El valor exponencial del concepto de individuo en el Diario de Søren A. Kierkegaard

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José García Martín
Presidente de la Sociedad Hispánica de Amigos de Kierkegaard (S.H.A.K.)
josegm@hiin-enkelte.info

Resumen1

En los textos de los diarios de Kierkegaard podemos encontrar un análisis del concepto de individuo que gira en torno al den Enkelte o individuo singular. Sin embargo, no debemos confundir el concepto de “individuo” con el de “individuo singular”. Entre ambos existe una relación compleja y análoga que permite establecer una tipología humana. Por otro lado, de dichos textos se deduce, además, un progreso o desarrollo humano cuyo sentido último tiene que ver con la realización auténtica de la existencia cristiana, a la que se apunta teleológicamente mediante esa figura paradigmática que es Jesucristo como individuo singular frente a Dios.

Palabras Clave: Individuo, Individuo Singular, Individuo Ejemplar, Persona, Hombre Común.

The exponential value of the concept of individual in the Diary of Søren A. Kierkegaard

Abstract

We can find in Kierkegaard’s journals an analysis on the concept of individual which focus on the concept of den Enkelte or singular individual. However, we must not confuse the concept of “individual” with the concept of “singular individual”. Between both of them, there exists a complex and analogous relation that allows us to establish a human typology. On the other hand, a progress or human development is deduced from the aforementioned texts, one whose ultimate meaning is related to the authentic accomplishment of the Christian existence, to which it points in a teleological way by means of the paradigmatic figure that is Jesus Christ as a singular individual in comparison to God.

Keywords: Individual, Singular Individual, Exemplary Individual, Person, Common Man.

Recepción del original: 15/09/09
Aceptación definitiva: 15/11/09


Voy a tratar a continuación sobre los conceptos kier­ke­gaardianos den Enkelte e individuo. En concreto, intentaré mostrar cómo debe entenderse su relación recíproca y si existe distinción entre ellos. A la par, quiero mostrar de forma breve la valoración del individuo humano en los diarios de Kierkegaard.

Desde mi punto de vista, aunque se trate de conceptos en parte semejantes, no deben identificarse por completo, ya que todo den Enkelte es necesariamente individuo, pero no todo individuo es de forma imperiosa den Enkelte. Ser den Enkelte es más que ser sim­plemente individuo. Pero no algo del todo distinto. El «den Enkelte» surge, por así decir, de las entrañas mismas de la indivi­dualidad, por encima y a partir de ella, pero no a pesar o al margen de ella. Es una potencialidad inscrita en el mismo individuo humano, pero que se manifiesta in concreto, en éste o aquél como tal. Den Enkelte se opone a lo que no es de manera propia una individualidad: a la copia o ejemplar («Exemplaret»), a la masa o multitud («Mængden»), al gé­nero («Slægten»), es decir, a todo aquello que destruye o anula la in­dividualidad («Enkeltheden»).

Axiológicamente considerado, den Enkelte posee un valor en sí mismo, absoluto;2 es algo por completo personal. Por esto podemos también afirmar que ser den Enkelte es ser persona, con todo lo que eso implica. En este sentido, el individuo singular es aquel que es positiva y enteramente un ser personal, con una dignidad que lo sitúa por encima de cualquier otra realidad mundanal. En definitiva, ser individuo singular es ser uno mismo, único y diferente de todos los demás, sin que ello signifique dejar de ser un ser humano, sino justo serlo en su máxima y óptima expresión.

Por tanto, el concepto de «den Enkelte» se incluye en el de «indi­viduo» (en el sentido de individuo humano). La diferencia es de intensidad, de grado, de existencia, de valor. En realidad, hablar de den Enkelte supone o implica referirse a cada uno en particular, pero no a todos en general. Por lo que, de factum, según Kierkegaard, el individuo humano escapa a cualquier concepción y su existencia a toda comprensión, ya que el pensamiento va por detrás de mi existencia, o, en términos kierkegaardia­nos, constituye una regresión.

Si esto es así, propiamente no cabe hablar de un conocimiento del hombre; solo de un conocimiento de mí mismo (recordemos la máxima socrática) o de este o aquel ser humano concreto, de carne y hueso, mediante su biografía. Porque, para Kierkegaard, lo que define y caracteriza al den Enkelte es su existencia. No se trata de una cues­tión “lógica”, sino vital y existencial, cuyo horizonte nos traspasa y cuyo sentido nos trasciende. Hasta tal punto nos implica que nuestra vida nos va en ello.3

En este sentido, lo que signifique ser «individuo singular» tendrá que descubrirlo cada uno.4 La individualidad, «mi» indivi­dualidad, la de cada cual, es un viaje de revelación en solitario hacia aquello que nos hace ser tales, nos constituye y da sentido a nuestra existencia. Pues bien, Kierkegaard realizó tal periplo. Al descubrirse a sí mismo también descubrió su singularidad y viceversa. Por eso puede afirmarse que el «den Enkelte» no fue en él meramente una idea, una categoría sin más, sino una revelación existencial que aconteció en su propia vida.

En verdad —volviendo al comienzo de la argumentación—, no es que el concepto de «den Enkelte» esté dentro del de «individuo», sino que se trata del mismo concepto, pero enriquecido y elevado a su máxi­ma potencia. Digamos, incluso, que es ese punto donde desaparece el concepto y la realidad se hace presente: nada más que la pura realidad identificada consigo misma de manera plena (en la medida en que esto es posible en el ámbito de lo finito).

De todas maneras, si es cuestión de intensidad, de más o menos, habrá que admitir algún tipo de escala dentro del mismo concepto, es decir, diferencias intrínsecas. Así, como ya he sugerido, el concepto de «individuo» y el mismo término «den Enkelte» adquieren matices distintos dentro de la obra del danés. Con otras palabras —al igual que M. Fazio—, defiendo una consideración teleológica del hombre, en virtud de la cual “l′esistenza umana si concepisce come un processo teleologico di autoperfezionamento”.5

En efecto, hay que hablar de una analogía dentro del concepto. De este modo puede conservarse un mismo significado y, a la vez, admitir aquellos contrastes interiores. Parafraseando a Aristóteles, cabe afirmar que «el individuo se dice de varias maneras». Y esas maneras guardan una relación de semejanza y en parte de mayor o menor desemejanza con el arquetipo de individuo que es el individuo singular (y más concretamente, Jesucristo). De forma más clara, cabe una doble consideración del concepto de «den Enkelte»: en sí mismo y respecto al de «individuo». Todo lo cual revelaría la necesidad de establecer una tipología, esto es, una clasificación que dé razón de esa complejidad; y, en segundo lugar, una profundización y explicación del significado de “den Enkelte” en sí mismo considerado.6

No obstante, me gustaría incidir aquí y ahora en una cuestión central que justificaría ese valor multiplicador del individuo humano en Kierkegaard: ¿sería posible establecer un progreso o desarrollo que vaya del «individuo» al «individuo singular», esto es, al «den Enkelte»? Esa sería la postura defendida por Gregor Malantschuk en su obra Fra Individ til den Enkelte,7 y que a su vez rechaza Marie Mikulová Thulstrup en un artículo denominado The Single Individual.8

El objetivo de la obra de Malantschuk es explicar cuanto atañe al concepto de existencia en Kierkegaard. Su tesis principal es que aquella está formada por tres elementos (el sujeto, la libertad y lo ético) y que el individuo debe realizar en su existencia un recorrido que le lleve a ser «den Enkelte».9 Por el contrario, Marie M. Thulstrup opina que la interpretación de Malantschuk no está de acuerdo con Kierkegaard mismo, puesto que no existe ninguna evi­dencia en sus textos10 de que el individuo tenga que pasar por un largo proceso hasta llegar a ser el individuo singular (siendo el primero inferior al segundo). Para demostrar su punto de vista, hace referencia a diversas obras pseudónimas de Kierkegaard. Es más, según ella resulta difícil distinguir entre el concepto de «individuo» y el de «den Enkelte», como muestran diversos textos de los Dagbøger (Diarios), donde Kierkegaard no utiliza rigurosamente tales términos. Su conclusión es que “la afirmación de Malantschuk sobre el desarrollo desde el individuo al individuo único no se mantiene. Como ha sido demostrado, frecuentemente Kierkegaard usó las palabras el individuo y el indi­viduo único de forma arbitraria y sinónima”.11

En mi opinión, la crítica de Marie M. Thulstrup a G. Malantschuk no es del todo acertada. En primer lugar, me parece poco consistente referirse a las obras pseudónimas de Kierkegaard, sin más distinciones, para fundamentar su personal punto de vista; en tal sentido, habría también bastante que objetar al juicio de que la interpretación de Malantschuk “no está de acuerdo con Kierkegaard mismo”.12 En segundo lugar, no creo que sea cierta la aserción de Marie M. Thulstrup de que Kierkegaard usara frecuentemente como sinónimos “individuo” e “individuo único” (“individual” y “single individual”); sobre todo basándose en tres textos de los Diarios. En todo caso, una cosa es que Kierkegaard no sea en algunas ocasiones riguroso en el uso de la terminología, y otra distinta el que actúe así con relación al concepto.

Al respecto, pienso que, aunque pueda no encontrarse explícitamente en los textos de los Diarios de Kierkegaard un progreso o desarrollo del individuo ejemplar al individuo singular, es algo que implícitamente hay que aceptar. Y si consideramos críticamente su obra pseu­dónima, según Fazio, cabe hablar de un “diventare il singolo” a través de las diversas situaciones existenciales o estadios.13 Es la misma opinión que mantiene Velocci cuando afirma que “en este camino ascensional el hombre debe atravesar varias etapas, aquellas que Kierkegaard llama ‘estadios en el camino de la vida’”;14 ahora bien, según Velocci, sólo en la esfera religiosa el ser humano puede llegar a ser el individuo singular. De hecho, la importancia y el énfasis que pone Kierkegaard en el individuo singular tiene que ver directamente por su relación personal con Dios, descartando cualquier tipo de mediación de los pastores, tradiciones o iglesia en general.15

٭ ٭ ٭

Aunque breve, una atención aparte merecería el concepto de hombre común, corriente o simple («den menig Mand»; «den simple Mand»),16 dada su importancia para Kierkegaard.

El hombre común es el hombre de la calle; aquel individuo también sencillo, del pueblo, vulgar, poco o nada cultivado, de cate­goría social y económica baja. Su característica principal es la humildad; y su referencia, Jesucristo. En este sentido, la humildad se relaciona con el hecho de llegar a ser un «yo» o «espíritu», y por tanto, con el de «individuo singular», en cuanto que éste debe renunciar al mundo para constituirse. En semejante contexto, J. Parkinson proclama: “Yo defendería que es exactamente el énfasis de Kierkegaard sobre la gravedad de llegar a ser un yo capaz de resistirse al mundo lo que hace tomar seriamente la referencia sociológica de la humildad mesiánica que él teoriza”.17

La relación de Kierkegaard con este tipo de hombre fue un tanto curiosa. En principio, puesto que Kierkegaard pertenecía a la clase acomodada y burguesa de Copenhague, no debe extrañarnos que haya cierto sentido aristocrático en su estilo de vida. Sin embargo, les guardaba simpatía18 e incluso admiración. Y eso, a pesar de que fue objeto de burla e irritación por parte de ellos a causa de la célebre y durísima campaña periodística en su contra, orquestada por la revista satírica El Corsario. Kierkegaard llegó incluso a gloriarse de no haber ignorado a nin­gún ser humano, ni siquiera al más simple.19

Así pues, la opinión de Kierkegaard sobre el hombre corriente es bastante positiva; por eso afirma que entre ellos se encuentran las mejo­res personas,20 o que puede hallar un hombre honesto, o que son buenos.21 Al contrario, la opinión que según Kierkegaard tenía la clase más baja de la sociedad sobre él, es que estaba medio loco;22 quizás, como afirma en otro texto, porque el hombre corriente tiende a considerar cualquier heterogeneidad como una locura.23

Seguramente, y para terminar con este tema, la importancia del hombre común para Kierkegaard estribe en su relación con el cristianismo del Nuevo Testamento. En éste vemos que Jesucristo eligió a sus apóstoles y discípulos entre la gente sencilla o corriente.24 Además, el escritor danés los considera como centro de la disputa religiosa frente al cristianismo oficial o cristiandad. Por todo lo anterior resulta más que comprensible la afirmación de Kierkegaard de que el hombre común es su tarea.25

Concluyendo: a mi modo de ver, dentro del concepto de “individuo” en los Diarios de Kierkegaard habría que distinguir entre: a) «Exemplaret»; b) «den Enkelte».

El primero, el ejemplar o copia, es el tipo más bajo de individuo; y su existencia carece de valor: es aquel que ha perdido o no posee una individualidad, que no tiene realmente la condición humana y se comporta como un animal. Su existencia consiste en vivir numéricamente inmerso en la masa o muchedumbre.

El segundo, en cambio, es de forma plena una individualidad, cuya existencia realiza la idealidad de la condición humana: es aquella singularidad consciente de sí misma y del valor que posee su existencia. Su existencia consiste en vivir frente y ante Dios en una relación directa y personal. El paradigma o modelo es Jesucristo.

En definitiva, se puede afirmar que en los textos de los diarios de Kierkegaard se apunta claramente a una antropología teleológica o a una axiología antropológica, en la que se pone de manifiesto el sentido cristiano de la existencia humana. Precisamente, el hombre común o simple vendría a ser la fuente de la que se alimentaría este último.

Bibliografía utilizada

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Kierkegaard, S.: Diario. Traducción incompleta del da­nés al italiano de los Diarios (Dagbøger; grupo A de los Papeles) realizada por Cornelio Fabro. Brescia, Morcelliana, 1980-1983 (3ª edición) en XII volúmenes.

Kierkegaard, S.: Diario íntimo. Selección y traducción por Mª Angélica Bosco de la versión italiana de C. Fabro en tres tomos de 1948-1951. Barcelona: Planeta, 1993.

Kierkegaard, S.: Obras y papeles. Versión castellana inacabada del original danés de Demetrio Gutiérrez Rivero. Madrid: Guadarrama, 1961-1969. 10 volúmenes.

Søren Kierkegaards Papirer (Papeles de Søren Kierkegaard). Segunda edición ampliada por Niels Thulstrup. Tomos I-XVI. Copenhague: Gyldendal, 1968-1978.

Kierkegaardeana, Bibliotheca: Nº 16 Some of Kierkegaard’s main categories. Copenhague: Reitzels Forlag, 1988.

Fazio, M.: Un sentiero nel bosco. Roma: Armando Editore, 2000.

Melendo, T.: Metafísica de lo concreto. Sobre las relaciones entre filosofía y vida. Barcelona: Ediciones Internacionales Universitarias, 1997.

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Pattison, G. / Shakespeare, S.: Kierkegaard: The Self in Society. Houndmills: McMillan Press, UK and St. Martin’s. 1998.

Torralba Roselló, Françesc: Dios, individuo y libertad. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1993. Colección: Tesis doctorales microfichadas.

Velocci, Giovanni: Filosofia e fede in Kierkegaard. Roma, Città Nuova ed., 1976.

Watkin, Julia: Kierkegaard. Londres, Geoffrey Chapman, 1997.

 Notas del Autor

1 Comunicación presentada en las IV Jornadas de la Asociación Española de Personalismo, «Congreso Internacional Julián Marías: una visión responsable», Universidad Complutense de Madrid (7-9 de febrero de 2008).

2 Para Tomás Melendo, la persona tiene carácter absoluto en tres sentidos: a) respecto a la materia; b) respecto a la especie; y c) respecto al fin. Cf. Metafísica de lo concreto. Sobre las relaciones entre filosofía y vida.Barcelona, Ediciones Internacionales Universitarias, 1997, pp. 196-210.

3 En un texto temprano (1836) de los Diarios de kierkegaard encontramos las siguientes palabras: «Det, der egenlig mangler mig, er at komme paa det Rene med mig selv om, hvad jeg skal gjøre, ikke om hvad jeg skal erkjende, uden forsaavidt en Erkjenden maae gaae forud for enhver Handlen. Det kommer an paa at forstaae min Bestemmelse, at see, hvad Guddommen egenlig vil, at jeg skal gjøre; det gjælder om at finde en Sandhed, som er Sandhed for mig, at finde den Idee, for hvilken jeg vil leve og døe». Papirer I A 75. (En la edición española de Mª Angélica Bosco, p. 17-18). «Lo que propiamente me falta es tener claro yo mismo lo que tengo que hacer, no lo que tengo que conocer, a no ser que un conocimiento deba preceder a cualquier acción. Se trata de entender mi destino, de ver lo que la divinidad quiere en realidad que yo tenga que hacer; de encontrar una verdad que sea para mí, de encontrar la idea por la cual quiera vivir y morir».

4 «The category of the Single One, too, means not the subject or “man”, but concrete singularity; yet not the individual who is detecting his existence, but rather the person who is finding himself». Buber, Martin: The Question to the Single One. En Søren Kierkegaard critical asserments of leading philosophers. Ed. Por Daniel W. Conway y K. E. Gover. Londres – Nueva York: Routledge, 2002., v. III, p. 31.

5 Fazio, Mario: Un sentiero nel bosco.Roma: Armando Editore, 2000, p. 71.

6 Debo aclarar que el desarrollo de semejantes temas queda meramente apuntado en esta comunicación, dada la brevedad de la misma.

7 Es también la postura de F. Torralba Roselló en su Tesis doctoral; cf. p. 839.

8 Cf. Some of Kierkegaard’s main categories. En Bibliotheca Kierkegaardiana 16, Copenhague, Reitzels Forlag, 1988, pp. 9-25.

9Cf. el prólogo de la mencionada obra.

10 Julia Watkin también parece contradecir a M. M. Thulstrup al expresar que «Kierkegaard explores through his authorship two main kinds of personal development: one in which the individual undergoes a spiritual development within the life-style, and another in which the individual’s intellectual understanding of the life-style undergoes development». Kierkegaard. Londres, Geoffrey Chapman, 1997, p. 25.

11 «Malantschuk′s assertion about a growth from the individual to the single individual does not hold. As has been shown, Kierkegaard frequently used the words the individual and the single individual arbitrarily and synonymously». Ib., p. 22.

12 « […], this interpretation is not in keeping with Kierkegaard, himself». Ib., p. 21.

13 Cf. el capítulo cuarto de Un sentieronelbosco, pp. 63-83.

14 «In questo cammino ascensionale l′uomo deve attraversare varie tappe, quelle che Kierkegaard chiama “stadi sul cammino della vita”». Velocci, Giovanni: Filosofia e fede in Kierkegaard. Roma, Città Nuova ed., 1976, p. 97.

15 Cf. O’Hara, S.: Kierkegaard within your grasp.Hoboken (Nueva Jersey), Wiley Pub., 2004, p. 14.

16 Mención especial merece aquí la obra de J. Bukdhal, Søren Kierkegaard & The Common Man, (translated, revised, edited, and with notes by Bruce H. Kirmmse. Gran Rapids, Michigan: William B. Eerdmans), compuesta por una serie de conferencias en las que se destaca la importancia de este concepto kierkegaardiano en las diferentes partes de su obra.

17 «I would argue that it is exactly Kierkegaard’s emphasis on the seriousness of becoming a self capable of resisting the world that mandates taking seriously the sociological reference of the messianic lowliness he theorizes». Pattison, G. / Shakespeare, S.: Kierkegaard: The Self in Society. Houndmills: McMillan Press, UK and St. Martin’s, 1998, p. 167.

18Søren Kierkegaards Papirer (Papeles de Søren Kierkegaard). (2ª ed. ampliada por Niels Thulstrup). Copenhague: Gyldendal, 1968-1978, VIII 1 A 254.

19 Ib., IX A 55.

20 Ib., IX A 340.

21Ib.,X 2 A 251.

22 Ib., X 2 A 48.

23Ib., XI 1 A 310.

24 Ib., XI 1 A 155.

25 Ib., X 2 A 48.