es decir, a la sensualidad.15

A lo que precede, Kierkegaard añadió, asimismo en su Diario, que “el hombre es una síntesis; y así, por naturaleza (por así decir) es un hipócrita nato o con una posibilidad congénita de serlo. Y eso que Dios quiere ver en todo singular es esto: ¿prefieres ser un hipócrita, o quieres referirte a la verdad? La hipocresía, porque el hombre es una síntesis, está siempre al acecho”.16 Para evitarla, Søren recuerda que la clave cristiana es mortificar el cuerpo, sacrificarse por servir a la causa de Dios, a lo que él llama ‘la idea’.17 Pero el conseguir la meta, en definitiva el Cielo, es asunto exclusivo de la ‘gracia’ divina, porque frente a ello ‘nuestro esfuerzo no significa nada’: “querer desembarazarse de la renuncia… es mundaneidad. Pero querer practicar la renuncia, por ser considerado extraordinario, es también una mundaneidad. En general, no puedo jamás insistir demasiado en que el extraordinario no tiene nada que hacer con la esfera ética. Desde el punto de vista de la ética la cosa más alta es simplemente el propio deber… El extraordinario no se refiere a eso que desde el punto de vista ético mira a ejecutar la cosa mandada, sino que guarda relación especial a Dios”.18 ¿Qué significa ‘extraordinario’ para Kierkegaard? El hombre que llega a ser ‘espíritu’ a base de sacrificio personal (y a pesar de la envidia y persecución de los demás), porque “nadie nace realmente extraordinario, lo llega a ser”.19

Según el precedente esquema, el espíritu (Aand) es un tercer elemento que fragua la síntesis de cuerpo y alma. Estos elementos son —según Søren— nativos, también el espíritu, aunque de entrada no se tenga conciencia de ellos.20 La clave en la vida humana está en llegar al predominio del espíritu sobre lo corpóreo. Por eso, Kierkegaard habla muchas veces de ‘llegar a ser espíritu’.21 Se llega mediante el sufrimiento.22 Y cuando se ha llegado a serlo, “la más gran pena es la de ser espíritu y tener que vivir entre los hombres”.23 Por tanto, la vida humana es un ‘proceso dialéctico’ para llegar a ser subjetivo,24 un individuo espiritual, ético-religioso vinculado a Dios.25 En suma, ¿qué es el espíritu? “Espíritu es el poder que el conocimiento de un hombre ejercita sobre su vida. El que tiene una idea bastante insensata de Dios, pero hace eso que esta idea insensata exige con abnegación de él, ese tiene más espíritu que un ingenio docto y especulativo que tendrá quizá un conocimiento más exacto de Dios, pero no ejercita ningún poder sobre su vida”.26

Søren tomó seguramente el vocablo espíritu de los escritos de San Pablo, porque, como notó Hannan, es un concepto religioso, no sólo filosófico.27 Para Hall esa deuda la debe Kierkegaard al cristianismo.28 En su exposición del pensamiento de Søren, para Evans y Barrett, la clave humana es el espíritu, y el meollo de éste es la relación.29 Como se ha indicado, Søren habla de llegar a ser ‘espíritu’, es decir, que el espíritu emerja sobre la corporeidad. Según esto distingue dos tipos de hombre: “entre ser un hombre espiritual y ser puramente hombre-animal hay toda una diferencia de cualidad. Pero se trata de una diferencia que ni es de hecho accesible a los sentidos”.30 Ahora bien, sin llegar a ser espíritu no cabe salvación eterna.31 Dada la dificultad que supone llegar a serlo, Kierkegaard dice de su tiempo que “el ‘espíritu’ ha desaparecido completamente de la humanidad”.32 De acuerdo con su tesis de que no caben más que dos tipos de vida para el hombre, la animal y la espiritual,33 lo que en el fondo mantiene es que la mayoría de los hombres no llegan a ser espíritu.

2. Síntesis de finito-infinito, temporal-eterno, necesidad-libertad

Por otra parte, en su obra seudónima Post-scriptum (la más filosófica) Kierkegaard indica que “la existencia se compone de lo infinito y lo finito; el existente es infinito y finito”,34 y sostiene —como en El concepto de angustia— que el ser humano es un compuesto de alma, cuerpo y espíritu. Søren piensa que el idealismo considera al hombre sólo como espíritu: “en la existencia lo importante es que todos los elementos están presentes simultáneamente. En lo referente a la existencia, pensar no es para nada superior a la imaginación y al sentimiento, sino que está coordinado. En la existencia la supremacía del pensamiento se va al traste… El pensamiento abstracto no puede sostenerse a sí mismo frente a la existencia… Unir los elementos de la vida en contemporaneidad, esto es precisamente la tarea”.35 Aquí se percibe cierta visión ‘totalizante’ de lo humano. Con todo, esto es difícilmente compatible con otra afirmación suya de la primera época: “¿Qué es entonces mi alma?, mi ser más íntimo”.36

Kierkegaard insiste en los misma caracterización del hombre como ‘espíritu’ en un discurso edificante posterior al Post-scriptum, a saber, en Los lirios del campo y los pájaros del cielo: “Ser espíritu, es la gloria invisible del hombre”.37 En ese mismo discurso indica que “el hombre es el lugar en el que el tiempo y la eternidad están en contacto perpetuo, en el que lo externo irrumpe en lo temporal”.38

Por su parte, en su obra seudónima La enfermedad mortal reitera la tesis del Post-scriptum: “el hombre es espíritu. ¿Pero qué es el espíritu? Es el yo.39 Pero entonces, ¿qué es el yo? El yo es una relación que se refiere a sí misma o, dicho de otro modo, es en la relación, la orientación interna de esa relación; el yo no es la relación, sino el retorno a sí misma de la relación. El hombre es una síntesis de infinito y finito, de temporal y eterno, de libertad y necesidad, en resumen, una síntesis. Una síntesis es la relación de dos términos. Desde este punto de vista el yo todavía no existe. En la relación de dos términos, la relación entra como tercero, como unidad negativa, y los términos se relacionan a la relación, existiendo cada uno de ellos en su relación con la relación; así, por lo que se refiere al alma, la relación del alma con el cuerpo no es más que una simple relación. Si, por el contrario, la relación de refiere a sí misma, ésta última relación es un tercer término positivo y nosotros tenemos el yo”.40 Lo que en El concepto de angustia Kierkegaard denominaba ‘espíritu’, en La enfermedad mortal lo llama ‘yo’, y viene descrito como autorreferencia o relación consigo mismo. Al enfatizar que la relación entre los términos es un tercero, Kierkegaard se opone a la dialéctica hegeliana. Sin embargo, describir al yo como una relación que se relacione consigo misma no es una buena descripción de la apertura interior humana, porque denota ‘reflexividad’, pero, en sentido estricto, en el conocer humano no existe reflexión ninguna de un acto sobre sí mismo, sino referencia de unos actos superiores a otros inferiores.41

Tal vez Søren tomó la visión tripartita humana entre ‘cuerpo’, ‘alma’ y ‘espíritu’ de los textos paulinos,42 aunque alguno piensa que la tomase de los Padres de la Iglesia: “Describiendo la naturaleza de la persona humana, Kierkegaard regresa deliberadamente a la triple visión de cuerpo-alma-espíritu, tan amada por los Padres de la Iglesia y otros escritores espirituales. Encontró que este concepto tripartito del hombre le era útil no sólo como arma contra Hegel, sino como un medio para describir la lucha interior que acompaña al nacimiento de una personalidad madura”.43 Para Tomás de Aquino, en cambio, el alma equivalía al espíritu.44

Kierkegaard defiende que el hombre es una síntesis: “todos somos una síntesis con destino espiritual”.45 La distinción entre los componentes de esa síntesis no estriba en que el cuerpo sea imperfecto y el yo sea perfecto, porque “ningún yo, al igual que cualquier cuerpo humano, es perfecto”.46 La distinción estriba en que el cuerpo es orgánico, mientras que el yo es espiritual. Además, el cuerpo se refiere a la realidad externa, mientras que el yo se refiere —según Kierkegaard— a sí mismo. Por otra parte, notas intrínsecas del yo, según el pensador de Copenhague, son la eternidad,47 la libertad,48 la composición de finito e infinito,49 la conciencia y la voluntad,50 la pasión,51 y, sobre todo, el devenir, es decir, el llegar a ser quien se debe ser.52 En consecuencia con lo indicado, para Søren, el peor de los males para el hombre no es perder el cuerpo, es decir, la muerte, sino el perder el yo. Kierkegaard escribió bastante respecto de ambas pérdidas. La primera es el problema del morir. La segunda, el de la desesperación.

En cuanto al primer tipo de pérdida, Søren se pregunta: “¿Qué es la muerte? (Y responde:) Una pequeña detención solamente en el camino que una vez se tomó, a condición de haber permanecido fiel a la idea. Pero una ruptura con la idea, significa que se toma una mala dirección”.53 La muerte corporal no le asustó a Søren, porque frente al esfuerzo que supone la vida, morir no le pareció ardua tarea: “la muerte no es la tarea más difícil para un hombre, sino la vida”.54 No es que considerase a la muerte como falta de importancia, pues en su escrito ‘Junto a una tumba’ se lee: “la muerte misma tiene ciertamente su seriedad”.55 Y más adelante añade: “en la seriedad, la muerte da una fuerza vital que ninguna otra cosa da, nos hace vigilantes como ninguna otra cosa… Al hombre serio, el pensamiento de la muerte le da el correcto ímpetu de la vida y la meta correcta a la que dirige su marcha”.56 En rigor, al hombre serio (el ético-religioso) el pensar en su propia muerte le da la fuerza de afrontar la vida de cara a Dios. En otra obra, el Post-scriptum, indica que “si la tarea consiste en llegar a ser subjetivo, entonces pensar en la muerte no es para el sujeto ninguna cosa en general, sino una acción, pues justamente en ello reside el desarrollo de la subjetividad, de manera que el que actúa se trabaja a sí mismo en su pensamiento sobre su propia existencia”.57 De manera que tanto la muerte como el pensamiento en ella pueden ser algo positivo si se miran en orden al crecimiento de la propia subjetividad.

Por lo que se refiere a la pérdida del yo, Kierkegaard considera que es el peor de los males y el más taimado: “el peor de los peligros, la pérdida de ese yo, puede darse entre nosotros de modo tan desapercibido como si se tratara de nada… Perdido no porque se evapore en lo infinito, sino porque se encierra a fondo en lo finito”.58 En este sentido uno puede ser un muerto en vida. En suma, para Søren la noción de ‘hombre’ denota un compuesto de elementos sensibles e inmateriales. Pero la noción de ‘yo’ es distinta a la de ‘hombre’, y aunque denote composición, todos sus elementos son inmateriales. De acuerdo con esto —y aunque Kierkegaard no lo explicite—, no se puede hablar de ‘hombre’ tras la muerte, pero sí de ‘yo’, lo cual es correcto.

3. El individuo

“¿Qué quiere decir la palabra individuo? El individuo no es un átomo que en ningún modo se deja considerar como un modus o una afección de cualquier otro”.59 Para Kierkegaard “la individualidad es el verdadero punto firme en el desenvolvimiento de la creación”.60 Y dentro de ella, “el gran punto en la vida de un individuo es salvarse cuanto más sea posible de las categorías humanas generales”.61 En efecto, en él, “el problema de la realidad se traslada al problema de la existencia y éste al del individuo”.62 El ‘individuo’ (Enkelte) es una de las ‘categorías’ centrales de la antropología kierkegaardiana.63 Seguramente, la categoría más relevante de su pensamiento.64 ¿Qué entiende Søren por ella? “El singular es para el hombre la determinación del espíritu, del ser hombre: la multitud, el número, es la determinación de la animalidad”.65 Frente al singular, la ‘multitud’ es el blanco de las críticas kierkegaardianas.66

¿De dónde tomó Søren esta categoría? De Sócrates67 y de Cristo,68 aunque no hay que excluir a Lutero. En cuanto a Sócrates, Kierkegaard escribió: “‘el individuo’, esta categoría fue usada sólo una vez con decisiva fuerza dialéctica, y por primera vez, por Sócrates, para disolver el paganismo. En la cristiandad servirá una segunda vez para convertir cristianos… en cristianos”.69 Søren considera que no es sólo individual el hombre empírico con su corporeidad, sino también su espíritu: “‘lo individual’ es la categoría del espíritu, del despertar espiritual, una cosa lo más opuesta a la política que imaginarse pueda”.70 Por lo que se refiere al cristianismo, en su Diario Søren revela que tomó la categoría del ‘singular’ del de esta religión: “todo el desarrollo del mundo tiende a mostrar la importancia absoluta de la categoría del Singular, que es precisamente el principio del cristianismo”.71 Más adelante agrega: “lo que ha confundido todo, y en primer lugar la entera cristiandad y el entero cristianismo, es siempre el hacer de los contemporáneos, de la humanidad, etc., la instancia de referencia a la verdad. En cambio, todo gira en torno al Singular. Esta categoría es el punto con el cual y a través del cual Dios puede entrar en contacto con la humanidad. Quita este punto y Dios es destronado”.72 Por lo que se refiere a Lutero, él mismo confesó en su Diario: “¡Extraño! La categoría ‘para ti’ (la subjetividad, la interioridad) con que concluiste Aut-Aut (‘sólo la verdad que edifica es la verdad para ti’), es propia de Lutero”.73

De esta categoría, el punto fuerte está en que manifiesta que cada persona es superior a la especie humana.74 Sus debilidades, en cambio, son varias: una radica en que la palabra ‘individuo’ denota cierto aislamiento respecto de las demás personas creadas, aunque —en el caso de Kierkegaard— no respecto de Dios, porque describe al hombre como ‘relación a Dios’; otra, que se describe en orden a la conciencia moral,75 pero es claro que el ser personal desborda tal conocimiento.

“El hombre fue hecho para ser el singular: por vía de la culpa se ha vuelto masa”.76 Por tanto, la verdad del hombre es su singularidad.77 En consecuencia, la consideración que lo incluye en lo común del género humano es falsa. “Mi tesis era —escribió Søren— que la subjetividad, la interioridad, es la verdad”.78 Por eso admite que “Dios es la subjetividad pura”,79 y que, como tal, “Dios se interesa sólo por eso que le place, como pura subjetividad, él no tiene absolutamente ningún interés sino por aquello que le place”,80 mentalidad sobre el ser divino que no es ajena a la ockhamista. Cada individuo es verdad, y la verdad es sólo individual. No hay que buscar, por tanto, la verdad en los objetos pensados universales, sino en el sujeto singular.81 Si el individuo es la verdad, la multitud, en consecuencia será lo falso: “donde hay una multitud, una muchedumbre, o donde el significado decisivo está unido al hecho de que hay una multitud, es seguro que allí nadie está trabajando, viviendo, esforzándose por alcanzar la más alta meta, sino solamente por una u otra meta terrenal; ya que sólo es posible trabajar para la meta eterna y decisiva donde hay uno, y ser este uno que todos podemos ser es permitir que Dios nos ayude; la ‘multitud’ es la mentira”.82 La singularización de cada quien se alcanza durante la vida esforzadamente por esfuerzos éticos, es decir, cumpliendo cada quien su propio deber y, sobre todo, por decisión religiosa, respondiendo a la propia vocación.

¿Por qué para Søren es falsa la multitud? “Porque la multitud es una abstracción y no tiene manos; pero cada individuo tiene ordinariamente dos manos… Ninguno de los individuos era tan cobarde como siempre la multitud lo es… Cada individuo que huye en busca de refugio a la multitud, huye así, cobardemente, de ser un individuo… La multitud es mentira. De aquí que nadie tiene más desprecio por lo que es ser hombre que aquellos que del conducir a la multitud hacen su profesión”.83 Únicamente el individuo es real; la multitud, es el concepto universal. Para Kierkegaard el individuo es real, tomándose a sí mismo no sólo como sujeto, sino también como filósofo: “si esto del ‘individuo’ fuera una nadería para mí, lo abandonaría… Pero no es éste el caso. Para mí —no personalmente, sino como pensador—, este asunto de lo individual es lo más decisivo”.84

Esta categoría acompaña la producción kierkegaardiana desde el inicio.85 Kierkegaard trata de esta categoría y con el mismo perfil en todas las obras seudónimas, de modo que en este punto tales escritos manifiestan su mente.86 En efecto, el tema del individuo es una constante en todos los escritos de Kierkegaard, como él mismo confiesa, tanto en los que trabajos que llama ‘estéticos’ como en los ‘edificantes’: “en todos los trabajos firmados con seudónimo, este tema de lo ‘individual’ se pone en evidencia de una forma o de otra; pero allí lo individual es predominantemente el individuo preeminente en sentido estético, la persona distinguida, etc. En cada uno de mis trabajos edificantes, el tema de lo ‘individual’ aparece, y lo más oficialmente posible, pero aquí lo individual es lo que cada hombre es o puede ser”.87 Más aún, Kierkegaard es, como escritor, una de las pocas excepciones de su tiempo que salió en defensa de lo individual, enfrentándose a la hegemonía de lo universal, encumbrado en la cima del podio intelectual por el sistema hegeliano.88 A lo que precede se puede objetar que el individualismo anglosajón fue paradigmático en el s. XIX. Sin embargo, el ‘individuo’ tal como lo describe Søren se distingue del británico en que no busca seguridades —como por ejemplo el de Mill— en asuntos terrenos (económicos, laborales, culturales, etc.), sino exclusivamente en Dios y a través de la fe.

Nativamente el hombre es, según Kierkegaard, un ser individual. Pero el serlo es, además, el reto a lo largo de su vida. En efecto, lograr la progresiva individualización es el fin al que hay que orientar la educación: “el proceso de educación del género humano es un proceso de individualización”.89 Y ese es, asimismo, el destino del hombre: “el destino de los hombres es el de no ser ‘como los demás’, sino el de poseer cada uno su propia particularidad”.90 Lo que precede indica que cada hombre tiene en cierto modo un valor infinito: “todo hombre posee una realidad infinita, y es soberbia y ambición negarse a honrar en cada hombre a su propio prójimo”.91 Notar este extremo es requisito indispensable para amar a cada persona: “la individualidad es la presuposición para amar”;92 amor en que radica el carácter distintivo del cristianismo. En efecto, según Søren, la individualidad es la categoría humana natural más importante, y es, asimismo, la más relevante dentro del cristianismo: “‘lo individual’, esa es la decisiva categoría cristiana, y será decisiva también para el futuro del cristianismo”.93 Esa categoría, según él, es la que se dio históricamente en la civilización griega y en el cristianismo, pero afirma que en su tiempo se está perdiendo precisamente dentro del cristianismo.

4. El sentido de la vida y el modo de alcanzarlo

Kierkegaard escribió en su Diario que “es preciso empezar por conocerse a sí mismo en primer lugar. Sólo cuando el hombre se comprende íntimamente y descubre su propio camino, la vida se sosiega y cobra sentido”.94 Y esta norma es la que Søren procuró llevar a la práctica en su propia vida desde el inicio, cuando no tenía claro ni siquiera el propio camino a seguir;95 y es, además, la que siguió hasta el final de sus días tras ver con claridad su vocación. Para él fue muy importante conocerse a uno mismo, la realidad más cercana a cada persona y la más difícil de conocer, pues “misterioso debe serlo uno no sólo para los otros, sino también para sí.96

Como es sabido, el método propuesto por Kierkegaard para conocerse es lo que él denominó ‘conocimiento subjetivo’. No se olvide que tal conocer es muy distinto de lo que la filosofía de su época llamaba saber: “existir es algo que difiere por completo de saber”.97 Ahora bien, para alcanzar el propio sentido no se trata sólo de conocerse, pues —según Søren— para ser uno mismo, superior a conocer, es el elegirse a sí mismo, porque “cualquier personalidad modesta no es nada antes de elegirse a sí misma, aun cuando quepa calificársela de la personalidad más pobre, lo es todo cuando se ha elegido a sí misma; pues lo importante no es ser esto o aquello, sino ser sí mismo, y esto lo puede todo hombre, si así lo quiere”.98 Al elegirse a sí mismo, uno pasa del estadio estético al ético, situación en la que uno se centra en su propia personalidad.99

Según Víctor Eremita, seudónimo con que Kierkegaard firmó su obra Aut-Aut, una manifestación neta de haberse elegido a sí mismo es incurrir en la desesperación, pues “cuando uno desespera, a su vez, elige, ¿y qué elige? Se elige a sí mismo, no en su inmediatez, no como este individuo accidental, sino que se elige a sí mismo en su valor eterno”.100 Para este protagonista, la duda está más vinculada a la inteligencia, mientras que la desesperación lo está a la personalidad.101 Por tanto, si alguien desespera, se conoce: “si uno ha elegido de verdad la desesperación, ha elegido en verdad aquello que la desesperación elige: el sí mismo en su valor eterno. La personalidad se apacigua sólo en la desesperación, no por necesidad, pues nunca desespero de modo necesario, sino por libertad, y sólo entonces se alcanza lo absoluto… Al elegir de manera absoluta, elijo la desesperación, y en la desesperación elijo lo absoluto, pues yo mismo soy lo absoluto”.102 Como se puede apreciar, esta propuesta de cara al conocimiento propio es dramática, pues pasa por la desesperación, de la que nadie —según Søren— está eximido. No obstante, la desesperación no tiene por qué ser ni el único ni el mejor modo para lograr conocerse, entre otras cosas porque no es nativa, sino adquirida y, además, no está exenta de culpabilidad.

Un sentimiento negativo del espíritu como es la desesperación permite conocer nuestro espíritu, no tal como debe ser, sino tal como está, a saber, afectado negativamente. Pero, según Søren, al notar el límite del sujeto en ese estado, podemos ir más allá del límite: “la elección de la desesperación es, por tanto, ‘yo mismo’, pues si bien es cierto que, al desesperar, desespero de mí mismo tanto como de todo lo demás, el sí mismo del que desespero es algo finito, al igual que cualquier otra cosa finita, pero el ‘sí mismo’ que elijo es el ‘sí mismo’ absoluto, o mi sí mismo en su valor eterno”.103 De manera que tal elección abre el camino de acceso al yo infinito,104 que es tal por estar abierto al ser divino. Tal elección permite, pues, notar la vocación personal.105 No se trata de una elección abstracta, sino de una elección ética y, por ende, singular. Para Kierkegaard “el hecho de elegirse a sí mismo es idéntico al hecho de arrepentirse”.106 En rigor, arrepentirse es decir no a lo limitado de uno y decir sí a Dios, pero como en ese estado se percibe al yo abierto al ser divino, se ve a tal yo como infinito. Por eso afirma Søren que “la desesperación finita es un endurecimiento, y la desesperación absoluta, una infinitización”.107

En Søren lo subjetivo, más que una realidad nativa, es un objetivo a alcanzar en la existencia humana: “llegar a ser subjetivo es la tarea más alta que se le plantea a un hombre”.108 Si lo opuesto a lo objetivo universal, es el sujeto, en la medida en que uno se aleje más de lo universal y busque lo individual, más sujeto se llegará a ser: “la tarea consiste en llegar a ser subjetivo, de manera que cada sujeto llega a ser efectivamente para sí mismo exactamente lo contrario de semejante algo en general”.109 Pero mientras se vive nadie llega a ser enteramente subjetivo. De modo que hay que abrir la puerta a la inmortalidad por exigencia de vida, no por demostración racional.110 En este punto volvemos a percibir que Kierkegaard aleja los temas centrales de la vida humana de la razón y busca el acceso a ellos por otros derroteros: el interés voluntario,111 la certeza subjetiva,112 la ética,113 lo cual denota que la inmortalidad no es para Kierkegaard demostrable racionalmente, sino un asunto de convicción subjetiva. Por lo demás, es su Diario escribió que “la esencia del problema de la inmortalidad del alma afecta no tanto al hecho mismo cuanto a la naturaleza de esta inmortalidad.”114

Conclusión: ¿Designa el espíritu, según Søren, al acto de ser personal?

El que el hombre sea una síntesis entre cuerpo, alma y espíritu, según propone Kierkegaard, parece indicar que la relación entre el alma y el cuerpo se toma como una realidad distinta al alma y al cuerpo, a la cual llama espíritu. Esta tesis, que no está suficientemente fundamentada en los escritos kierkegaar­dianos, diverge de la doctrina clásica griega y medieval según la cual, la relación entre el alma y el cuerpo no conforma un tercer elemento. Esa tradición matizaría, además, que alma y cuerpo no se vinculan ‘entre sí’, sino que es el alma la que informa al cuerpo (‘forma corporis’). En suma —diría un pensador clásico—, esa información no es un tercer elemento distinto del alma. De modo que, según el pensador danés, estaríamos ante tres dimensiones reales humanas, mientras que para la filosofía clásica griega y medieval se trataría de dos dimensiones. Por tanto, si Søren propone tres elementos distintos, o bien uno de ellos —el espíritu— es exclusivamente ideal (tal vez postulado por asumir el modelo triádico hegeliano), o bien, de ser real, habrá que exponer su índole de modo más fundado que lo lleva a cabo el pensador danés.

Kierkegaard nota que, además de la relación del alma al cuerpo, hay una relación del espíritu o yo consigo mismo, es decir, advierte que la relación de uno consigo mismo en el plano espiritual está al margen de la relación con la que el alma vivifica al cuerpo. Ante esto, un pensador que siguiese el esquema dual clásico (alma-cuerpo) podría salir al paso diciendo que el alma no se agota informando al cuerpo, sino que da para más, a saber, para ejercer actos intelectuales y volitivos con sus potencias inorgánicas superiores: inteligencia y voluntad. Pero a esto Søren podría objetar que la inteligencia y la voluntad no son ningún yo, sino del yo, y por mucho que ellas se refieran a sí mismas o entre sí (como postula la filosofía medieval) no constituyen ningún yo o espíritu. Ante esta objeción un pensador clásico como Tomás de Aquino se sentiría empujado a distinguir entre acto y potencia en el seno del alma, indicando que lo más activo del alma equivale a lo que Søren denomina yo, mientras que lo potencial está constituido por las potencias inmateriales aludidas.115

Ahora bien si se distinguen dos dimensiones en el alma, una activa y otra potencial, nada impide equiparar la primera a lo que el Aquinate denominó acto de ser, y la segunda a la esencia, siempre y cuando el descubrimiento de la distinción real tomista se predique del hombre Según esto, el hombre estaría conformado por un acto de ser personal, al cual se puede designar como espíritu o persona, por una esencia humana, a la cual se puede caracterizar como el alma, y por una naturaleza, el cuerpo. Pero esa equiparación, que es propia de Leonardo Polo,116 no la llevaron a cabo ni Tomás de Aquino ni Kierkegaard.

 

Notas del Autor

1 Cf. Clair, A. : Seudonime et paradoxe. La pensée dialectique de Kierkegaard. Paris : Vrin, 1976 ; Clair, A.: Kierkegaard. Penser le singulier. Paris : Cerf, 1993.

 

2 Cf. Nicoletti, M. : La dialettica dell’Incarnazione: soggettività e storia nel pensiero di Søren Kierkegaard. Bologna: Centro Editoriale Dehoniano, 1983.

 

3 “El ser humano es, para él, un sujeto histórico, aunque no puramente histórico”. Torralba Roselló, F.: Poética de la libertad. Lectura de Kierkegaard. Madrid: Caparrós Editores, 1998, 70.

 

4 “Yo he hecho del cristianismo y su mensaje de salvación la verdad suprema a la que he entregado mi ser; eso me ha aislado de mis contemporáneos; ellos se llaman también cristianos, pero no sufren por esa causa; la verdad cristiana no ha perforado la epidermis de su espíritu”. Suances Marcos, A.M.: Søren Kierkegaard, vol. I, Vida de un filósofo atormentado. Madrid: UNED, 1997, 125. “Kierkegaard es un ejemplo de esos escasos hombres que viven conforme a sus ideas llegando hasta las últimas consecuencias. Vista en conjunto su vida muestra una clara unidad: la fidelidad a un ideal mantenido durante toda la vida… Pues bien, ese ideal en Søren fue la fe y el amor a Dios”. Ib., 272.

 

5 “Me parece que (Kierkegaard) está tocado por la visión luterana que hace del hombre un ser esencialmente pervertido que no puede salir de su innata maldad si Dios, desde fuera y ex profeso, no le saca de ese estado”. Ib., 302.

 

6Wahl, J.: Historia del existencialismo. Buenos Aires: La pléyade, 1971, 12. Cf. también: Boyer, R., – Paul, J.M. : Kierkegaard, la découverte de l´existence, Nancy, Centre de Recherches Germaniques et Scandinaves de l´Université de Nancy, 1990.

 

7Jolivet, R.: Las doctrinas existencialistas. Madrid: Gredos, 4ª ed., 1976, 60.

 

8 “El concepto de existencia es una idealidad, y la dificultad estriba precisamente en saber si la existencia se resuelve en conceptos. Si así fuera, Spinoza podría tener razón con su ‘essentia involvit existentiam’, esto es, el concepto de existencia, vale decir, la existencia ideal. Pero, por otra parte, Kant tiene razón cuando afirma que del concepto de existencia no surge ninguna nueva determinación de contenido. Kant, claro está, piensa honestamente en la existencia como no coincidente con el concepto, es decir, piensa en una existencia empírica. Sobre todo en el ámbito de lo ideal vale el principio de que la esencia es la existencia (si está permitido emplear en este caso el concepto de existencia). La tesis leibniziana —si Dios es posible, es necesario— es justísima. Nada se le añade a un concepto, sea que tenga o no existencia; para el concepto esto no cuenta en absoluto; porque sobradamente posee existencia, es decir, existencia de concepto, existencia ideal. Pero la existencia corresponde a la realidad singular, al singular (como ya enseñó Aristóteles): esa queda fuera, y de ninguna manera coincide con el concepto”. Kierkegaard, S.: Diario (1849) ed. de C. Fabro, Brescia, Morcelliana, vol. 6 (1981) 46. En otro lugar Søren escribe: “La existencia no es un trabajo abstracto precipitado, sino un esforzado e incansable ‘mientras tanto’”. Post-scriptum definitivo y no científico a las ‘Migajas filosóficas’. Salamanca: Sígueme, 2010, 510.

 

9 González Álvarez opone en este punto el pensamiento de Kant al de Descartes y sostiene que el existencialismo es más afín al pensador de Königsberg: “el existencialismo se opone a Descartes, partiendo, como Kant, de la consideración de que la existencia del yo no puede ser deducida del cogito”. “El dato inicial de la metafísica existencialista”. Sapientia, 4 (1949) 15.

 

10García Amilburu, M.: La existencia en Kierkegaard. Pamplona: Eunsa, 1992, 102-3.

 

11 Cf. Juranville, A. : La philosophie comme savoir de l´existence. Paris: Presses Universitaires de France, 2000.

 

12 Según G. Malantschuk, Søren pudo tomar esa visión compuesta del hombre de varias fuentes: de algunos pasajes del Nuevo Testamento; de la dogmática del profesor Clausen en su sección de la antropología cristiana; de la dogmática especulativa de Martensen. Cf. Kierkegaard´s concept of existence. Milwaukee: Marquette University Press, 2003, 16.

 

13Kierkegaard, S.: El concepto de angustia. Madrid: Guadarrama, 1965, 94. Y más adelante repite: “El hombre, según queda dicho, es una síntesis de alma y cuerpo, pero también es una síntesis de lo temporal y lo eterno. Esto ya se ha dicho bastantes veces y no seré yo el que objete nada en contra. Mi deseo, en verdad, no es el de descubrir novedades; al revés, mi mayor alegría y ocupación favorita siempre será la de meditar en aquellas cosas que parecen completamente sencillas”. Ib., 163. “El hombre es una síntesis de alma y cuerpo sostenida por el espíritu. Por eso, la desorganización en una de estas esferas no puede por menos de repercutir en las otras restantes”. Ib., 224. “El cuerpo es el órgano del alma y, consiguientemente, también del espíritu”. Ib., 247.

 

14Kierkegaard, S.: Diario (1849-50) ed. cit. de C. Fabro, vol. 6 (1981) 78. “El hombre es una síntesis: es animal-espíritu”. Ib., (1854) vol. 11 (1982) 58.

 

15 Cf. Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. C. Fabro, vol. 11 (1982) 111.

 

16Kierkegaard, S.: Diario (1852) ed. cit. C. Fabro, vol. 9 (1982) 164. En otro pasaje añade: “El hombre es una síntesis compuesta de dos principios, uno inferior y uno superior, y desde el nacimiento está casi completamente en poder del principio inferior”. Ib., (1854) vol. 11 (1982) 80.

 

17 “Servir a la idea es un sufrimiento y un martirio”. Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. C. Fabro, vol. 10 (1982) 218. “No es de ningún modo posible amar a Dios y ser feliz en este mundo. No, el Dios del cristianismo está en contraste con este mundo; por tanto, quien ama cristianamente a Dios, no puede ser feliz en este mundo”. Ib., 224.

 

18Kierkegaard, S.: Diario (1852) ed. cit. C. Fabro, vol. 9 (1982) 171.

 

19Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. C. Fabro, vol. 11 (1982) 58. “El sufrimiento que el cristianismo del Nuevo Testamento inculca como sufrimiento específico es propiamente el sufrir que viene de parte de los hombres”. Ib., (1853-55) vol. 12 (1982) 47.

 

20 “El ser humano, si bien es espíritu desde el mismo instante de nacer, no llega a ser, sin embargo, consciente de sí en cuanto espíritu hasta más tarde”. Las obras del amor. Meditaciones cristianas en forma de discurso, Salamanca Sígueme, 2006, 253. Para Leo Gabriel “no es posible construir una estructura del hombre desde las tres sustancias —espíritu, alma y cuerpo—. Porque el espíritu no es, según Kierkegaard, ‘sustancia’ alguna, sino más bien, una relación incesantemente activa, y en el hacerse, en el acontecer, en la actualización del todo de cuerpo y alma. La actividad del espíritu no se deriva ni de un principio físico ni de un principio metafísico. El hombre no es una síntesis, física ni metafísica de cuerpo y alma, sino que es un todo concreto de esta síntesis, no un ente, sino un deveniente. El hombre no es, sino que se hace, este devenir es precisamente dialéctico desde el espíritu, desde el ser y actuar del espíritu en la existencia”. Gabriel, L.: Filosofía de la existencia. Madrid: BAC, 1974, 85.

 

21 “El llegar a ser cristiano es, según el Nuevo Testamento, llegar a ser ‘espíritu”. Kierkegaard, S.: Diario (1853-55) ed. cit. C. Fabro, vol. 12 (1982) 41.

 

22 “El que no ha sufrido un poco la bestialidad de los hombres, no llega a ser espíritu”. Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. C. Fabro, vol. 11 (1982) 58. “Llegar a ser ‘espíritu’ consiste, según el Nuevo Testamento, en morir, en mortificarse, porque según el Nuevo Testamento, ningún hombre nace ‘espíritu’; según el nacimiento natural ser hombre es ser carne y sangre y alma. Por eso el mortificarse es la crisis para llegar a ser espíritu”. Diario (1853-55) ed. cit. C. Fabro, vol. 12 (1982) 41-42.

 

23Kierkegaard, S.: Diario (1848) ed. cit. de C. Fabro, vol. 4 (1980) 175

 

24 Cf. al respecto: Matthis, M.J.: “Becoming subjective. Kierkegaard´s existential revolution”, Philosophy Today, 50/3 (2006) 272-283.

 

25 Cf. en este sentido: Torralba Roselló: F.: El camino espiritual de Søren Kierkegaard. Madrid: San Pablo, 2008, Cap. 2: Su espiritualidad.

 

26Kierkegaard, S.: Diario (1849) ed. cit. C. Fabro, vol. 7 (1981) 176.

 

27 Cf. Hannay, A.: Kierkegaard. London: Routledge, 1991, 314. En su diario Søren escribió: “en sentido rigurosamente cristiano yo no soy espíritu”. Diario (1850) ed. cit. de C. Fabro, vol. 6 (1981) 190.

 

28Hall, R.L.: Word and Spirit. A Kierkegaardian Critique of the Modern Age. Bloomington: Indiana University Press, 1993, 29-37.

 

29 “The spirit is something I myself am; it is not an entity residing in me… Spirit is relational… The relation with God is fundamental… Every human being has a relationship to God the Creator, on whom our ultimate status as persons depends…So for Kierkegaard the term ‘person’ describes both something I am, by virtue if God’s creative activity, and something I must become, in and through my relations with God and other people”. Evans, C.S.: Søren Kierkeggard’s Christian Psychology, Vancouver, British Columbia, 1990, 43-47. “Although Kierkegaard does not rely upon an elaborate theory of human nature, he does tease and prod the reader into self reflection”. Barrett, L.C.: Kierkeggard. Nashville: Abingdon Press, 2010, 52.

 

30Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. de C. Fabro, vol. 10 (1982) 191.

 

31 “Según el cristianismo, la salvación está propiamente en el llegar a ser espíritu… Pero llegar a ser espíritu es llegar a ser singular; el aislamiento es la conditio sine qua non, la condición inevitable”. Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. de C. Fabro, vol. 11 (1982) 96.

 

32Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. de C. Fabro, vol. 11 (1982) 93.

 

33 “No existen más que dos concepciones de la vida, que corresponden al doble que es el hombre: ser animal o ser espíritu. Según la una el fin de la vida está en el vivir, en el gozar la vida y empeñar todo en esto. Para la otra concepción el significado de la vida está en el morir”. Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. de C. Fabro, vol. 11 (1982) 99. “Existen dos modos de ser hombre: determinación de animalidad-determinación de espíritu. La determinación animal se refiere a propagar el género…”. Ib., (1854-55) vol. 11 (1982) 210.

 

34Post-scriptum, ed. cit., 383. Antes había escrito: “¿Qué es la existencia? Es ese niño engendrado por lo infinito y lo finito, por lo eterno y lo temporal, y que, por tanto, se encuentra incesantemente en la tensión del esfuerzo”. Ib., ed. cit., 101.

 

35Ib., 342-343.

 

36Kierkegaard, S.: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. II. Madrid: Trotta, 1997, 200.

 

37Kierkegaard, S.: ‘Les lis des champs et les oiseaux du ciel’, Discours édifiants, en Ouvres Complètes. Paris: éd. de L´Orante, vol. 13, 185.

 

38Ib., 187.

 

39 “Ser ‘espíritu’ es ser ‘yo’”. Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. de C. Fabro, vol. 11 (1982) 88.

 

40Kierkegaard, S.: La enfermedad mortal, publicado bajo el título Tratado de la desesperación, ed. de J.E., Holstein. Barcelona: ed. Edicomunicación, 1994, 23-24. Cf. asimismo: 48-49.

 

41 Si se diera una reflexión personal, como al principio no conocemos nada de nosotros mismos, ¿cómo educir el saber de la ignorancia? Cf. respecto de este tema: Polo, L.: Persona y libertad. Pamplona: Eunsa, 2007, I.3.2: La aporía de la reflexión, 137-142.

 

42 “Que vuestro ser entero -espíritu, alma y cuerpo- se mantenga sin mancha”. I Tesalonicenses, V, 23. “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu”. Hebreos, IV, 12.

 

43Collins, J.: El pensamiento de Kierkegaard. México: F.C.E., 1958, 276.

 

44 Cf. Tomás de Aquino: Summa Theologiae, I, q. 97, a. 3 co.

 

45Kierkegaard, S.: La enfermedad mortal, ed. cit., 56.

 

46Ib., 69.

 

47 “Nada es, después de Dios, más eterno que el yo”. Ib., 67.

 

48 “¿Qué es ese ‘sí mismo’? Si quisiera mencionar su primer momento, su primera expresión, respondería: es lo más abstracto de todo, que es además, sin embargo, lo más concreto de todo —es la libertad”. Kierkegaard, S.: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. II, ed. cit., 195. O con una expresión que recuerda a Sartre: “el bien es el ser en-y-para-sí puesto por el ser en-y-para-sí, y esto es la libertad”. Ib., 203.

 

49 “El yo está formado de finito e infinito. Pero su síntesis es una relación que, aunque derivada, se refiere a sí misma, lo que es la libertad. El yo es libertad. Pero la libertad es la dialéctica de dos categorías, de lo posible y de lo necesario”. Ib., 41.

 

50 “Cuanto más conciencia hay, mayor es el yo; pues más crece ella, más crece la voluntad; y cuanto más voluntad existe, más yo hay. En un hombre sin querer no existe el yo; peor cuanto más hay en él, también tiene más conciencia de sí mismo”. La enfermedad mortal, ed. cit., 41.

 

51 “Uno puede llegar a tener inteligencia si eso es lo que quiere. Haz que un hombre tenga energía y pasión, y lo podrá todo”. O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. II, ed. cit., 239.

 

52 “El yo es una síntesis consciente de infinito y finito que se relaciona consigo misma, y cuyo fin es devenir ella misma; lo que sólo puede hacer refiriéndose a Dios. Pero devenir uno mismo es devenir concreto, lo que no se logra en lo finito o en lo infinito, puesto que lo concreto en devenir es una síntesis. Por lo tanto, la evolución consiste en alejarse indefinidamente de sí mismo en una ‘infinitización’ del yo, y en retornar indefinidamente de sí mismo en la ‘finitización’. Por el contrario, el yo que no deviene él mismo permanece, a pesar o no suyo, desesperado. No obstante, en todo momento de su existencia el yo se encuentra en devenir, pues el yo en potencia no existe realmente y no es más que lo que debe ser. Por lo tanto, mientras no llega a devenir él mismo, el yo no es él mismo; pero no ser uno mismo es la desesperación”. La enfermedad mortal, 42. “Nuestra estructura original, en efecto, siempre está dispuesta como un yo debiendo devenir él mismo”. La enfermedad mortal, ed. cit., 46.

 

53Kierkegaard, S.: Etapas en el camino de la vida, ed. Juana Castro. Buenos Aires: S. Rueda, 1952, 329.

 

54Kierkegaard, S.: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. II, ed. cit., 287.

 

55Kierkegaard, S.: Tres discursos sobre circunstancias supuestas. Madrid: Trotta, 2010, 443-445. Y añade: Lo serio no está en el acontecimiento, no está en lo exterior… La seriedad está en lo interior, en el pensamiento… En la seriedad de la muerte no hay engaño, pues lo que es serio no es la muerte, sino el pensamiento acerca de la muerte… Pensarse uno mismo muerto es seriedad… La muerte es el maestro de la seriedad”. Ib.

 

56Ib., 451-452.

 

57Kierkegaard, S.: Post-scriptum, ed. cit., 171-2. Cf. Ndreca, A.: La soggettività in Kierkegaard. Roma: Urbaniana, University Press, 2005.

 

58Kierkegaard, S.: La enfermedad mortal, ed. cit., 46.

 

59Kierkegaard, S.: Diario (1849-50) ed. cit. de C. Fabro, vol. 6 (1981) 106.

 

60Kierkegaard, S.: Diario (1839) ed. cit. de C. Fabro, vol. 2 (1980) 172. Más adelante escribe: “No existe en el fondo más que una cualidad. La individualidad. Es el gozne de todo; por eso la comprensión de la propia personalidad es cualitativa, mientras que aquella que tenemos de los demás es cuantitativa. Esto lo hace la individualidad: pero ¿quién la quiere?”. Ib., (1844) vol. 3 (1980) 129.

 

61Kierkegaard, S.: Diario (1841) ed. cit. de C. Fabro, vol. 3 (1980) 34.

 

62González Álvarez, Á.: El tema de Dios en la filosofía existencial. Madrid: CESIC, 1945, 75.

 

63 “Si la plebe es el Mal, si el caos es lo que nos amenaza, sólo hay salvación en una cosa, en convertirse en individuo, en el pensamiento de que lo individual es una categoría esencial”. Kierkegaard, S.: Punto de vista. Madrid: Aguilar, 1988, 80. Para Bollnow, “el individuo es el concepto fundamental en el pensamiento de Kierkegaard”, Filosofía de la existencia. Madrid: Madrid, Revista de Occidente, 1954, 67. La categoría kierkegaardiana de ‘individuo’ es, según Löwith, afín a la de ‘único’ de Stirner. Cf. De Hegel a Nietzsche. La quiebra revolucionaria del pensamiento en el siglo XIX. Marx y Kierkegaard, ed. de E. Estiu. Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1968, 493.

 

64 “‘El singular’ es la categoría a través de la cual deben pasar —desde el punto de vista religioso— el tiempo, la historia, la humanidad… A esta categoría es legada absolutamente mi posible importancia histórica”. Kierkegaard, S.: Diario (1847) ed. cit. de C. Fabro, vol. 4 (1980) 112-3.

 

65Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. cit. C. Fabro, vol. 10 (1982) 116. Más adelante añade: “La categoría del espíritu es el singular, la determinación animal es la multitud”. Ib., (1854) vol. 11 (1982) 43. En otro lugar escribió: “El individuo no es más que una persona sumisa al control atento de la conciencia”. ‘Un discours de circonstance’, Discours édifiants, Œuvres Complètes, éd. cit., vol. 13, 128. Ya en su primer ensayo filosófico había escrito: “El saber del individuo no dejaba de seguir siendo mero saber sobre sí mismo”. Johannes Climacus o de ómnibus dubitandum est, ed. cit., 63.

 

66 “La muchedumbre es propiamente mi blanco polémico”. Kierkegaard, S.: Diario (1847) ed. cit. de C. Fabro, vol. 4 (1980) 14. “Es el ‘pueblo’ el que ahora debe ser abatido. ¿En qué modo? Aquí interviene la categoría: el singular. El proceso de educación del género humano es un proceso de individualización… Es necesario quebrar ese enorme abstracto, que es el ‘pueblo’, con el ‘singular’”. Ib., 128. “La multitud es la falsedad”. Ib., 152. “Un gobierno del pueblo es la verdadera imagen del infierno”. Ib., 156. Su objetivo: “combatir el refugio del mal… la multitud, el impío parlotear entre hombre y hombre, el sacrílego desprecio del singular”. Ib., 184. “El máximo crimen a los ojos de los hombres… es el de ser ‘como los otros’. Y esto prueba su naturaleza animalesca… El destino de los hombres es el de no ser ‘como los otros’, sino el de tener cada uno una propia particularidad”. Ib., 190. “El principio del mal en el mundo es el que siempre he dicho: la multitud y la cháchara”. Ib., (1948) vol. 5, 23. “Otros atacan al singular, guiando a la multitud; yo ataco a la multitud en cualidad de singular, y no he encontrado nunca justificable que valga la pena ponerse a atacar al singular. Atacar al singular en nombre de la multitud, del público, es mundaneidad cobarde”. Ib., (1949-50) vol. 6, 61. “El público y la multitud son la falsedad”. Ib., (1851) ed. C. Fabro, vol. 9 (1982) 69. “Nunca la categoría del género ha estado tan excesiva, nunca la multitud, el número, la abstracción, han sido estados tan prepotentes como en nuestros días; y el singular ha estado marcado tan fuertemente como yo”. Ib. (1854) vol. 11 (1982) 87. “¡Qué ironía! La ley es ésta: todo lo que, para llegar a ser importante, tiene necesidad del número, está eo ipso privado de importancia y es tanto menos importante cuanto más grande es el número que necesita”. Ib., 221.

 

67 “El singular: esta categoría ha sido usada hasta ahora dialécticamente de modo decisivo sólo una vez, por Sócrates”. Kierkegaard, S.: Diario (1847) ed. cit. de C. Fabro, vol. 4 (1980) 114. “La grandeza de Sócrates está en el hecho de que incluso cuando era acusado por los jueces, sus ojos no veían la multitud, sino los singulares. Los hombres de espíritu superior no ven más que singulares… Para Dios, Espíritu infinito, todos estos millones de hombres que vivieron y viven no forman una multitud: Él no ve más que singulares”. Ib., (1850) ed. C. Fabro, vol. 7 (1981) 107.

 

68 “Sócrates y el cristianismo son los que más claro han luchado contra la mitificación de la muchedumbre. Sócrates padeció esta a-espiritualidad del número hecho gobierno, tribunal… donde todos somos iguales, donde la propia responsabilidad se diluye en el anonimato… La multitud es mentira en cuanto que no deja ser al individuo uno mismo ante Dios”. Suances Marcos, A.M.: o. c. 217-219.

 

69Kierkegaard, S.: Punto de vista, ed. cit., 168.

 

70Ib., 164.

 

71Kierkegaard, S.: Diario (1847) ed. cit. de C. Fabro, vol. 4 (1980) 10. Cf. asimismo: Ib., (1850) vol. 7 ed. cit., (1981) 11. Más adelante sentencia: “el cristianismo reposa sobre el pensamiento de que la verdad es el singular”. Ib., vol 7, 49. “El cristianismo se refiere al singular”. Ib., vol. 9 (1982) 110; “La doctrina del singular es el punto clave de la concepción del cristianismo”. Ib., vol. 10 (1982) 42; “El cristianismo reposa sobre la realidad del singular”. Ib., (1854) vol. 11 (1982) 43.

 

72Kierkegaard, S.: Diario (1849) ed. cit. de C. Fabro, vol. 5 (1981) 190-1. Más adelante se lee: “para el cristianismo se trata de hecho de meterse como singular en relación con Dios… ¡Ponerse en relación con el singular, con todo singular! Esto es aquel enorme 0más’ que tiene el cristianismo sobre todo el paganismo y el judaísmo, donde Dios permite al singular relacionarse con él únicamente a través de un abstracto”. Ib., (1854) vol. 10 (1982) 205. “El cristianismo se refiere absolutamente al aislamiento (el singular)”. Ib., (1854) vol. 11 (1982) 131.

 

73Kierkegaard, S.: Diario (1847) ed. cit. de C. Fabro, vol. 4 (1980) 108.

 

74 “La característica de la humanidad respecto de la animalidad es que el singular es más alto que la especie; mientras el aspecto dominante por el cual se consideran los ejemplares del género animal es el género, para el hombre la cosa es el singular, esto es, cada singular, cuando verdaderamente sea un singular”. Kierkegaard, S.: Diario (1849-50) ed. cit. de C. Fabro, vol. 6 (1981) 109. “En todo género animal la especie es la cosa más alta, la idealidad; el individuo es siempre la cosa que de continuo surge y desaparece, realidad precaria; la especie es la cosa más alta, la copia es la realidad inferior. Sólo en el género humano la situación —a causa del cristianismo— es que el individuo es más alto que el género”. Ib., (1854) vol. 11 (1982) 86. Para Kierkegaard “un ser personal es un ser dotado de naturaleza espiritual en su peculiaridad incomunicable… los rasgos principales de la persona son la libertad, la responsabilidad y su preeminencia por encima de la especie”. Torralba Roselló, F.: Amor y diferencia. El misterio de Dios en Kierkegaard. Barcelona: PPU, 1993, 157.

 

75 “En el fondo el constitutivo de una personalidad es la conciencia. La persona es una determinación individual, constatada por el hecho de ser conocida por Dios en la posibilidad de la conciencia”. Kierkegaard, S.: Diario (1846), ed. de C. Fabro, vol. 3 (1980) 168. “Que veut donc inculquer la consciente morale en te donnant l´idée claire d´être un Individu?”. ‘Un discours de circonstance’, Discours édifiants, en Œuvres Complètes, vol. 13, ed. cit., 128; “L conscience d´être devant Dieu un Individu chargé d´une responsabilité éternelle est la seule chose nécessaire”. Ib., 133. Cf. al respecto: Webb, E.: Philosophers of Consciousmess: Polanyi, Lonerhan, Voegelin, Ricoeur, Girard, Kierkegaard, Washington, Washington University Press, 1988, 226-283.

 

76Kierkegaard, S.: Diario (1849-50) ed. cit. de C. Fabro, vol. 6 (1981) 117.

 

77 “Llegar a ser singular, conservarse como singular, es la vía de la verdad”. Kierkegaard, S.: Diario (1854) ed. C. Fabro, vol. 11 (1982) 68.

 

78Kierkegaard, S.: Post-scriptum, ed. cit., 277. Lo repite en la página 281, y en presente (mi tesis ‘es’ que la subjetividad es la verdad) en la página 278.

 

79Kierkegaard, S.: Diario (1854-55) ed. cit. C. Fabro, vol. 11 (1982) 156.

 

80Kierkegaard, S.: Diario (1854-55) ed. cit. C. Fabro, vol. 11 (1982) 158.

 

81 “Es eternamente verdad que cada hombre puede ser uno. Ésta es la verdad”. Kierkegaard, S.: Ib., 143.

 

82Kierkegaard, S.: Punto de vista, ed. cit., 140.

 

83Ib., 141-142.

 

84Ib., 152.

 

85 “Una de las cosas que más me ha maravillado en mi actividad de escritor ha sido como siempre yo había comenzado con ‘aquel singular’, con querer el singular, con este principio tan completamente verdadero”. Kierkegaard, S.: Diario (1850) ed. cit. C. Fabro, vol. 7 (1981) 79.

 

86 “El asunto del ‘singular’ es tratado en cada uno de los ‘Escritos seudónimos’. Sí, sin duda, e incluso de este modo: hacer girar los seudónimos en torno a este tema define que es el general, el singular, el singular particular (la excepción), y designando al singular particular en su sufrimiento y en su extraordinariedad”. Kierkegaard, S.: Diario (1849) ed. cit. de C. Fabro, vol. 5 (1981) 167.

 

87Ib., 154.

 

88 “Toda persona seria que tenga vista para las condiciones de nuestro tiempo se dará cuenta fácilmente de lo importante que es hacer un esfuerzo profundo y rigurosamente consistente, que no se asusta de las extremas consecuencias de la verdad, para oponer la inmoral confusión que, filosófica y socialmente, tiende a desmoralizar ‘el individuo’ mediante la ‘humanidad’ como una fantástica idea de la sociedad; una confusión que propone un desprecio absoluto por aquello que es la primera condición de la religiosidad, ser un individuo singular. Sólo es posible oponerse a esta confusión haciendo de los hombres individuos singulares… La edificación, incluso mucho más expresamente que el amor, se relaciona con el individuo”. Kierkegaard, S.: Punto de vista, 158. Y en su diario escribió: “Todos los pensadores más profundos (Hegel, Daub…) concuerdan en hacer consistir el mal en la ‘subjetividad aislada’: la salvación estaría en la objetividad… Oh! ¡qué confusión más profunda!”. Diario (1949-50) ed. cit. de C. Fabro, vol 6 (1981) 74. Más adelante añade: “El error está precisamente en esto: que el universal, en el cual el hegelianismo hace consistir la verdad… es un abstracto, el Estado, etc. No llega a Dios que es la subjetividad en sentido absoluto, y no llega a la verdad: al principio que realmente, en última instancia, el singular es más alto que lo general, esto es el singular considerado en su relación a Dios”. Ib., 82.

 

89Kierkegaard, S.: Diario (1847-8) ed. de M.A. Bosco. Buenos Aires: ed. Santiago Rueda, 1995, 214. Vanderwalle destaca varias dimensiones educativas del pensamiento kierkegaardiano en su libro Kierkegaard, Éducation et subjectivité. Paris: L´Harmattan 2008.

 

90Kierkegaard, S.: Diario (1849) ed. cit. de M.A. Bosco, ed. cit., 229.

 

91Diario (1849) ed. de M.A. Bosco, ed. cit., 250.

 

92Diario (1847-8) ed. de M.A. Bosco, ed. cit., 207.

 

93Kierkegaard, S.: Punto de vista, ed. cit., 164. “Religiosamente hablando, no existe eso que se llama público, sino solamente individuos; porque la religión es seriedad, y la seriedad es… lo individual, sin embargo, en sentido en que todo hombre, absolutamente todo hombre, además de ser hombre, puede ser, mejor dicho, debe ser un individuo”. Ib., 181.

 

94Kierkegaard, S.: Diario (1834) ed. cit. de M.A. Bosco, ed. cit., 42. “El hombre que carece de un centro de gravedad interior no logrará mantenerse a flote en las tempestades de la vida. Solo cuando el hombre se haya comprendido a sí mismo… será capaz de conducir una existencia independiente y evitará el extravío del propio ‘yo’”. Ib., (1834) 43.

 

95 “Las ocupaciones del hombre común, eso que llaman ‘vida práctica’, no me interesan en absoluto. Además, su frialdad, su completa apatía con respecto a los móviles espirituales e íntimos del hombre, me distanciaron todavía más… Trataré de fijar mi mirada tranquila sobre mí mismo y empezaré por actuar partiendo desde lo íntimo… Para ello necesito tenacidad; además, no es posible recoger enseguida lo sembrado… así como no se inicia una fiesta al amanecer sino en el ocaso, así también en el mundo del espíritu es necesario trabajar durante algún tiempo antes de que el sol luzca de veras para nosotros y de que se nos muestre en todo su esplendor”. Ib., 44.

 

96Kierkegaard, S.: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. I,ed. cit., 46, 51. “¿Cuál es, en resumidas cuentas, el sentido de esta vida? Si uno divide a las personas en dos grandes clases, puede afirmar que unas trabajan para vivir, mientras que las otras no tienen esa necesidad. Ahora bien, trabajar para vivir no puede ser el sentido de la vida, pues es una contradicción que procurar las condiciones sea la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida, que se ve condicionado por ellas. La vida del resto no goza tampoco en general de ningún sentido salvo el de consumir las condiciones. Si así lo prefiere, uno puede decir que el sentido de la vida es morir, mas esto parece de ser de nuevo una contradicción”. Ib.,vol.I,55-6.

 

97Kierkegaard, S.: Post-scriptum, ed. cit., 296. En su diario se lee: “la especulación no es más que una continua sofística respecto al existir porque no hace más que volver hacia atrás de continuo”. Diario (1850) ed. cit. C. Fabro, vol. 7 (1981) 94.

 

98Kierkegaard, S.: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. II, ed. cit., 165.

 

99 Cf. Michelsen, J.M.: “Kierkegaard on choosing oneself and the ground of the ‘moral sense’”, Analecta Husserliana, 22 (1987) 227-238.

 

100Kierkegaard, S.: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. II, ed. cit., 192.

 

101 Cf. Ib., 193.

 

102Ib., 194.

 

103Ib., 198-9.

 

104 “En cuanto pienso, me infinitivo también a mí mismo, pero no de manera absoluta, pues me pierdo en el absoluto; sólo cuando me elijo de manera absoluta, sólo entonces me infinitivo absolutamente, pues yo mismo soy el absoluto”. Ib., 203.

 

105 “En cierto sentido, todo hombre es una excepción, y es tan cierto que todo hombre es lo humano-general como que es una excepción”. Ib., 291.

 

106Ib., 223.

 

107Ib., 201.

 

108Kierkegaard, S.: Post-scriptum, ed. cit., 133. “Llegar a ser subjetivo es ciertamente una tarea muy loable, el quantum satis de una vida humana… Llegar a ser subjetivo es la tarea más elevada que se le plantea a todo hombre, de igual manera que jamás alta recompensa, a saber, una salvación eterna, sólo existe para el hombre subjetivo o, más bien, nace para quien llega a ser subjetivo”. Ib., 166.

 

109Ib., 170.

 

110 “Socialmente no está permitido responder a la pregunta por la inmortalidad, pues no está permitido plantearla socialmente, de manera que sólo el sujeto que quiere llegar a ser subjetivo puede asir la pregunta y preguntar adecuadamente: ¿Soy yo, o puedo yo llegar a ser inmortal?… La conciencia de mi inmortalidad me pertenece en completa soledad, y sólo e el instante en que soy consciente de mi inmortalidad soy absolutamente subjetivo… Sistemáticamente no está permitido demostrar la inmortalidad”. Ib., 176.

 

111 “La inmortalidad es el interés más apasionado de la subjetividad, la prueba reside precisamente en el interés… El sujeto existente pregunta entonces, de forma completamente sencilla, no por la inmortalidad en general, pues semejante fantasmagoría no existe en absoluto, sino sobre su inmortalidad”. Ib., 177.

 

112 “La certidumbre de la inmortalidad reside justamente en la subjetividad”. Ib., 203.

 

113 “Lo importante es la energía con la que tomo éticamente conciencia de mí mismo, o, mejor dicho, no puedo tomar conciencia de mí mismo de manera ética sin energía. No puedo jamás, por tanto, tomar conciencia de mí mismo de manera ética sin tomar conciencia de mi valor eterno. Ésa es la verdadera prueba de la inmortalidad del alma”. Kierkegaard, S.: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida, vol. II, ed. cit., 241.

 

114Kierkegaard, S.: Diario (1839), ed. cit. de C. Fabro, vol. 2 (1980) 158.

 

115 “El alma humana como subsistente, está compuesta de potencia y acto, pues la misma sustancia del alma no es su ser sino que se compara a él como la potencia al acto. Y de aquí no se sigue que el alma no pueda ser forma del cuerpo, ya que incluso en estas formas eso que es como la forma, como el acto, en comparación a una cosa, es como potencia en comparación a otra”, Tomás de Aquino:Cuestiones Disputadas De Anima, q. única, a. 1, ad 6.

 

116 Cf. Polo, L.: Antropología trascendental, I. La persona humana. Pamplona: Eunsa, 2ª ed., 2003.