Las personas como particulares básicos en la metafísica descriptiva de Strawson

las personas

Luis Estrada González
Universidad Nacional Autónoma de México
loisayaxsegrob@gmail.com

Las personas como particulares básicos en la metafísica descriptiva de Strawson1

Resumen

En este artículo expongo las ideas de Strawson acerca de la noción de persona en el marco de su proyecto de metafísica descriptiva (o análisis conceptual conectivo) para responder al problema de la posibilidad de la experiencia. Presento las razones por las que Strawson considera que el concepto de cuerpo u objeto material es básico, y sus ideas acerca de las personas como individuos básicos, al ser objetos materiales pero sui generis. Al final señalo algunos problemas y cabos sueltos en la propuesta de Strawson, así como algunas vetas de investigación a partir de ella.

Palabras clave: Strawson, persona, objeto material, mente, análisis conceptual conectivo

Persons as basic particulars in Strawson’s descriptive metaphysics

Abstract

In this paper I expound Strawson’s ideas on the notion of person in the framework of his project of descriptive metaphysics (or connexive conceptual analysis) to answer the problem of the possibility of experience. I present Strawson’s reasons to consider the concept of body or material object as basic and his ideas on persons as basic individuals since they are sui generis material objects. Finally, I point out some problems and loose-ends in Strawson’s proposal, as well as some research lines from it.

Keywords: Strawson, person, material object, mind, connective conceptual analysis

Recepción del original: 29/08/14
Aceptación definitiva: 08/12/14


1. Introducción

En este artículo expongo las ideas centrales de Strawson acerca de la noción de persona. Un trabajo de este tipo, sobre todo en español, y aunque sea mayormente expositivo, me parece importante porque –por sus intereses, planteamientos, métodos y voluntad de sistema– la propuesta de Strawson constituye un gozne o puente de unión entre las propuestas tradicionales y las analíticas contemporáneas acerca de la noción de persona, incluso cuando resultan tremendamente críticas respecto a Strawson.2

El plan del trabajo es el que sigue. En la sección 2 planteo el problema de la posibilidad de la experiencia, tal como lo entiende Strawson. En la sección 3 describo su proyecto de metafísica descriptiva, que pretende responder al problema de la posibilidad de la experiencia, una de cuyas partes centrales consiste en determinar cuáles son los (conceptos de) individuos básicos para cualquier (descripción del) mundo. En la sección 4 expongo las razones por las que Strawson considera que los cuerpos u objetos materiales son esos individuos básicos (por qué el concepto de objeto material es básico). En la 5, sus ideas acerca de las personas como individuos igualmente básicos al ser objetos materiales pero sui generis. Por fin, en la 6, señalo algunos problemas y cabos sueltos en su metafísica descriptiva en general y en sus ideas acerca de las personas en particular, así como algunas vetas de investigación que brotan de todo lo anterior.

2. El problema de la posibilidad de la experiencia

Para Strawson, la experiencia es una “comunión con la naturaleza” o una “relación con el mundo”,3 que se expresa principalmente en proposiciones;4 y éstas son, a su vez, “usos de conceptos”, la aplicación de conceptos (a grandes rasgos, los significados de las palabras) a las cosas del mundo.5 De este modo, la experiencia podría también entenderse como el uso de conceptos aplicables a objetos que se encuentren o puedan encontrarse en el mundo.6 Experimentar sería, pues, en gran parte, aplicar un concepto; éste es un “principio de significatividad”, derivado de lo que Strawson denomina “insistencia empirista” o “principio fundamental del empirismo”, según el cual la comprensión de un concepto de algo objetivamente real es inseparable de la noción de una posible aplicación de ese concepto en la experiencia.7 Por consiguiente, el problema de la posibilidad de la experiencia equivaldría al de esclarecer si un concepto puede tener aplicación o no. De esta manera, si la relación con el mundo se lleva a cabo mediante el uso de conceptos, el filósofo británico se aboca a la tarea de encontrar los conceptos indispensables para expresar tal relación con el mundo, porque parece que sigue habiendo relación con el mundo incluso prescindiendo de gran parte de los conceptos que se usan cotidianamente: es decir, seguramente podría seguir habiendo mundo aunque no hubiera sillas, senadores, gatos o filósofos, y podríamos describir tal mundo. Antes del “problema ontológico común” (“¿qué hay o existe, o decimos que hay o existe?”), habría que atender a otro problema ontológico más fundamental: ¿cuáles son las condiciones para que haya algo o podamos decir que lo hay? Y es que, siempre en opinión de Strawson, decir qué hay equivale a señalar lo que cuenta como real, pero no aclara por qué eso cuenta como real y por qué otras entidades no cuentan o no pueden contar como reales.

Strawson llega al problema de la posibilidad de la experiencia de dos maneras. La primera, que aparece en sus últimos escritos, es el “desmonte conceptual [conceptual dismantling]”.8 Al pretender describir los conceptos más generales de los que consta nuestra estructura conceptual o nuestro lenguaje, Strawson advierte que muchos conceptos no son necesarios ni generales o, con otras palabras, que son prescindibles y demasiado concretos; que puede haber experiencias del mundo sin objetos a los que aplicar esos conceptos: el pasado u otras regiones del mundo serían ejemplos de tales experiencias alternativas.9 Sin embargo, tal desmonte no puede realizarse indefinidamente, porque algunos conceptos no sólo serían suficientemente generales, sino también irreductibles y necesarios en cualquier estructura conceptual.10 Nótese que este planteamiento presupone lo que puede llamarse “principio de no coextensividad de lo real con lo experimentable”: como lo experimentable no agota lo real, cabe preguntar por otras experiencias, pasadas, futuras o simplemente posibles. Además, aunque aquí no puedo ahondar en este punto, el principio mencionado ayuda a garantizar cierta objetividad en los juicios, pues los conceptos que utilizan se referirían a objetos concebidos como distintos de los estados subjetivos particulares que de ellos tenemos, de las representaciones o experiencias particulares.11

En cuanto a la segunda manera de llegar al problema, quizá más clara que la anterior,12 mencioné que para Strawson la experiencia es el uso de conceptos, la formulación de proposiciones acerca del mundo. Lo peculiar de esa idea es que, mediante el establecimiento y análisis de las condiciones mínimas que deben cumplirse para que quepa formular las proposiciones, pretende obtener los rasgos mínimos que ha de presentar un mundo para que podamos experimentarlo. De todos los posibles usos del lenguaje, a Strawson le interesa el “uso descriptivo”, es decir, el de oraciones declarativas, las que sostienen: “Así es como las cosas son […]”.13

Strawson afirma que las oraciones cumplen tal función gracias a su estructura apofántica: una oración puede ser verdadera o falsa porque dice algo acerca de algo. Una oración vendría a ser, por tanto, lo que el autor llama “la combinación básica” de dos tipos diferentes de elementos: aquello de lo que algo es dicho, o sujeto, y lo que expresa lo que es dicho sobre aquél, o predicado. De ahí que Strawson defienda la estructura de sujeto y predicado como rasgo fundamental de todo lenguaje, ya que en cualquiera de ellos se dice algo acerca de algo. La distinción entre sujeto y predicado lleva, pues, a Strawson a investigar por qué es posible formular ese tipo de oraciones, fundamentales para cualquier lenguaje.

He aquí, pues, el problema, aunque todavía no expresado de manera precisa, ya que puede significar alguna de las siguientes alternativas, que enumero en grado creciente de dificultad:

– ¿Cuáles son los rasgos básicos de nuestra estructura conceptual para describir nuestro mundo?

– ¿Cuáles son los rasgos básicos de cualquier estructura conceptual para describir nuestro mundo?

– ¿Cuáles son los rasgos básicos de cualquier estructura conceptual para describir cualquier mundo experimentable?

En ocasiones, Strawson se expresa como si abordara las versiones más fuertes del problema, pero otras parece enfrentarse a la más simple. En lo que sigue, asumo, con base en evidencia textual que no puedo detallar ahora, que Strawson se aboca a intentar resolver el problema medio: cuáles son los rasgos de cualquier estructura conceptual que pudiera usarse para describir nuestro mundo. Sin embargo, antes de dilucidar los rasgos imprescindibles para formular juicios, Strawson intenta precisar el método que le permita encontrarlos y el objeto de estudio de ese método, a la vez que muestra por qué otros métodos no resolverían el problema. Trataré en primer lugar estas cuestiones metodológicas.

3. Metafísica descriptiva y análisis conceptual

En claro desacuerdo con las imágenes con que habitualmente se presenta a la filosofía analítica, Strawson propone otra manera de entender el método analítico, más afín a su propósito de encontrar los conceptos necesarios para la experiencia.

La imagen o “analogía” de la filosofía como un estudio similar al de la gramática no satisface del todo a Strawson: pese a sus méritos, semejante analogía supone indebidamente que hay una estructura, la “gramática del pensamiento”, donde quizá sólo exista una colección de “usos lingüísticos”.14

Tampoco le resulta satisfactorio el retrato del filósofo analítico “como una especie de terapeuta”: según él, esta imagen impide formular “teorías generales de la realidad”, que el analítico terapéutico consideraría como “castillos en el aire”, de acuerdo con el dictum de Wittgenstein que el propio Strawson recuerda. El “analista terapeuta” recomendaría atender sólo al uso habitual de las palabras, y dado que en el aprendizaje lingüístico no tuvimos contacto alguno con “teorías generales”, éstas serían construcciones ilegítimas, surgidas de desviaciones del uso corriente del lenguaje.15

Concede Strawson que tales teorías generales o, como también las llama, “teorías sistemáticas positivas” o “imágenes metafísicas de la realidad”, generalmente desembocan “en una visión global distorsionada”; pero añade que esto no siempre sucede16 y, sobre todo, que la formulación de tales teorías resulta inevitable e incluso benéfica para “sacudir” hábitos establecidos en la investigación científica y promover el desarrollo, la difusión y la aceptación de nuevas ideas.17 Según Strawson, una metafísica “que haga declaraciones más modestas y menos discutibles que las anteriores”18 no generaría necesariamente esas “visiones distorsionadas”. Desde Individuals, Strawson había argumentado que la “senda segura” del análisis del lenguaje que se limita a señalar los usos debería abandonarse si con ello ganáramos comprensión. Ahí dice que “hasta cierto punto, confiar en un examen atento del uso efectivo de las palabras [“análisis del lenguaje ordinario”] es el mejor camino, y en realidad el único seguro, en filosofía”,19 pero según él esa empresa sería “limitada y parcial”, “pues cuando preguntamos cómo se usa esta o aquella expresión, nuestras respuestas tienden a asumir y no a exhibir esos elementos generales de la estructura que el metafísico quisiera ver revelados.”20 Por tales motivos, Strawson sugiere que el filósofo interesado por estas cuestiones “debe, pues, abandonar su única guía segura cuando la guía no puede llevarle tan lejos como desea ir”.21

Strawson sostiene que “la noción más general de este nombre [‘análisis’] parece ser la de resolver algo complejo en sus elementos y mostrar las formas en que éstos se relacionan con el complejo.”22 Aceptando esta definición de ‘análisis’, nuestro autor afirma que su tarea radicaría en “encontrar ideas […] completamente simples y demostrar […] cómo pueden ensamblarse […] mediante un género de construcción lógica o conceptual las ideas más o menos complejas que son de interés para el filósofo.”23 En otras palabras, la tarea del filósofo analítico sería “lograr una comprensión clara de los significados complejos reduciéndolos, hasta que no quede resto alguno, a significados simples.”24 Precisando un poco más la noción de “análisis”, Strawson apela al “análisis conceptual”, consistente en “averiguar las condiciones necesarias [las que han de satisfacerse si el concepto se aplica de forma correcta] y suficientes [las que, de satisfacerse, hacen que el concepto se aplique con corrección] de la aplicación correcta del concepto.”25

En otro lugar, Strawson ofrece una variante del análisis “reductivo”, caracterizado por la idea de traducción, y dice que, en esta concepción del análisis, los problemas filosóficos se resolverían traduciendo las oraciones del lenguaje ordinario que contuvieran conceptos problemáticos, o con estructura gramatical confusa, a oraciones sinónimas que, sin embargo, exhibieran claramente las complejidades de los conceptos problemáticos o que mostraran diáfanamente la auténtica estructura de los pensamientos que expresaban o de los hechos que pretendían significar.26 Strawson agrega que aunque algunos entre quienes empleaban el análisis no compartían la idea de que en última instancia este método revelaría “lo dado”, “sin embargo, [todos los analíticos reduccionistas] aceptaban la noción general de que las paráfrasis esclarecedoras eran, idealmente, lo que el análisis debía producir”.27

Empero, Strawson afirma que el análisis, entendido tal y como arriba se expuso, no es muy “realista” ni “fructífero”, e incluso lo califica de “proyecto bastante implausible”.28 Y todo ello debido a la desilusión que provoca y a sus fallas técnicas, entre las que destacan la falsificación de los conceptos analizados o la fidelidad al costo de círculos viciosos.29

Strawson propone un análisis similar al antes descrito, pero abordado “con un espíritu relativamente modesto”; es decir, un tipo de análisis que puede prescindir de la noción de “simplicidad perfecta de conceptos” y que, por ende, no necesariamente ha de “proceder siempre en la dirección de la mayor simplicidad.”30 El análisis así entendido sería más bien la elaboración de “una red […] de elementos conectados entre sí, de conceptos; un modelo en el que la función de cada elemento, de cada concepto, sólo puede comprenderse apropiadamente desde el punto de vista filosófico captando sus relaciones con los demás, su lugar en el sistema.”31 Esto es lo que Strawson llama análisis de “conexión”, frente al de “reducción”, el cual pretende seriamente encontrar los “conceptos simples”.32

La “modestia” del análisis propuesto por Strawson lo aleja del análisis entendido como “terapia” y lo emparenta con el análisis concebido como gramática: pues el análisis strawsoniano solamente pretende encontrar los conceptos básicos de toda estructura conceptual, pero no producir estructuras conceptuales diferentes o “mejores” de las que ya tenemos. En esto radica la célebre distinción entre “metafísica descriptiva” y “metafísica revisionista”, presentada en Individuals. La metafísica descriptiva, llamada posteriormente “análisis conceptual (conectivo)”, tan sólo revelaría las formas básicas de los discursos existentes, mientras que la metafísica revisionista (en la cual se incluye la filosofía analítica terapéutica) intentaría generar discursos mejores.

Strawson distingue entre conceptos simples y conceptos básicos. Un concepto básico no sólo es irreductible –como los simples–, sino también un concepto general y necesario que, “junto con otros conceptos generales, necesarios e irreductibles, forma una estructura que constituye el marco de nuestros pensamiento y habla ordinarios y que es presupuesto por las varias disciplinas especializadas o avanzadas que contribuyen, en sus diversas maneras, a nuestra imagen total del mundo.”33

Considera, asimismo, dos tipos de estructuras conceptuales básicas: las que lo son en sentido “débil” y las que lo son en sentido “fuerte”. La estructura conceptual básica “débil” sería, según Strawson, el discurso no técnico ordinario, porque los discursos técnicos se elaboran apoyándose en él y porque la habilidad de operar con los discursos técnicos presupone la habilidad de hacerlo con el discurso ordinario.34

Pero los conceptos de una “estructura conceptual básica débil” cumplen parcialmente con los requisitos para ser conceptos básicos tout court, porque, aunque presupuestos por los discursos técnicos, esos conceptos no son ni irreductibles, ni suficientemente generales, ni absolutamente necesarios.35 Strawson sostiene que conceptos como piedra, gato o montaña pueden reducirse a otros. Sin embargo, aun cuando los conceptos recién mencionados no pudieran ser reducidos a otros, hay un concepto más general que los englobaría, a saber, el de cuerpo u objeto material. Pero la generalidad no basta: felino es más general que gato, león, tigre –y los engloba–, pero no es necesario, pues, como ya se ha dicho, conceptos de este tipo son y han sido perfectamente prescindibles en otros lugares y épocas.

A primera vista, el concepto de cuerpo, que abarca muchos otros conceptos del discurso ordinario no técnico, pertenece a un discurso técnico. Strawson, empero, intenta argumentar que en realidad forma parte de una estructura conceptual más básica que el discurso no técnico ordinario: de una estructura conceptual “básica en sentido fuerte” o “filosófica”. Cabe deducir, como también afirma Strawson, que tal estructura “habla […] en un nivel de generalidad más elevado que el nivel en el que habitualmente nos situamos.”36 Recordemos que Strawson reprocha al “analista gramático” la pretensión de que existe una estructura… de la que no ofrece evidencias; y esto, porque sus propuestas también se “salvarían” con la sola existencia de un grupo de usos, sin estructura subyacente alguna. Por su parte, Strawson pretende sacar a la luz la evidencia de tal estructura, cuando explica que, pese a que muchos de los conceptos cambien, algunos siempre deben estar presupuestos en el pensamiento y en el discurso: por ejemplo, los que posibilitan el uso de oraciones con sujeto y predicado.37 Tal estructura sería básica en el sentido fuerte, ya que sin ella resultaría imposible el uso de los conceptos ordinarios o, lo que es lo mismo, la experiencia.

Según Strawson, la estructura conceptual fuerte puede encontrarse tras un desmonte conceptual como el descrito en la sección 2 (o, cabría agregar, tras buscar las condiciones de posibilidad de los juicios de forma sujeto-predicado). En su opinión, aunque los conceptos del discurso ordinario son presupuestos por el discurso técnico, podemos prescindir de algunos conceptos del discurso ordinario y seguir teniendo experiencia (“comunión con la naturaleza” por medio de juicios). Strawson analiza, por ejemplo, si es posible pensar un mundo sin color y sin sonido: “La concepción de un mundo sin color, o la experiencia de un mundo sin color, no sólo no es autocontradictoria, sino inteligible en un sentido mucho más fuerte. […] Lo mismo puede decirse del concepto general de sonido. (La existencia de ciegos y sordos es, quizá, suficiente prueba de ello).”38 La estructura conceptual básica en sentido fuerte sería, entonces, el andamiaje conceptual que queda cuando ya no es posible seguir realizando el desmonte conceptual (es decir, seguir “quitando” del mundo conceptos tales como color, sonido, etcétera).

Puede ya entreverse por qué Strawson prefiere la noción de concepto básico a la de concepto simple: primero, por la ya señalada “implausibilidad” del “análisis reductivo”; segundo, porque los conceptos simples no necesariamente son siempre básicos –pueden ser irreductibles, pero no necesarios o no generales–, ni éstos son siempre simples –pueden ser complejos pero de una manera irreductible, esto es, sin que haya otros conceptos más simples que sean a su vez necesarios y suficientemente generales y que puedan formar una estructura conceptual que posibilite el uso del resto de los conceptos.39

Siempre en el decir de Strawson, la existencia de estructuras conceptuales básicas, tanto en el sentido débil como en el fuerte, suscita algunas dudas. La primera surgiría de la pretensión de primar un tipo de estructura sobre la otra. La razón de mayor peso para no dar más importancia a una que a otra –para conceder a la débil más valor que a la fuerte, por decirlo así–, sería precisamente que ambos tipos de estructuras conceptuales básicas resultan problemáticas.

La principal objeción a la estructura fuerte es la de hallarse “expuesta a una forma de escepticismo” según el cual ningún argumento puede garantizar que un concepto o un conjunto de conceptos sea necesario.40 Strawson dice que esta pregunta es seria y que, aunque no se responda de manera contundente y satisfactoria, el análisis no pierde su importancia, pues de cualquier manera “llegar a comprender […] los rasgos más generales de nuestra estructura conceptual, tal y como es de hecho –se pueda o no demostrar la necesidad de esos rasgos–, es tarea suficiente para un filósofo, por ambicioso que sea.”41 Recuérdese que los conceptos básicos en sentido fuerte serían generales, irreductibles y necesarios, mientras que los básicos en sentido débil son únicamente generales y quizá irreductibles. Por eso afirma que mientras se busque la generalidad, el análisis estará presente y será relevante.

Para Strawson, si hubiera que prescindir de la concepción fuerte, cabría siempre recurrir a la débil (el “mejor” método, el “único seguro en filosofía”, como ya había dicho en Individuals). Sin embargo, Strawson no afirma que haya que abandonar la concepción fuerte, e incluso presenta un esbozo de una estructura de este tipo, una estructura que exhibiría los límites del desmonte conceptual y, con ello, los límites de la experiencia. En la siguiente sección expongo los rasgos básicos de esa propuesta.

No obstante, y siempre según Strawson, otro tipo de escepticismo podría amenazar incluso a la concepción débil. Tal escepticismo provendría principalmente de los filósofos que simpatizan con el análisis entendido como terapia –“No se ande tras una teoría general. Este es el mensaje”–,42 y que propugnan analizar tan solo los conceptos que adquieren significado en los “asuntos humanos” o en las “formas de vida”. Strawson afirma que este escepticismo debe dejarse de lado: “Pero uno podría decir: ¿no es esto, aunque expuesto de forma ligeramente paradójica, una doctrina sobre lo que es básico desde un punto de vista filosófico, a saber: las «formas de vida»?”.43 Además, Strawson sostiene que cabe decir algo acerca de las “conexiones” entre las formas de vida: “Sería difícil encontrar una razón que apoye la respuesta de que nada se puede decir sobre esas conexiones. Dejemos, pues, a un lado esta clase de escepticismo.”44

4. El carácter básico del espacio, el tiempo, los cuerpos y las perspectivas

Para poder dar cuenta de la posibilidad de la experiencia, Strawson se propone estudiar la forma general de nuestra estructura conceptual. Y esto le lleva a ocuparse del problema de la identificación y reidentificación de “individuos”, pues en función de ellos “pensamos” y experimentamos, es decir, realizamos juicios. Según Strawson, los “individuos” serían “todo lo que hay” (colores, personas, animales, números, procesos, relaciones, estados de conciencia, etcétera), mientras que los “particulares” son los individuos localizados en el espacio y el tiempo.45 Estamos ante una cuestión relevante, pues un dictum (quineano) sostiene que no hay entidad sin identidad: sin criterio de identidad no podemos saber si estamos ante una o más entidades, se esfuma la entidad. Para Strawson, esta fórmula impediría hablar “significativamente acerca de algo sin conocer, al menos en principio, cómo puede ser identificado”,46 lo cual sería otra versión del “principio fundamental del empirismo”.

Strawson parte del que quizá sea el caso más simple de identificación: aquel en el que el individuo es un particular y puede ser señalado deícticamente, por ejemplo, al apuntar con el dedo a “esa oveja del centro del prado”. En tales circunstancias, el particular resulta identificado por su colocación en la escena, en la región espacial en que se encuentra en ese instante. Pero no siempre cabe identificar de manera ostensiva. A veces hay que recurrir a una “expresión identificante”, como “la oveja que tiene la pata quebrada”. Sin embargo, es lógicamente posible que el oyente de esa descripción, incluso sumamente detallada, la tome como referencia a alguna cosa distinta de aquella que se pretende identificar: siguiendo con el ejemplo, si alguien se refiere a cierta oveja mediante las palabras “la oveja que tiene la pata quebrada y un listón rojo”, es posible que otra oveja también satisfaga esa descripción. ¿Es posible, entonces, mediante expresiones identificantes, caracterizar sin riesgo de ambigüedad un particular no presente en la escena? Strawson sostiene que siempre es posible asociar una expresión identificante a un lugar del sistema espacio-temporal y, de este modo, ligar la expresión identificante con la escena. El particular del cual se esté hablando puede ser identificado sustituyendo “la oveja que tiene la pata quebrada” por la descripción “la oveja que tiene la pata quebrada y que el 1 de enero de 2015 a las 10:05 está a dos metros al norte de la casa de Juan”… e incluso con más precisiones espaciales y temporales si fuera necesario. De aquí no se sigue, según Strawson, que todo particular identificable esté en el tiempo y en el espacio, sino que todo particular identificable ha de hallarse “relacionado unívocamente” con algún particular espacio-temporal.

En resumen, según Strawson, para identificar un particular es preciso conocer algún hecho individualizador acerca del mismo: hay que saber que alguna descripción es verdadera de ese particular y de ningún otro. Para que esto suceda tendríamos que poseer, según él, un “sistema unificado de conocimiento de particulares” en el que nosotros y nuestros alrededores inmediatos tengan su lugar y en el que cada elemento de la estructura esté relacionado con otro –incluyéndonos nosotros mismos y nuestros alrededores–, de manera única.47 El principio de identificación reside, al menos en parte, en el conocimiento que tenemos de nosotros mismos como puntos de referencia.48 En su opinión, por tanto, las condiciones necesarias para identificar serían el espacio y el tiempo, así como la perspectiva desde la cual se realiza la localización del particular, mediante el espacio y el tiempo.

Pero no sólo resulta imprescindible identificar particulares, sino que hay que reidentificarlos. Strawson sostiene que solo la reidentificación garantiza el manejo de un sistema conceptual único, que no cambia cada vez que experimentamos algo. Puesto que experimentar es tener una relación con el mundo mediante juicios, y los juicios son usos de conceptos significativos, si no fuera posible reidentificar particulares ninguno de los conceptos podría usarse (en todo caso, no más de una vez) y no cabría formar juicios, tal y como lo hacemos: lo cual también implicaría que los discursos acerca del mundo, tal y como los llevamos a cabo, serían imposibles. Sin embargo, aunque esto mostraría que la identificación y la reidentificación son necesarias para nuestra estructura conceptual, quedaría por determinar qué otros conceptos para individuos o particulares son igualmente necesarios.

Strawson se plantea la cuestión de esta manera: ¿Qué individuos, que podrían llamarse “básicos”, son identificables sin depender de la identificación de otros particulares?49 En la primera parte de Individuals, Strawson se propone descubrir qué individuos son los “particulares básicos”, qué (tipos de) entidades son absolutamente necesarias en nuestro mundo y qué conceptos acerca de ellas son absolutamente necesarios para cualquier descripción de este mundo.50 Tomado como proyecto, el de Strawson se relaciona históricamente con la tradición del empirismo inglés. Pero en éste, al menos después de Berkeley, la razón para llamar “básicos” a ciertos particulares sería que todos los demás particulares resultan en última instancia reducibles a ellos: los sense-data, por ejemplo, son particulares básicos si y sólo si cualquier otra cosa que consideremos un particular (una oveja, una mesa, una persona) resulta, en el “análisis último”, una “construcción de” tales sense-data. Para Strawson, en cambio, es básico un individuo por medio del cual tienen que ser identificados otros individuos, no un elemento a partir del cual se construyen.

En el primer capítulo de Individuals,51 Strawson anticipa que el concepto cuerpo pertenece a la estructura conceptual básica fuerte, y que los cuerpos serían los individuos (particulares, por estar en el espacio y el tiempo) básicos. En el segundo capítulo de Analysis and Metaphysics retoma esta conclusión, pero sólo en el quinto capítulo de ese mismo texto –en el que también hace suyas algunas ideas de The Bounds of Sense– ofrece una explicación más detallada acerca del carácter básico de los cuerpos u “objetos (materiales)”, relacionándola con sus consideraciones acerca de la experiencia sensible.

Veamos cómo defiende Strawson, en el capítulo V de Analysis and Metaphysics, el carácter básico de los cuerpos. Primero recuerda que nuestra experiencia sensible está permeada por conceptos acerca de cómo es el mundo objetivo extendido en el espacio y en el tiempo, y que la forma de ser del mundo determina la verdad o la falsedad de nuestros juicios. Así, los conceptos de lo objetivo, para formular juicios acerca de él, deben incluir conceptos de “modos de ocupación del espacio”.52 Para Strawson, tal “ocupación del espacio” (así como lo que, según él, se deriva de ella, a saber, las “relaciones y propiedades espaciales”) es “relativamente abstracta”: “no podemos hacernos perceptivamente conscientes de la posición, la extensión y la forma de algún ocupante del espacio como no sea haciéndonos conscientes de estas propiedades espaciales bajo alguna modalidad sensible o sensorial específica (…)”.53 De acuerdo con Strawson, para “hacernos conscientes” de la forma, el tamaño y la posición de cualquier “ocupante del espacio”, debemos reconocer los límites definidos por “cualidades visuales y táctiles” asociadas a otros tipos de percepción sensible. Así, según el autor, no basta con decir que un objeto dado tiene posición, tamaño y forma, sino que “(…) usted puede preguntar con la misma propiedad de qué color es, dónde está su cuadra o qué altura tiene.”54

Pero no hay que olvidar que el concepto de tiempo también sería básico para cualquier estructura conceptual de la experiencia. De ahí que Strawson trate de discernir la relación entre el tiempo y los “ocupantes del espacio”: si la perspectiva espacial de un mundo objetivo posee contenido empírico, si efectivamente significa algo, es porque el sujeto necesariamente tiene y puede aplicar empíricamente la idea de “identidad permanente” de algunos de los objetos que percibe.55 En otras palabras, así como Strawson sostuvo la necesidad de identificar (distinguir) a los individuos básicos, también es preciso determinar criterios para su “permanencia” (reidentificación). Los objetos, por ser entidades ocupantes de espacio (relativamente) duraderas, cumplen con estos requisitos.

La idea básica aquí es que la noción de identidad, en tanto que permanencia relativa en el tiempo, sirve para dotar de “contenido empírico o experiencial” a la de perspectiva espacial: sin tal noción de identidad, dos usuarios de conceptos nunca podrían afirmar que están viendo el mismo objeto; pues, siendo el espacio-tiempo factor de discernimiento, y estando dos usuarios de conceptos en diferentes posiciones del espacio-tiempo, podrían afirmar que los objetos también son distintos cuando son percibidos desde diferentes localizaciones. Pero la noción de identidad ayuda a no imputar diferencia directamente a los objetos percibidos, sino precisamente a las percepciones mediante la noción de perspectiva espacial.56

Una nueva duda surge ahora: ¿cómo los “ocupantes del espacio” pueden considerarse entidades “relativamente duraderas”, si constantemente dejan de estar en “nuestro ámbito perceptivo inmediato”? O, expuesto de otro modo: ¿cómo reconocer que la oveja que vi hace unos días es una entidad duradera y que puede ser, relativamente, la misma oveja que veo ahora? Strawson da criterios de discernimiento de objetos pero, como señalé más arriba, los únicos criterios que ofrece para la reidentificación es la “recurrencia cualitativa”57 y la circunstancia de que “nosotros de hecho así lo hacemos” y que, de lo contrario, “no podríamos usar los conceptos que los subsumen”,58 pues tendríamos que cambiar constantemente de estructura conceptual.59

Strawson añade que objeto en el sentido “fuerte”, es decir, como concepto básico, no es únicamente una instancia particular de conceptos generales, sino que “tiene connotaciones de «objetividad»”. Esta “objetividad” consistiría en que “la experiencia incluye necesariamente el conocimiento de objetos, concebidos como distintos de los estados subjetivos particulares del conocimiento que de ellos tenemos, de las «representaciones» o «experiencias particulares».”60

El último rasgo caracterizador de los individuos básicos es que sirvan para identificar a otros tipos de individuos, sin ser ellos mismos identificados por medio de otros tipos de individuos. Retomando el caso de los sense-data –otros individuos que son considerados básicos en varias vertientes del empirismo y de la filosofía analítica–, Strawson sostiene que no pueden contar como individuos básicos por requerir de un particular, un objeto material público, típicamente una persona, para ser identificados. Por ello Strawson considera que la noción de objeto o cuerpo material es básica, necesaria para nuestra estructura conceptual y para nuestra experiencia. En la siguiente sección estudiaré con más detalle las ideas de Strawson acerca de las personas como particulares básicos.

5. Las personas como particulares básicos

Según Strawson, los particulares básicos que constituyen el marco espacio-temporal son los cuerpos u objetos materiales porque a través de su identificación se identifican a su vez los demás particulares. Strawson afirma que las experiencias privadas (lo básico en el empirismo tradicional), los acontecimientos y procesos (lo básico en algunas propuestas metafísicas), e incluso las partículas de la física, sólo pueden ser identificadas mediante su relación con un objeto material. De este modo, también los estados de conciencia sólo podrían ser identificados a partir de ciertos objetos materiales, a saber, las “personas”.

Según Strawson, los particulares básicos que constituyen el marco espacio-temporal son los cuerpos u objetos materiales porque a través de su identificación se identifican a su vez los demás particulares. Strawson afirma que las experiencias privadas (lo básico en el empirismo tradicional), los acontecimientos y procesos (lo básico en algunas propuestas metafísicas), e incluso las partículas de la física, sólo pueden ser identificadas mediante su relación con un objeto material. De este modo, también los estados de conciencia sólo podrían ser identificados a partir de ciertos objetos materiales, a saber, las “personas”.

Tal como lo presenta Strawson, el dualismo cartesiano es la tesis según la cual no sólo hay dos maneras de hablar de los seres humanos, sino que los seres humanos están constituidos esencialmente de dos sustancias: una física (un cuerpo) y otra no física (“mente”, “consciencia” o “alma”). Al respecto, el autor dice que, para el cartesiano, “la historia de un ser humano no es la historia de una cosa con dos flancos; es la historia de dos cosas con un único flanco. Una de ellas es un objeto material, un cuerpo; la otra es un objeto inmaterial, un alma, mente, espíritu o conciencia individual.”61 No obstante, Strawson considera que el dualismo cartesiano es una concepción errada, y parte de lo que pretende en la tercera parte de Individuals es presentar un argumento que muestre la debilidad de la tesis del dualista cartesiano o “dualista sustancial”.62

Strawson parte de lo que considera una verdad “obvia e indiscutible”, a saber, que en el lenguaje ordinario hay una gran variedad de predicados que podemos atribuir a los seres humanos. Algunos de esos predicados apelan a la situación corpórea: localización, color, peso, etc.; en tanto que los otros aluden a ciertas características que se suponen no físicas, como el experimentar una sensación, desear algo, tener algún pensamiento, etc. De ser verdadera la postura cartesiana, sostiene Strawson, ello podría reflejarse en nuestra manera de hablar, es decir, el lenguaje mostraría la existencia tanto de cuerpos como de mentes mediante el dualismo de objetos gramaticales irreductibles.63 El análisis gramatical cartesiano clasificaría todo enunciado cuyo objeto gramatical sea el nombre de una persona en enunciados cuyos sujetos gramaticales sean mentes, cuerpos o enunciados que podrían ser a su vez divididos en enunciados que se refieran a mentes o a cuerpos. Esto puede lograrse, diría el cartesiano, pues parece que esta distinción ya está presente al menos en germen en el lenguaje ordinario, que incluye predicados que se atribuyen a cuerpos de personas o alguna parte del cuerpo y otros que inteligiblemente se atribuyen a la “mente” o “alma”.

La principal diferencia entre los dualistas cartesianos y sus oponentes radica en lo que mantienen en torno a la relación entre los conceptos de alma o mente de una persona y el concepto de persona de la que se supone que es alma o mente. El oponente al dualista cartesiano (Strawson) diría que la noción de mente depende conceptualmente de la noción de persona, es decir, sin la noción de persona no podría entenderse la noción de mente, pues si bien los predicados que se refieren a propiedades mentales pertenecen a nuestro lenguaje, estos predicados no se usan independientemente de la noción de persona, pues la persona es de quien se predican tales atributos. En cambio, el dualista cartesiano considera que la noción de mente es inteligible independientemente de la de persona.

Es importante señalar que, si bien Strawson critica el dualismo sustancial o cartesiano, él mismo sostiene un tipo de dualismo, el “dualismo de propiedades”, al aceptar como una “verdad obvia e indiscutible” que hay dos tipos de predicados que se atribuyen a las personas. Así, mientras que el dualismo sustancial postula la existencia de dos tipos de entidades, los cuerpos y las mentes o almas, el dualismo de propiedades dice que existe un solo tipo de entidades, pero que hay algunas con dos tipos de propiedades, físicas y mentales, irreductibles entre sí. Sin embargo, Strawson considera que los objetos físicos son la base para realizar identificaciones de estados no físicos. En el caso presente, las personas en tanto cuerpos serían la base para identificar “almas”, “mentes” o “consciencias”.

Los dualistas cartesianos sostendrían que la expresión “La mente que posee tales pensamientos” puede utilizarse para mostrar que podemos identificar con independencia del cuerpo una mente o consciencia: esta expresión no habla de la persona que posee tales pensamientos, sino de una mente. Sin embargo, tenemos que averiguar si es correcto el uso del artículo definido ante un término como “mente”, pues de ser así suponemos que contamos con criterios que no sólo nos permiten distinguir una mente del resto de las mentes, sino también con criterios para distinguir esa misma mente en diferentes momentos.

Como vimos, para Strawson los “objetos materiales” son los particulares básicos que constituyen el marco conceptual efectivo, es decir, todos los demás particulares se identifican a través de ellos. También sostiene que las experiencias privadas, los acontecimientos y procesos, e incluso algunas entidades de la física, sólo pueden ser identificados mediante su relación con un objeto material. En particular, los estados de conciencia sólo podrían ser identificados a partir de ciertos objetos materiales, a saber, las “personas”. Sin embargo, es necesario diferenciar las nociones de cuerpo material y persona. Una persona sería un tipo de cuerpo material al que se le pueden atribuir tanto propiedades mentales como físicas, mientras que a los cuerpos sólo pueden atribuírseles propiedades físicas. Strawson parte de que el lenguaje ordinario está estructurado de cierta manera, y que ese lenguaje no tiene que modificarse a menos de que se dé un argumento muy poderoso para hacerlo. Ese lenguaje consta de dos tipos de predicados y, dado el funcionamiento de ese lenguaje, ninguno de los predicados mentales se aplica con propiedad a los meros cuerpos. De acuerdo con esto, oraciones como “La piedra está escribiendo una carta” o “Los pensamientos de Ana son verdes” serían oraciones mal formadas. Pero, ¿a qué se le aplicarían los predicados mentales? Strawson dice que también a cuerpos materiales, pero de cierta clase: las personas. Considérense las oraciones “Ana bebe agua”, “Ana tiene sed”, “Ana cree que si bebe agua su sed se saciará”, “Ana toma el vaso que tiene frente sí”, “Ana ingiere el líquido contenido en el vaso” y “Ana sació su sed”: todas ellas involucran predicados mentales o físicos y ambos tipos de propiedades se han atribuido inteligiblemente a una persona, Ana.

Una posible alternativa para identificar estados mentales sin recurrir a la noción de persona es lo que Strawson llama “teoría de la no-posesión”, que establece que los estados de conciencia no pertenecen, propiamente hablando, a la persona que supuestamente los tiene.64 En realidad, no habría algo a lo que los estados de conciencia pertenecerían, salvo que tales estados fuesen causalmente dependientes del estado de algún cuerpo particular. Strawson califica esta propuesta como incoherente, porque presupone lo que está negando: el teórico de la no posesión admite relaciones causales contingentes del tipo “Todas mis experiencias dependen del estado del cuerpo B”, pero Strawson señala que, en este contexto, ‘mis’ no puede significar “Las experiencias que dependen del cuerpo B”, pues esto se convertiría, poniendo lo anterior en lugar de ‘mis’, en “Las experiencias que dependen del cuerpo B son experiencias del cuerpo B”. Strawson deduce de esto que el uso de “mis” no puede entenderse sin ayuda de aquel concepto mismo de posesión que el teórico de la no-posesión afirma abandonar. Lo que subyace a esta objeción a la teoría de la no-posesión, según Strawson, es el hecho de que una experiencia sólo puede identificarse “como experiencia de alguien”, lo que imposibilita el proyecto de la teoría de la no-posesión.

El segundo argumento de los dualistas cartesianos se basa en la experiencia introspectiva que nos permite identificar nuestra mente o conciencia sin hablar de objetos materiales. Sin embargo, este argumento se topa con los mismos problemas acerca de la distinción entre nuestras experiencias privadas y las experiencias de otros individuos. Para el filósofo británico, la creencia en que la distinción puede llevarse a cabo sin hablar de objetos materiales se basa en el uso incorrecto de los pronombres personales y demostrativos ordinarios tales como ‘yo’, ‘mi’, etcétera. Aprendimos estas palabras para distinguirnos a nosotros mismos de otras personas, es decir, sirven para identificar unos objetos materiales (por ejemplo, yo) y distinguirlos de otros (el resto de las personas), por lo que cuando se usan para referirse a nuestra “mente” o “conciencia” se hace suponiendo la noción de persona. Strawson escribe: “cuando una persona dice ‘yo’, ahí habla un hombre identificable: se le puede distinguir como uno por los criterios usuales e identificarle mediante los criterios usuales”.65 Strawson añade que si los estados de conciencia fueran totalmente privados, no habría forma alguna de atribuirlos a alguien distinto de nosotros mismos, no habría forma alguna de identificar tales estados como “experiencia de esto y lo otro” e incluso sería imposible –prosigue–atribuírnoslos a nosotros mismos, pues “la idea de atribuirse estados de conciencia a uno mismo carece de sentido, salvo cuando quien lo hace sepa ya cómo atribuir al menos algunos de esos estados a los demás.”66 Decir, por ejemplo, “Tengo un dolor” equivaldría a decir que soy yo y no o alguien más quien está sintiendo el dolor. Para Strawson, la posibilidad de establecer un contraste entre el dolor de otra persona y un dolor en general es esencial para poder atribuirnos un dolor a nosotros mismos.

Señaladas las dificultades de ambas propuestas, Strawson concluye que la única manera de evitarlas es considerar a las personas como particulares básicos, y al concepto persona como una noción primitiva no analizable, a la par de la de objeto físico. Una persona no sería, pues, un “compuesto” de cuerpo y mente, sino un único particular, un cuerpo material, al que cabe atribuir “predicados-M” (predicados de objeto material), tales como “pesa sesenta kilogramos”, y “predicados-P” (predicados de persona), como “va de vacaciones”, “cree en Dios”, “tiene un dolor”, etcétera.67

6. Algunos problemas en la propuesta de Strawson

La propuesta de metafísica descriptiva de Strawson, y su noción de persona en particular, suscitan varias dudas. La validez de sus argumentos, y en general el planteamiento del problema de la posibilidad de la experiencia, depende de que se acepten lo que él llama “principio de significatividad” y también su tesis acerca de la no coextensividad de la experiencia con lo real. Si no se aceptara el principio de significatividad en su versión de insistencia empirista, la legitimidad de un concepto dependería del principio de significatividad que se adoptase.68 De la misma manera, si se afirmase la coextensividad de lo real con lo experimentado –como en ciertas versiones del presentismo, la idea de que sólo lo presente existe verdaderamente–, entonces no cabría la pregunta por otros tipos de experiencia ni por los rasgos comunes a todos ellos, pues lo real se agotaría en lo experimentado.

Pero hay otra cuestión que prima facie resulta problemática para la empresa de Strawson. Según afirma, la noción de objeto, entendido como un “ocupante del espacio relativamente duradero”, es necesaria para cualquier tipo de experiencia. A primera vista parece que, si bien puede concederse que objeto es un concepto básico, ello no implica que debamos aceptar que el concepto de objeto implique el de identidad persistente y que éste también sea básico en sentido fuerte. Por ejemplo, quizá la noción de identidad persistente sea necesaria para el uso de conceptos, pero no es claro que también lo sea para experimentar perceptivamente instancias particulares. En el empirismo clásico ya se habían formulado algunas dificultades en torno al uso de conceptos siempre distintos, pero de ello no se sigue que los objetos tengan que ser “duraderos” o “persistentes” en el tiempo. Ciertamente sería muy difícil constituir una ciencia sin que hubiese algo permanente pero, al menos en principio, parece que no es imposible que puedan existir objetos siempre diferentes. La respuesta de Strawson es que no podemos plantearnos esa duda sin presuponer un sistema conceptual entre cuyos rasgos principales está el de identificar y reidentificar los mismos cuerpos. Para Strawson podría haber tal diferencia perceptiva (entidades siempre diferentes), pero no podríamos tener experiencia de eso, es decir, no podrían formularse juicios en una situación tal porque la formulación de juicios requiere la identidad duradera de las entidades a las cuales aplicar los conceptos.

En cuanto a su propuesta específica acerca de las personas, mencionaré cinco problemas que, por supuesto, no constituyen una lista exhaustiva y son más o menos conocidos en la literatura, y que sólo pretenden sugerir al lector cómo seguir la reflexión en ese tema a partir de los planteamientos de Strawson. El primer problema, un tanto general y señalado continuamente por los interlocutores de Strawson, es que no es claro que el método de la metafísica descriptiva sea el más adecuado para abordar el tema de las personas: no podemos simplemente suponer que nuestras creencias ordinarias básicas acerca del tema estén más o menos en orden y que sólo haya que interpretarlas, cuando es probable que estén equivocadas y haya que cambiarlas, “revisarlas”.

Otro problema menos general es el de si la dependencia conceptual de las mentes respecto a los cuerpos es también una dependencia metafísica. Aunque el planteamiento de Strawson, discutir el problema de lo mental en términos lógicos y lingüísticos, resulta sugerente, no es claro que un cartesiano estuviera de acuerdo con llevar el problema a ese terreno. Un cartesiano podría estar de acuerdo en que, desde el punto de vista conceptual, la noción de mente depende de la de cuerpo y en que las mentes se identifican identificando cierta clase de cuerpos, pero que el orden de dependencia metafísica no es ése. El argumento cartesiano pretende mostrar que, independientemente de que el concepto de mente sea secundario, la mente tiene propiedades que el cuerpo no tiene y que aseguran su existencia necesaria sin que pueda decirse algo similar del cuerpo. Strawson insistiría en que hay una correspondencia más o menos directa entre las cuestiones lingüísticas y conceptuales y las metafísicas, así que la dependencia conceptual por lo menos sugeriría una dependencia también metafísica.69 Esto, por supuesto, abre la puerta para todas las objeciones tradicionales a los proyectos trascendentalistas que intentan concluir algo acerca del mundo a partir de las características del pensamiento, el lenguaje o las estructuras conceptuales.

Un problema más es que prima facie no es claro por qué las personas son particulares básicos; parece plausible pensar que, así como hay mundos o regiones del mundo en los que no hay sillas, perros, revistas de filosofía o coches, existen también mundos o regiones del mundo en los que no hay personas. A lo que cabría responder que si esos mundos o regiones del mundo son experimentables, lo son por o para algo, y ese algo debe ser un objeto tal que pueden atribuírseles predicados-P, como “experimenta tal y cual cosa”, tal como a las personas. Así, la respuesta de Strawson sería que la experiencia requiere personas, por lo menos en el papel del experimentador, y ello garantizaría su carácter de particulares básicos.

El cuarto problema que mencionaré aquí es que las características que, según Strawson, debe tener un objeto para ser una persona son apenas condiciones para que un objeto sea un ser humano, pero no una persona. Y quizá ni eso: hay casos en los que ciertos predicados-P también pueden adscribirse a animales no humanos (predicados relacionados con sensaciones en general o que involucren alguna referencia al sistema nervioso). Strawson podría argüir que la adscripción de predicados-P no es una condición suficiente para ser persona, sino que también es preciso que el objeto experimente, en el sentido de que formule juicios. Pero la discusión no hace sino complicarse, porque habría que introducir, por ejemplo, consideraciones acerca de los lenguajes de animales no humanos. Hay distinciones más finas que hacer entre los conceptos de persona, ser humano, sí mismo, yo, mente y otros relacionados. En descargo de Strawson, puede decirse que fue precisamente su trabajo el que originó parte de las discusiones posteriores con intentos de brindar esas distinciones más finas y mejores caracterizaciones de esas nociones en la filosofía analítica.

Conclusiones

El propósito de este trabajo ha sido exponer las ideas de Strawson acerca del carácter básico de las personas en lo que él denomina “metafísica descriptiva” o, en trabajos posteriores, “análisis conceptual conectivo”, principalmente como invitación a establecer nexos entre los planteamientos tradicionales y los “analíticos” en el tema de la persona.

El punto de partida de Strawson es el problema de la posibilidad de la experiencia. Parece que puede haber experiencias distintas a las nuestras, es decir, que puede haber experiencia del mundo aunque el mundo contuviese menos o más características que de las que de hecho contiene. Pero al omitir algunos rasgos que experimentamos se llegaría, según Strawson, a un punto en el cual ya no cabe “quitar” más, so pena de ya no poder tener experiencia alguna. Entonces Strawson se pregunta cuáles son los rasgos mínimos que debe contener cualquier experiencia. Esta pregunta puede formularse de otra manera: si la relación con el mundo se establece mediante juicios (usos de conceptos), ¿cuáles son los conceptos mínimos requeridos para formularlos? La primera manera de investigar las condiciones para la posibilidad de la experiencia es usada por Strawson en Analysis and Metaphysics y, la segunda, en Individuals.

Acerca de la primera ruta, Strawson sostiene que la oración declarativa, esto es, la proposición o el juicio, es un tipo de oración común a todos los lenguajes. Pero no todos los tipos de oración declarativa son iguales, sino que el verdaderamente universal sería el esquema sujeto-predicado, así que Strawson se aboca a investigar cuáles son los rasgos que hacen posible la formulación de juicios de ese tipo, porque las oraciones declarativas dicen algo acerca de algo y ésa sería una buena ruta para investigar lo experimentable, lo algo (correspondiente al sujeto) que es algo (correspondiente al predicado).

Strawson utiliza el método analítico en su investigación, pero su concepción del análisis difiere de la de otros filósofos analíticos. Algunos creen que el análisis es una suerte de “terapia”, de modo que sólo mostraría el uso cotidiano de las palabras sin pretender sistematizarlo, pues las sistematizaciones conducirían a visiones distorsionadas de la realidad. Strawson no concuerda con esta manera de entender el análisis, porque si bien acepta que muchas sistematizaciones sí distorsionan la realidad, no todas lo hacen. Además, dice que tales sistematizaciones tienen las ventajas de unificar lo que se sabe y abrir nuevos caminos de investigación, incluso estando equivocadas, aunque lo deseable es encontrar un sistema o una estructura que tenga esas ventajas sin que distorsione la realidad.

Podría pensarse que la noción tradicional de análisis, esto es, como reducción de lo complejo a lo simple, puede conducir satisfactoriamente a tal fin, pero Strawson tampoco está convencido de eso, ya que encuentra en el análisis reductivo fallas técnicas tales como modificación del sentido al formalizar. Además, Strawson sostiene que los conceptos simples no siempre son necesarios y que los conceptos necesarios tampoco son siempre simples. De esta manera, si el análisis debe buscar lo básico (lo general, necesario e irreductible), y si lo simple no siempre cumple con las características para serlo, entonces no importa que el resultado del análisis sean conceptos complejos.

Pero también hay dos maneras de entender lo básico. En la primera, los conceptos ordinarios son básicos, pues el discurso técnico se apoya en ellos. Así, el lenguaje ordinario sería una estructura conceptual básica, pero “débil”. Por otra parte, los conceptos básicos en sentido “fuerte” son los que cualquier otra estructura conceptual, incluso el lenguaje ordinario, presupone. El análisis reductivo, al buscar los conceptos simples, no necesariamente encuentra siempre los conceptos básicos: de ahí la utilidad del análisis conectivo.

La propuesta de Strawson acerca de los conceptos básicos fuertes depende de lo que él llama “principio de significatividad”: la comprensión de un concepto de algo objetivamente real es inseparable de la noción de una posible aplicación de ese concepto en la experiencia. De esta manera, Strawson propone que todos los conceptos significativos implican o presuponen los conceptos que hacen posible la experiencia, y ello posibilita ubicar “instancias particulares” de los conceptos. Por ejemplo, el concepto oveja sería significativo porque implica o presupone las nociones de espacio, tiempo y objeto material, así como cierta perspectiva desde la cual identificar y reidentificar ovejas: es posible encontrar una instancia particular de ese concepto, ex. gr. la oveja x, porque oveja es el concepto de un objeto localizable desde, y en, el espacio y el tiempo mediante ciertas características.

Con las personas ocurriría algo similar. Son individuos –de hecho, particulares, por estar ubicados en el espacio y el tiempo– tales que sirven para identificar otros individuos, en especial los estados de conciencia y otras entidades mentales. Las personas son básicas porque no pueden reducirse ni a meros cuerpos, ya que a diferencia de éstos son susceptibles de recibir con propiedad predicados-M, mentales, y tampoco pueden ser reducidos a mentes, porque son susceptibles de recibir con propiedad predicados-P, físicos, y porque como simples mentes no podrían ser identificadas sin referencia a un particular, pero los particulares que servirían para identificarlas serían sus propios cuerpos. Otras teorías acerca de las personas tendrían defectos explicativos que no las harían viables, mientras que la propuesta de Strawson carecería de ellos y tendría mayor poder explicativo.

Pero el papel de las personas en la metafísica descriptiva de Strawson es mucho más importante, porque buena parte de la posibilidad de la significatividad reside en ellas. Como ya he mencionado, la significatividad de un concepto depende, entre otras cosas, de perspectivas desde las cuales identificar y reidentificar instancias particulares de ese concepto, y esas perspectivas las proporcionan las personas –pues ningún otro cuerpo material es susceptible de recibir con propiedad los predicados “identifica particulares” y “reidentifica particulares”– en determinada posición espacio-temporal.

La propuesta de Strawson no está exenta de problemas, pero es una de las pioneras en el tema de las personas en el ámbito analítico, y he querido mostrar que sus planteamientos, problemas y voluntad de sistema merecen la atención no sólo de esa tradición.

Notas del Autor

1 Trabajo parcialmente realizado en el marco del proyecto Conacyt CCB 166502, “Aspectos filosóficos de la modalidad”. Agradezco al Dr. Phil. Alberto José Luis Carrillo Canán y a Claudia Olmedo García por sus valiosos comentarios a versiones previas de este texto y otros afines. También agradezco a los dictaminadores de Metafísica y Persona por su cuidadosa lectura y sus preciadas observaciones.

2 Parfit, D., Reasons and Persons, Oxford: Oxford University Press, 1984; Strawson, G., Selves. An Essay in Revisionary Metaphysics, Oxford: Oxford University Press, 2009; y Williams, B., Problems of the Self, Cambridge: Cambridge University Press, 1973, son sólo tres ejemplos de obras ya clásicas en la filosofía analítica acerca del tema de las personas y en las que las ideas de Strawson desempeñan por lo menos un papel propedéutico importante.

3 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, Oxford: Oxford University Press, 1992, capítulo IV, p. 52.

4 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. III, p. 35. Strawson suele emplear ‘juicio’ cuando trata temas primordialmente ontológicos o epistemológicos, y utiliza más ‘proposición’ y ‘oración (declarativa)’ cuando discute temas de lógica; pero por lo general usa ‘juicio’ y ‘proposición’ indistintamente, dada la íntima conexión de lógica, ontología y epistemología en su obra.

5 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. IV, p. 51.

6 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 52.

7 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 53; y The Bounds of Sense. An Essay on Kant’s Critique of Pure Reason, London: Methuen, 1966, p. 16.

8 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 22. Todos los corchetes en el interior de una cita son míos. En este caso los corchetes sirven para introducir información, pero en otras ocasiones también los utilizaré para modificar la sintaxis del texto citado.

9 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 22.

10 Strawson sostiene que, del mismo modo, si se agregan demasiados rasgos, en algún punto se llega a situaciones no experimentables; Cf. Analysis and Metaphysics, cap. IV, pp. 55, 57. Sin embargo, Strawson investiga el “límite inferior” de lo experimentable, no el “superior”, y yo me ciño a eso.

11 Cf. Strawson, P.F., The Bounds of Sense…, pp. 89 ss.

12 Las preguntas “¿Cuáles son los rasgos indispensables para que haya estructuras conceptuales? (conjuntos de proposiciones, lenguajes)” y “¿Cuáles son los conceptos que hacen posible la formulación de proposiciones de sujeto-predicado?” pueden parecer distintas, pero son, me parece, equivalentes, y Strawson así lo insinúa en Analysis and Metaphysics, cap. III, p. 33. El problema de los juicios desemboca en el de saber qué tipo de sujetos y qué tipo de predicados son los básicos, aquellos que no pueden “desmontarse”, mientras que el problema de cuáles conceptos no se pueden desmontar para que siga habiendo estructuras conceptuales, lenguajes, es el de determinar los conceptos básicos que permiten oraciones, siendo las de tipo sujeto-predicado las más básicas.

13 Strawson, P.F., Subject and Predicate in Logic and Grammar, London: Methuen, 1982, p. 80., cap. IV, p. 51.

14 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. I, pp. 9 ss.

15 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, pp. 13 ss.

16 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 16. Para otras apologías strawsonianas de las “imágenes metafísicas de la realidad”, véase The Bounds of Sense, pp. 18 y 24-33, donde también las llama “sistemas globales”.

17 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. I, p. 15.

18 “Wittgenstein’s Philosophical Investigations”, en Freedom and Resentment, and Other Essays, London: Methuen, 1974, p. 92.

19 Strawson, P.F., Individuals. An Essay on Descriptive Metaphysics, Londres: Methuen, 2a ed., 1964, p. 13.

20 Strawson, P.F., Individuals…, p. 14.

21 Strawson, P.F., Individuals…, p. 14.

22 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 17.

23 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 17.

24 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, pp. 17 ss.

25 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 18.

26 Cf. Strawson, P.F., “Analyse, science et métaphysique”, en Beck, L. (Ed.), La Philosophie Analytique, Paris: Ed. de Minuit, 1962, p. 105.

27 “Analyse, science et métaphysique”, p. 105.

28 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, pp. 18 ss.

29 Strawson, P.F., “Analyse, science et métaphysique”, p. 106.

30 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 19.

31 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 19.

32 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 20.

33 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 24.

34 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, pp. 20 ss.

35 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 22.

36 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, p. 23.

37 Cf. Strawson, P.F., Individuals…, p. 13.

38 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. II, pp. 25 ss.

39 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 23.

40 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 27.

41 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 27.

42 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 27.

43 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 28.

44 Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, p. 28.

45 Cf. Strawson, P.F., Individuals…, p. 15.

46 Strawson, P.F., “Entity and identity”, en Entity and Identity, and Other EssaysOxford: Oxford University Press, 1997, p. 22.

47 Cf. Strawson, P.F., “Entity and identity”, p. 24.

48 Cf. Strawson, P.F., “Entity and identity”, p. 25.

49 Cf. Strawson, P.F., Individuals…, p. 16.

50 La segunda parte del libro trata primordialmente de problemas de filosofía de la lógica en torno a la suposición, suscitados por su propuesta acerca de los particulares básicos y los individuos en general. Ambas partes se hallan estrechamente vinculadas entre sí porque la noción de “referir a un objeto” ocupa un lugar central desde el comienzo hasta el final. Sin embargo, minimizaré hasta donde sea posible la referencia a cuestiones de filosofía de la lógica para sólo ocuparme del aspecto puramente metafísico de la discusión.

51 Cf. especialmente las pp. 55-59.

52 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. V, p. 64.

53 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. V, p. 65.

54 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. V, p. 65; cursivas en el original.

55 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. V, p. 65 p. 68.

56 Que su noción de “identidad” puede ser incompatible con su idea de que el espacio-tiempo es factor de discernimiento es ligeramente anticipado en Individuals y retomado en “Entity and identity”, pero no son contempladas por Strawson en su último libro, Analysis and Metaphysics. Algunos filósofos, Quine especialmente, critican esta posición, pero sin referirse explícitamente a las ideas de Strawson.

57 Cf. Strawson, P.F., Individuals…, pp. 30 ss.

58 Cf. Strawson, P.F., Analysis and Metaphysics, cap. V, p. 68.Más adelante veremos que esto dista de ser satisfactorio.

59 Cf. Strawson, P.F., Individuals…, pp. 32 s.

60 Cf. Strawson, P.F., The Bounds of Sense, pp. 89 y 73.‘Objetividad’ reemplazó en obras posteriores a ‘publicidad’, usada en Individuals….

61 Strawson, P.F., “Self, mind, and body”, p. 171.

62 En “Self, mind, and body”, Strawson repite en lo esencial la argumentación del tercer capítulo de Individuals…, es decir, se enfatiza, aunque sucintamente, en la crítica a lo mental cartesiano, de lo psíquico concebido como una entidad trascendente y separable de lo físico, aunque sustituyendo ‘estado de conciencia’ por ‘mente’, ‘conciencia’ o ‘alma’. En ocasiones, por simplicidad, me referiré a las formulaciones de ese ensayo y no a Individuals….

63 Strawson, P.F., “Self, mind, and body”, pp. 171 ss.

64 Strawson señala que construye esa propuesta a partir de ciertos pasajes de Schlick y otros que Moore atribuye a Wittgenstein, aunque es muy probable que nadie la haya sostenido como tales.

65 Strawson, P.F., “Self, mind, and body”, p. 168.

66 Strawson, P.F., Individuals…, p. 114.

67 Strawson, P.F., Individuals…, parte III, passim.

68 Como ejemplo de otros principios de significatividad, piénsese en la propuesta de Quine de que una oración sólo tiene sentido si aparece en una teoría, es decir, apoyada epistémicamente por otras oraciones (aunque tengan que estar relacionadas en cierto grado con los estímulos sensoriales) o en versiones radicalmente coherentistas del significado, como la de Davidson.

69 Strawson, en Analysis and Metaphysics, cap. III, insiste en que él realmente habla de “cosas”, pero que mantiene la terminología propia del giro lingüístico para tener un mayor dominio sobre el discurso porque es más fácil eliminar un compromiso con palabras que con cosas. Acerca de esto véase también Strawson, P.F., “Reply to Jorge J. E. Gracia”, en Ensayos sobre Strawson, Carlos Caorsi ed., Montevideo: Universidad de la República, 1993, pp. 112-117.