Cura, cuidado, y servicio en psicoterapia: Verdad y sentido de la vida sexual humana personal

miguelangel-05

Antonio Porras Torres
Dr. en Medicina (Psiquiatría)
Asociación Española de Logoterapia
antonioporrast@gmail.com

Resumen1

El presente trabajo continúa el ya iniciado sobre Verdad y Sentido en la vida personal.2 Lo prosigue a través de la narrativa autobiográfica testimonial y de algunas viñetas clínicas, de dos clases: las que muestran aspectos del desarrollo psicosexual en personas varones que sienten atracción por el mismo sexo (AMS); y las de aquellos otros que, sin padecer un trastorno en la esfera de la identidad masculina, sufren fijaciones o algún tipo de alienación respecto al verdadero sentido de su persona y de su vida sexual. Cura, cuidado y servicio se configuran como requisitos de una relación terapéutica interpersonal, que sigue al ser humano hasta aquella dimensión irreductible y específica de su condición personal, íntimamente unida a la grandeza de su sexualidad.

Palabras clave: Verdad, Sentido, Persona, Psicosexualidad, Cura, Cuidado, Servicio, Logoterapia, Atracción mismo Sexo (AMS), Narrativa autobiográfica testimonial.

Cure, Care and Service in Psychotherapy: Truth and Meaning of Personal Human Sexual Life

Abstract

This paper continues the work already presented in Truth and Meaning in personal life, through personal autobiographical testimonials and some clinical sketches, of two kinds: those that show elements of psychosexual development in males who experience attraction towards the same sex (SSA); and those of others who, with no disturbances in their male identity, experience fixations or some kind of alienation with respect to the true meaning of their persons and sexual lives. Cure, care and service appear as requisites for an inter-personal therapeutic relationship, which follows the human being towards the irreducible and specific personal dimension, intrinsically joined to the greatness of his sexuality.

Keywords: Truth, Meaning of Life, Person, Psychosexuality, Cure, Care, Service, Logotherapy, Same-Sex Attraction, Autobiographical Testimonial.

Recepción del original: 15/03/11
Aceptación definitiva: 29/03/11


1. Introducción

Prolongando el ya iniciado con ocasión de las anteriores Jornadas de Logoterapia, el presente artículo analiza la relación entre el desvelamiento íntimo de la verdad y el descubrimiento de una vida con sentido en el marco del cuidado.

Volveré a centrarme en la vida humana sexual, por su fecunda sinergia con la libertad personal en los cambios que operan entre el modo de ser del hombre y su vocación a ser de otro modo o, más bien, a mejorar aquel que le es propio. Veíamos que nada hay que pueda urgir más al sujeto humano que su propia transformación, tan pronto como la existencia aborrece todo vacuo entretenimiento; y que la comprensión de sí mismo y del mundo clama por un conocimiento superior, desahogado, capaz de sobreabundar y liberarlo de la alienación que le acosa.

Creíamos entender la preocupación, el amor y el humor, como tríada existencial dinamizadora de los cambios,3 y nos servíamos de la crónica autobiográfica testimonial de un hombre —el que escribe estas líneas— que, habiendo pasado la mayor parte de su vida sumido en la drogodependencia, al dar por finalizada la cura de ésta, seguía sufriendo por el «aguijón profundo de una vida sexual, aún sin claridad, entorpecida, capaz de manifestar la entera fragilidad de su ser, su indecible debilidad…»

Pese a sus estudios en Medicina, a su doctorado en psiquiatría dinámica y social, y a la posterior interiorización de la enorme complejidad rehumanizadora del programa psicoeducativo con el que había superado la adicción a las sustancias (Proyecto Hombre), el cronista nos fue mostrando su camino hasta vislumbrar, primero, y comprender claramente, después, el grito que subyacía a su entera dependencia: el malogrado entendimiento de su vida personal y sexual. Entreverando la crónica y el dolor, apuntaba:

¿No había tenido tiempo de conocerme? ¿Acaso ignoraba los riesgos del alcohol y otras sustancias de abuso? ¿Desconocía la naturaleza íntima de la sexualidad, viniendo como venía de la psicología profunda? Ah, pero ¿en qué me benefició ésta?

Procedía de la Universitas, pero el conocimiento que allí había adquirido tenía muy poco que ver con el desarrollo que reclama la potencia intelectual del alma, inclinada de modo natural a lo universal. ¿Qué hay más universal que la tendencia del hombre a preguntarse por la verdad de las cosas y, en primer lugar, de su vida? No había estudiado Veterinarias —diría Víktor Frankl—, sino Medicina, y Psiquiatría, y Psicoterapia. Todo desde el hombre y para el hombre… pero sin contar con el hombre, con su humanidad en su sentido más profundo y radical. No es que hubiera realizado mis estudios al margen de una visión antropológica; es que ésta había sido más homunculista que humanizadora, más ensoñadora o fantástica que real: y se había ido colando y asentando en mi interior, como hoy observamos que se introduce en la enseñanza que, más que educar, adiestra a jóvenes, adolescentes y niños. Por supuesto, nada de esto me ha eximido de responsabilidad. Tal vez las circunstancias me llevaron a donde no quería, pero no lo hicieron sin mi correspondiente y determinante sí.4

Ahora, con su nuevo modo de entenderse como persona y comprender la seria libertad de la sexualidad, sus antiguos conflictos —entonces enredados a la mera teo­ría que gira en el vacío, eran considerados profundas heridas de la esfera afectiva y emocional. Después de Proyecto Hombre, la especialidad en Logoterapia, un tramo de ayuda con Análisis Bioenergético y, finalmente, una página web de Autoayuda para sanar la homosexualidad, le habían hablado radicalmente y sin ambages sobre sus indudables posibilidades de curación. La esperanza había encontrado, por fin, su momento más fecundo, y a partir de él, aquellas heridas cerraban, y parecían no hacerlo en falso… Por este camino, quien es también autor de este trabajo descubrió que podía contemplar el conjunto de su vida vivida como fuente de sentido y se decidió a cuidar a esas personas que hoy sufren el infierno de las adicciones y la pérdida de sentido en el hondón de su identidad personal y sexual.

Acojo con inmenso cariño, y de modo muy especial, a quienes experimentan atracción por personas del mismo sexo (AMS), convencido de que la naturaleza y esencia humanas exigen su propio curso —el suyo, y no uno a capricho— en relación al objeto de amor sexual, siempre complementario, o más y mejor aún, recíproco.5 Esta crónica vendrá seguida de algunas viñetas clínicas que muestren la importancia de sanar la homosexualidad… y algo más: también muchas prácticas heterosexuales exigen ayuda, toda vez que se insertan en un hábitat cultural que las acuna en su inmadurez, sea expresada como disfuncionalidad, sea exhibida a través de prácticas regresivo-perversas y adictivas.

Puesto que la sexualidad de la persona se encuentra medularmente unida a su libertad, el hombre puede “autoconfigurarla”,6 adecuándola a su identidad como varón o mujer, pero puede también desorientarla al desear-necesitar al mismo sexo como objeto de reparación y amor, sin advertir las nefastas consecuencias de “atrapamiento” en la inmadurez afectiva y emocional, intelectiva y volitiva (espiritual), que de ahí se derivan. Como sabemos, no pocas personas que debieran gozar de una sana y natural heterosexualidad, corren hoy esta suerte.

Hablaré, en lo que sigue, de cura, que es el objeto del acto médico. Curar cuando sea posible, aliviar en la mayor parte de los casos, y consolar en cualquier circunstancia. Y me situaré, siempre que sea posible, en un contexto cercano a la logoterapia. En semejante sentido, Frankl recordaba a menudo el lema: Saluti et solatio aegrorum, que había hecho colocar el sabio emperador José II encima de la puerta del Hospital General de Viena, dedicado no sólo a la cura sino también a la consolación de enfermos.7

Al prestar atención al cuidado, atenderé a la prevención de daños iatrogénicos y aportaré algunos ítems, a modo de pistas —logopistas, quizás— que pueden ser claves en la psicoterapia de la AMS y de la sexualidad en general. Por último, me centraré en el servicio, la actitud por excelencia cuando, en medio de la confusión imperante, se trata de conocer dónde está situado el otro, comprenderlo hasta el límite, y amarlo de forma incondicional.

Vayamos ahora a los fundamentos.

2. Antropología y psicoterapia. ¿Disociación o integración?

Como insistía un viejo y entrañable amigo y compañero en el oficio, curar significa cuidar… A lo que podemos añadir, en aras al esclarecimiento de su sentido, que el presupuesto para cuidar es la voluntad de servir. El servicio y la actitud de servir impregnan, o debieran hacerlo, cualquier ámbito de la práctica médica. Si esto es claro, habría que hilar mucho más fino al referimos a la praxis psicoterapéutica. Aquí, con bastante frecuencia, el antropologismo subyacente, no solo ha hecho caso omiso del servicio, pasando de largo, sino que se atrevió a sospechar de él —eludiendo su condición de valor— cada vez que lo hizo derivar de mecanismos defensivos. No obstante, la Logoterapia, que difícilmente deja indiferente a nadie, no solo fue respetada como escuela desde el principio, sino que ha influido de modo considerable —y es previsible que esta tendencia vaya en aumento en el futuro— en la salvaguarda de valores y el respeto por la dimensión espiritual del hombre allí donde se le quiera ayudar, aunque los paradigmas tradicionales la pongan entre paréntesis o claramente adviertan que ésta no es de su incumbencia.

— Nosotros llegamos hasta aquí: el ser humano es bio-psico-social. En lo demás, no entramos —me decía el mismo colega.

— No sé si al implementar lo de social habéis añadido un piso o seguís trabajando en el sótano… —le digo.

Y este diálogo me lleva a recordar una primera viñeta clínica: la historia de un hombre de 30 años que se niega a aceptar su AMS como algo normal. Recientemente, dice haber zanjado una relación de codependencia emocional con un joven, en la que se mantuvo por más de cinco años y que le llevó a sufrir mucho. Poco tiempo después inició otra relación homosexual, que califica como de estrictamente sexual.

— En su anterior relación, ¿mantenía relaciones sexuales?

— Sí, frecuentemente, pero era una relación de codependencia emocional —insiste. En esta de ahora, solo es sexual, lo emocional no hace acto de presencia.

— ¿Y cómo, siendo sexual, puede no ser emocional…? Que lo emocional no siempre se acompañe de lo sexual es una evidencia, pero lo contrario, ¿no es una imposibilidad? —proseguí.

Como es bien conocido, la tendencia a disociar suele darse entre ciertos pacientes.8 Ahora bien, ¿cómo se la puede permitir el psicoterapeuta? ¿O no andaba mi colega disociando? “Hasta aquí llegamos; en lo espiritual no entramos”. ¿No suena igual que lo que se obstina en afirmar el paciente, a pesar de la innegable buena voluntad de ambos…? Precisamente, por eso mismo, se hizo forzosa la Logoterapia, no como terapia sustitutoria de cuanto se venía haciendo, sino complementaria, al considerar lo específicamente humano: la dimensión espiritual, trascendental, personal y coexistente con la Trascendencia.

Muy humilde título ése de complementaria cuando, en su práctica más personalizada, inhiere la luz del logos en cualesquiera sean las tradicionales herramientas del proceder psicoterapéutico, al punto que, transfiguradas, ya dejan de serlo. Así, velis nolis, se conjugan τέχνη y λόγος. En fin de cuentas, recordemos que Frankl sólo habló de logoterapia para ponerse entre paréntesis y no hablar de sí.

3. Sanar la atracción por el mismo sexo (AMS)

3.1 Fundamentos antropológicos y científicos

En relación a las personas con AMS, su madurez sexual y personal no siempre fue cuestionada por principios morales y religiosos, sino que las propias vivencias psíquicas de inadecuación, ridículo, e inferioridad, los sufridos procesos de autoexclusión defensiva, el desapego y la ira respecto al padre, el vínculo especial con la madre, la inestabilidad afectiva general, los traumas, fijaciones o abusos durante el desarrollo, fueron seguidos de compulsión a la repetición de patrones conductuales autodestructivos, desembocando finalmente en peticiones de ayuda psicoterapéutica especializada con la esperanza de reorientar, en tanto personas, la vivencia sexual conforme a su naturaleza y esencia como varones.

Por el contrario, como afirma Nicolosi:

Parecen situarse bastante fuera de la realidad los estudios que evitan la vista amplia de la investigación de los sistemas familiares, las historias de casos clínicos, el auto-relato de las personas con orientación homosexual que han vivido la transición hacia la heterosexualidad y una comprensión del proceso de cambio psicoterapéutico.

Esos estudios no dicen nada de la psicodinámica bien establecida del proceso de identificación de género, especialmente a través de la relación con el padre del mismo sexo (Bieber 1962; Hatterer, 1970; Kronemeyer, 1970; Mayerson y Lief, 1965); ignoran los sistemas familiares y la teoría de relaciones objeto, y la teoría psicoanalítica de Edipo (Socarides, 1968); además de la pobre relación padre/hijo bien documentada del homosexual masculino (Bieber 1962). Tampoco hacen referencia a la comprensión más profunda del significado de las relaciones de sus semejantes del mismo sexo, expuesta por van der Aardweg (1985, 1986). De esta forma, su modelo descarta tanto la experiencia subjetiva como el sentido personal.9

Sin la menor duda, y mostrándole mi mayor agradecimiento, a esa lista de honrados hombres de ciencia habría que añadir al Prof. Polaino-Lorente, cuyos trabajos seguiré citando. Su entusiasta vigilancia sobre todos los “-ismos” es aún más de agradecer cuando la vemos alcanzar la antropología, contraída en mero “antropologismo”. Su entera obra nos invita a ese hilar más fino del que hablaba antes, también en este último campo, que ocupa el primer puesto entre los saberes humanos.

Difícilmente sería explicable todo este conjunto semiológico por la interiorización de la llamada homofobia social. No es que la estigmatización no se haya cebado en las personas con AMS, aspecto históricamente claro y que cabría ilustrar sin excesivo esfuerzo; es que, sencillamente, sonaría a no poco determinista hacerla resultar, tanto más por su abigarrado sufrimiento, del mero rechazo social.

¿Razones?

a) Las evidencias biológicas no han sido específicamente resueltas o, mejor dicho, lo van siendo en igual medida que los trastornos mentales que subyacen a ellas: no olvidemos que, a fin de cuentas, la AMS no es sino síntoma.

b) Como ya hemos apuntado, son abundantes los trabajos que argumentan la génesis psíquica, muy a pesar de lo que mengua la investigación científica del problema desde 1973.10

c) No pueden seguir ignorándose los correspondientes al origen noético, al menos cada vez que, como es harto frecuente, AMS y adicción o adicciones caminan juntas, y aunque no sólo sea por esto. En la medida en que, a nivel científico y nosológico, se ha hablado de “adicciones y” (patología dual), ninguna objeción habría que oponer al binomio “AMS y”, con objeto de establecer su correspondiente contexto.

En el trabajo anterior, la narrativa autobiográfica testimonial destacaba la necesidad —¡tantas veces, urgencia!— de ayuda, efecto de un estilo de vida, basado por lo general en el placer del instante y la ilusión inconsciente, seudo-reparativa y efímera, de haber encontrado la masculinidad. Más o menos, la nota rezaba así:

Esto, cada vez, se nos convertía en fuente de renovada frustración. La encapsulación en el ego y la falsa apertura a los otros, ha hecho que nuestras personas no puedan maravillarse del espectáculo de lo real, de la propia masculinidad que hemos de conquistar, del ser singular y único de cada persona, —distinta y digna por el solo hecho de serlo. Quizás poco conscientemente, hemos buscado lo que no-es, lo que sólo en apariencia se aproxima más a una imagen nuestra, de cada uno, prótesis de la carencia; no al otro, en tanto que es y es único, sino por su analogía con el ego y las posibilidades que tenga de rellenar vacíos existentes en sus heridas más íntimas. Por tanto, su instrumentalización ha perseguido adueñarse y tener, embocando a una relación sin ser, esto es, sin alteridad, sin compromiso, sin un proyecto de vida regido por la autenticidad…11

Lo real, que siempre exige ser conocido —“conóceme, que para algo existo”—, quedaba sin conocer. Este es el asunto nuclear; lo demás, muy a pesar de todo, resultaría casi una mera anécdota.12

3.2 Vacío existencial y AMS. Sentido del cuidado ético (1)

Por otra parte, la relación entre promiscuidad sexual (adicción al sexo) y vacío existencial, parece obvia. Frankl la argumenta del modo siguiente:

Sólo en un vacío existencial prolifera la libido sexual. Esta hipertrofia en el vacío aumenta la disposición a las reacciones sexuales neuróticas […]. En la actualidad nos enfrentamos con una inflación sexual que —como toda inflación, incluida la de la moneda— va acompañada de una devaluación. De hecho la sexualidad está devaluada en cuanto que está deshumanizada. Y es que la sexualidad humana es más que mera sexualidad, y lo es en la medida en que —en un nivel humano— es vehículo de relaciones personales (que, por supuesto, no se deja encadenar al lecho de Procusto, de clichés [ayer psicodinámicos, hoy autoconstructivos y de género] […], sólo porque se prefiera negar la realidad en cuanto desborda el marco de las simplificaciones populares).13

La cita conserva su vigencia en nuestros días y sigue dándonos qué pensar. Es, por tanto, también objeto de este trabajo, plantear el sentido del cuidado ético en lo que concierne a la psicoterapia de la vida sexual en general y, concretamente, en lo que hace a la atracción por el mismo sexo (AMS): sólo de este modo cabe avanzar sin obstáculos innecesarios en el tratamiento psicoterapéutico de las personas que no están dispuestas a aceptar —aceptar superficial y ramplonamente no es aceptar— dicha tendencia, por considerarla neurótica, enfermiza, perversa, sencillamente regresiva y opuesta a sus valores morales y religiosos.

Y abundando en la citada sexualidad inflacionaria, Frankl advierte:

Visto desde la perspectiva de una profilaxis de las neurosis sexuales, es deseable la máxima “personificación” posible de la sexualidad […] El desarrollo y madurez sexual normal del ser humano tiende a una creciente integración de la sexualidad en el entramado total de la persona. Desde aquí se ve claro que, a la inversa, todo aislamiento de la sexualidad [prácticas masturbatorias, adicción a la pornografía y sexo webcam en chats gays, por ejemplo] se opone a todas las tendencias de integración y, por ende, fomenta las tendencias neurotizantes. La desintegración de la sexualidad [—su exclusión de la trascendencia (elevación) de la propia sexualidad al nivel personal e interpersonal—] significa una regresión.14

Pero es justamente en estas tendencias regresivas donde la industria del placer sexual tiene su excepcional oportunidad, su singular negocio. Se impone la danza en torno al cerdo de oro. Visto, una vez más desde la perspectiva de la profilaxis de las neurosis sexuales, el aspecto funesto se encuentra en la presión (al consumo de sexo) que surge de la industria de la información. Los psiquiatras sabemos a través de múltiples experiencias hasta qué punto nuestros pacientes se sienten incluso obligados, bajo la presión de una opinión pública manipulada por esta industria de la información, a interesarse por lo sexual en sí mismo, en el sentido de una sexualidad despersonalizada y deshumanizada. Pero los psiquiatras sabemos también cuánto ha contribuido todo esto a debilitar la potencia y el orgasmo.15

No debe extrañar que, al término de la lectura de la citada obra, nuestro cronista exulte de gozo:

Para gloria de Dios debió ser escrito este libro. También para gloria de cualquier hijo de Dios… Terminé su lectura solo unas semanas después de iniciar la Fase B de la Comunidad terapéutica de Reinserción.

Las drogas habían quedado atrás, pero no el vacío. Ahora Frankl estaba poniendo el dedo en la llaga. Surgen los primeros atisbos de sanación con fundada esperanza. El trabajo humanizador de la psicoterapia no podía generarse en la abstracción; solo lo real señalaba su cauce. Y ante los ojos asombrados de nuestro hombre, en la descripción de esta sexualidad inflacionaria aparecía el espectáculo de la realidad.

No obstante, en relación a su AMS, el constructo frankliano aún no le resultaba del todo claro. Incluso cuando, algunos meses después lo descubra,16 de entrada se negará a aceptarlo. Como si tanta dosis de realidad le hiciera daño, rechazará con modales agresivos esta última obra sin poder evitar que la soledad lo embargue. Él no presenta una disfunción y se niega a identificar AMS con perversión. ¿Acaso muchas conductas heterosexuales no son del todo perversas? No le falta razón, pero la naturaleza y la esencia del hombre aún no quedan a su alcance. No entiende cabalmente lo natural en lo sexual. Naturaleza humana y persona son inseparables.

3.3 De la disfunción a la desnaturalización de la vida sexual

Reconoce que se ha incrementado el número de disfunciones sexuales, pero, en ese momento, no puede captar que se haya ido más lejos. Lo hará cuando a la persistencia en el desencanto —¡el uso del hombre como cosa!— aúne el rigor de la verdad sobre naturaleza, persona y sexo. Sabe que sin honestidad no ha dado un solo paso, pero su entendimiento tardará un tiempo más en impetrar la clave de ese ir más lejos en la maquinaria propagandística de la industria del sexo.

Identificar sexo y cosa, sexo y dinero, y des-identificar género y sexo, hacen que la propia naturaleza sexual quede desnaturalizada… Y despersonalizada al mismo tiempo. Es el resultado de la promoción de la cultura narcisista, de autoconstrucción sexual, homosexual y tránsfuga.17 Cada cual es libre —¡y desde luego que lo es!— de configurar sus disposiciones e impulsos sexuales como guste, incluso en franca oposición al sexo cromosómico, a los factores hormonales y morfológicos (sexo genital) y aun a los neurohormonales. Bastan los socioculturales para construir la propia identidad sexual, el resto de factores pueden ignorarse… Pero aún hay más: ¡queda prohibido cuestionarse!18 Vemos hasta dónde la persona humana es libre, siendo capaz de exhibir una desnaturalizada sexualidad. Ahora bien, ¿esto qué es?

Permitamos que nos lo aclare, una vez más, Frankl:

Quien considera que su salvación se encuentra en el refinamiento de una técnica del “amor” este tal no hace sino tirar por la borda al resto de aquella espontaneidad, de aquella inmediatez, de aquella naturalidad y de aquella serenidad que son una de las condiciones y presupuestos de un comportamiento sexual normal, de que tan necesitados están precisamente los neuróticos sexuales. Todo esto no quiere decir que pretendamos mantener tabúes de ningún tipo o que tomemos posición contra la libertad de la vida sexual. Pero la libertad a que se refieren aquellos que tienen siempre en boca esta palabra es, en último extremo, la libertad de hacer negocios con ayuda de la llamada “información sexual”. En realidad no hacen sino atiborrar a los psicópatas sexuales y a los “mirones” con material para su fantasía […] Todos estamos en contra de la hipocre­sía en la vida sexual. Pero debemos pronunciarnos también en contra de la hipocresía de los que dicen libertad pero piensan dinero.19

Al mismo tiempo es lícito plantearse la pregunta que Jutta Burggraf hace a su amigo David y atender a la aclaración que le sigue:

¿Todos los gays son neuróticos? Todas las personas que centran sus pensamientos y actuaciones exclusivamente en la sexualidad me parecen enfermas de alguna manera. Esto vale también para las personas heterosexuales. Todos los seres humanos tienen la tarea de integrar la múltiple realidad sexual en su unidad personal […] La disposición sexual no se observa solo como algo inscrito en nuestra naturaleza, sino más bien como una función que, por un lado, depende de nuestro sustrato biológico y está parcialmente predeterminada. Pero, por otro lado, está dotada de una relativa plasticidad, por ser al fin una función perteneciente a nosotros que somos seres libres. No está totalmente dependiente de una tendencia, de manera que se le impongan ciegamente unos contenidos, una dirección y un sentido único. Está dirigida, en primer lugar, por nuestra voluntad y, por eso, es educable […] si los medios de comunicación dicen que los gays no pueden sino actuar según sus inclinaciones, no actúan de manera nada “tolerante” con ellos… Os degradan porque os niegan lo específicamente humano, la libertad personal.20

3.4. El papel de lo iatrogénico. Sentido del cuidado ético (2)

Esta realidad sigue reclamando el sentido del cuidado ético para una psicoterapia específica. Visto el factor de presión sociógeno, podría tratarse, antes que nada, de evitar daños iatrogénicos, daños reactivos al factor patógeno que introduce el médico (ἰατρὸς)21 al expresar convicciones o puntos de vista poco documentados científicamente, o soltados irreflexivamente, muy a la ligera, pero que el paciente capta en profundidad, haciéndolos suyos de forma bastante involuntaria o, por decirlo de otro modo, sin cuestionar la autoridad del profesional que las pronuncia. No pocas veces, es el paciente con problemas mentales22 quien no ha desarrollado una actitud crítica y constructiva ante las dificultades que le presenta la vida, por lo que puede creerse a pies juntillas lo que escucha, ya no solo del profesional —en teoría, el verdadero experto— sino igualmente del que, expresando más seguridad y convicción que él en la materia, hace las veces de experto;23 pues, claro está, como acabamos de advertir, el daño reactivo puede serlo a factores patógenos distintos de la persona del médico.

Lo que introduce el modelo socio-cultural que lucha por imponerse (autoconstrucción, ideología de género, derecho al cuerpo sin la correspondiente responsabilidad, y en general —en términos de la encíclica Evangelium vitae24 cultura de la muerte) es sociógeno. El vacío existencial es sociógeno. La neurosis noógena es sociógena. Se trata de un daño o conjunto de daños reactivos al factor patógeno que introduce, no ya una cultura o una sociedad en abstracto, sino cada uno de los hombres y mujeres que se rigen por sus ideas, sin respetar las de los demás, o cuando éstos abdican del poder autoafirmativo de sus decisiones y permiten que otros decidan por ellos. Para cualquiera debiera valer el primum nil nocere que rige para la ética médica, como nos recordara Frankl.25

Sabiendo que el fundamento de la neurosis iatrogénica (sociógena, en su acepción más amplia) reside en la fijación26 del síntoma, en la medida en que la persona acude al psicoterapeuta en busca de una respuesta a una orientación sexual que vive como problemática —es decir, de la que se deriva sufrimiento mental—, tanto si el profesional opta por la mera aceptación como si se mueve en la dirección de la aceptación profunda reparativa, ha de exponer la complejidad del problema y no ocultar las consecuencias de uno u otro tratamiento.

No vale la superficial generalización del “acéptese, sin más, y disfrute de la vida”: es una falta de responsabilidad y un enfoque ideológico y del todo simplista den­tro de la confusión científica respecto a la AMS, que impera en estos momentos… Posiblemente habrá más sufrimiento derivado del tal “disfrute” que el provocado por el malestar inicial que traía el paciente.

Tampoco vale la propuesta de “sane sus heridas y cambie de orientación”, igualmente sin más… Como, de ningún modo, procede decir “usted a lo máximo que puede aspirar es a la bisexualidad”,27 mucho menos cuando al terapeuta le hubiera bastado realizar una sencilla anamnesis para descubrir que el paciente no tenía por qué llegar a tal lugar, pues de él ya partía y no precisamente con mal expediente. ¿Cómo puede aspirar un bisexual a conquistar la bisexualidad? ¡Claro, y el muchacho se lo cree!… Pero lo más penoso es que el muchacho ya no era tal, sino que se trataba, como es el caso de nuestro cronista, de un joven médico con ansias de formación… Estando así las cosas, nada menos que por diez años se alargó “la cura”… Capítulo éste que también convendría revisar a la luz de ciertas prácticas, solo hipotéticamente beneficiosas para el paciente, se trate de medicina, psicoterapia, prácticas exotéricas o sexología.

3.5 Re-significar lo vivido: el cuidado de la prevención

Sin embargo, ahora, al volver sobre lo vivido y advertir un significado, este médico ha podido fácilmente desarrollar una amplia tarea de prevención, en el ámbito de las adicciones en general: ha ayudado a que no se consoliden trastornos de la identidad sexual en personas con problemas de drogodependencia, que, en un momento muy concreto y bajo el efecto de las sustancias, experimentaron con el mismo sexo, y de los que, ahora frescos, se adueña la hiperreflexión escapista, situándose al borde de fijar la tendencia homosexual, sobre la que se cierne la sospecha de que podría ser un obstáculo mayor para su cura. “Total, ¿para qué voy a dejar de ser adicto si luego no podría ser el hombre que quiero?”, suele ser el discurso latente en estas historias de vida.

Invariablemente, advierte Frankl:

Un síntoma, de suyo inocuo y pasajero, genera en el paciente el temor fóbico de su repetición. Este temor de expectación consolida luego el síntoma y, en fin, este síntoma ya consolidado confirma aún más la fobia del paciente.28

Y, en el caso de estos muchachos,29 me fue tan fácil cuidarlos que, al preguntarles más tarde (meses, más de un año) por lo que les había preocupado, no vacilan en contestar: “Aquello me quedó completamente claro”. No vuelven más sobre el asunto. Pero, ¡ay, si dan con el silvestre de turno, que indaga cada cosa en el aciago inconsciente! Entonces, el muchacho, que venía con el problema de la adicción a drogas sale con otro añadido, que es su “primo hermano”: ahora, la duda sobre la identidad sexual (posibilidad de la homosexualidad) se suma a la de la libertad existencial de entonces (drogodependencias), con lo que volvemos al principio.

Como advierte el propio Frankl —refiriéndose en general a las neurosis iatrogénicas—, la profilaxis de estos daños debería partir de lo que parte cualquier acto médico: de una historia clínica que incluye una cuidadosa anamnesis. Dejar que hable el paciente, pero no simplemente por hablar, y así termine atrapado en la demencia asociativa,30 sino de cara a que objetive el síntoma, o si se prefiere, lo que es objeto de su preocupación: en este caso, la tendencia homosexual; en otros, los modos insanos de vivir la sexualidad, haciendo lo posible para que esto tenga lugar, al apelar al autodistanciamiento.

No trataremos la AMS como si de un síntoma cualquiera se tratase, ni diremos “mejor, no tocar” —¡que, sin duda, es otro modo de tratar! — sin medir las consecuencias, cuando estas claramente existen, como existen suficientes evidencias relativas a su psicogénesis.31 En este sentido no se puede seguir ignorando el “proceso de autoidentificación homosexual”, descrito por Polaino-Lorente.32

3.6 Psicodiagnóstico y tratamiento del trastorno de fondo

En segundo lugar, es preciso establecer seriamente una diagnosis, sabien­do que lo relevante no es solo la orientación homosexual, sino el trastorno mental que tal vez subyace a ella. El psicodiagnóstico ha de hacerse con el mayor cuidado, aplicando instrumentos psicométricos precisos. En terapia reparativa parece sobreabundar el diagnóstico de neurosis. Pero, como bien sabemos, no solo hay cuadros neuróticos asociados a la AMS.33 Las estructuras narcisistas, fronterizas, propiamente perversas,34 o psicóticas no pueden ni deben seguir siendo ignoradas.

Un tratamiento psicofarmacológico adecuado puede convertirse en el mejor aliado de la psicoterapia de reorientación personal de la sexualidad (aceptación y reparación). Muchos de nosotros solo alcanzamos una mejoría significativa cuando conseguimos la estabilidad psicobiológica, a la que en uno u otro momento accedimos después de habernos quedado completamente claro que, si bien la orientación homosexual no es reversible en todos los casos, sí lo es —¡y esto multiplica la relevancia del cuidado ético del tratamiento!— la actitud con la que la afrontamos.

3.7. Más a fondo: el papel de la AMS y el misterio

Nos hallamos, como en todo lo que hace al hondón de la persona, frente al misterio. Al hilo de mi proceso re-orientador, me viene a la memoria un amigo ex alcohólico que presentaba AMS y que, después de no menos de cinco años de estar participando de las sesiones de Alcohólicos Anónimos, seguía sin dar con su clave personal para salir de la homosexualidad, manteniéndose en el consabido circuito de lucha presión-contrapresión y caídas-recaídas frecuentes. Mi amigo, una persona religiosa, muy perseverante en el conocimiento espiritual, quedó sorprendido cuando le cité la advertencia de Jesús en Mateo 19, 12:

— En efecto, hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; también hay eunucos que han quedado así por obra de los hombres; y los hay que se han hecho eunucos a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender, que entienda.

Como recordaremos, el citado capítulo versa sobre matrimonio y virginidad, y en el mismo Jesús advierte a los fariseos que pretenden tentarle:

— Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres a causa de la dureza de vuestro corazón; pero al principio no fue así (Mt 19, 8).

Los discípulos le dicen:

— Si esa es la condición del hombre con respecto a su mujer, no trae cuenta casarse (Mt 19,10).

Y Jesús añade:

— No todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido (Mt 19, 11)

Sigue a continuación el versículo sobre los eunucos recién citado, que no por casualidad antecede a la bendición a los niños: «de los que son como ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 19, 14).

Mi amigo me confesó que nunca había reparado en esas palabras del Evangelio (Mt 19,12). Es más, tenía la sensación de no haberlas leído nunca…35

¿Cómo un hombre como tú, tan versado en doctrina, dices desconocer esto…? —me permití pensar con cierta ironía, recordando la pregunta de Jesús a Nicodemo.

Después, él mismo me ha repetido con frecuencia cómo le hizo reflexionar este capítulo de San Mateo. Por mi parte, en el mismo y con la ayuda de un sacerdote36 hallé, sin la menor duda, una clave terapéutica personal (sanadora), en estrecha unión con el auto-desprendimiento frankliano. Aunque vivo separado de mi mujer, nunca me decidí a pedir la nulidad del matrimonio. Y lo considero un acierto, porque mi amor por ella ha seguido creciendo: puliéndose y haciéndose nuevo.

Comprendo perfectamente y forma parte sustancial de mi felicidad las esperanzadas palabras de Jutta a David:

Para un cristiano, el amor entre un hombre y una mujer es importante, pero no es lo más importante; da felicidad, pero no es la máxima felicidad; tiene sentido, pero no es el último sentido de la vida. Es un camino para muchos, pero no es el fin. Porque el fin de la vida es solo Dios. Quizás no seas apto para el matrimonio, David. Pero sí que eres apto para el amor. Estoy convencida de que eres apto para un amor mayor que el que rei­na en muchos matrimonios.

Renunciar a todas las prácticas sexuales […] [ante un problema de AMS o de adicción al sexo, sea homo o heterosexual] es posible, aunque casi nadie se atreve a decirlo en público por la ideología que difunden los grupos de presión. Pero quien ante un deber difícil duda sobre si es verdaderamente un deber, no tiene muchas posibilidades de superar la dificultad […] no te fijes demasiado en un cambio de tu comportamiento sexual, ni de tu comportamiento en general. Conviene, ante todo, cambiar el núcleo de tus intereses: aquellos pensamientos y sentimientos infantiles que te apartan de la realidad y te sumergen en un mundo interior, fantástico. Es importante que te quieras tal como eres [¡acéptate a fondo, no te rechaces!] […] ¿Quién no encuentra obstáculos en su maduración humana y sobrenatural? ¿Quién no sufre de limitaciones? […] ¡La dignidad y el valor de una persona no dependen de su orientación sexual!37

Me resulta fantástica la lección de Jutta a David. Con toda sencillez, le invita al autodistanciamiento y huye del refuerzo, tan común entre algunos profesionales de la psiquiatría y la psicoterapia de nuestros días: Frankl, con su humor espléndido, recordando el “Nada hay que temer tanto como el temor mismo” (F. D. Roosevelt), añade:

Y nada hay que temer tanto como a aquellos médicos que por sus imprudentes e irresponsables declaraciones a sus pacientes han llegado a tal maestría en el cultivo de las neurosis iatrógenas que cabría hablar de ellos, con razón, de iatrogenios.38

Sin miedo a equivocarnos, cabe trasladar al amor aquellas reflexiones de Víktor Frankl sobre la investigación de la paz:

Mientras interpretemos sólo el fenómeno subhumano de la sexualidad, y no el fenómeno humano del amor, la investigación sobre la primera se encuentra condenada a la esterilidad. E igualmente: El hombre sólo superará la mera sexualidad, cuando le probemos que, primero: no tiene razón para utilizar al prójimo; segundo, que es libre, no en lo que se refiere a su sexualidad, sino a la postura que toma frente a ella; y tercero: que es responsable de identificarse con su sexualidad o de apartarse de ella. No todo depende de los mecanismos e impulsos subhumanos en sí. Y de esta actitud personal depende la “fuerza” de aquellos”.39

Como refuerzo de esta actitud personal es fundamental comprender que, para salir de la inmadurez sexual y avanzar hacia la plenitud del amor, necesitamos no solo un parón en la mera sexualidad, sino también superar el consecuente periodo de abstinencia.40 Podemos lograrlo afirmándonos un poco más en que, con el abandono transitorio de la vida sexual, nada hay que temer…

Recuerdo hoy, no sin cierta nostalgia, cuando por obra del cielo, finalmente di con el programa clave para mi recuperación de las drogas, Proyecto Hombre. Al poco de entrar coincidí en mi grupo con un chico de veinte y pico años, de aspecto bastante sano, locuaz y bien parecido, que me dijo que él no hacía el programa por un problema de drogas, sino por otro relacionado con el sexo, la masturbación y la adicción a las mujeres. Me quedé sorprendido: comunicaba las tentaciones, recuerdos y caídas que seguía sufriendo con el mismo rigor que si de droga se tratase. Cuando volvimos a coincidir un año más tarde, en Comunidad Terapéutica, me interesé por su peculiar proceso y con la mayor serenidad me dijo: “Ah, eso muy bien, hace como once meses que ya no me masturbo”. Al tiempo de salir graduado me tropecé un día con él y me presentó a la mujer con la que pensaba casarse… Mucho más que una simple viñeta clínica: ¡que magnífica crónica testimonial!

Hay que recorrer el camino de lo burdamente sexual a lo auténticamente erótico (lograr la síntesis), dejar atrás el aislamiento emocional, dejar de enredarse con la excitación exagerada y su combate y sus derrotas, que solo sirven para profundizar los sentimientos de inferioridad tantas veces exuberantes…41 ¡Ya emergerá la vida sexual auténtica cuando, a instancias del amor, sea requerida como verdadera tendencia erótica!

J. B. Torelló sostiene, además, algo en extremo básico y fundamental para quienes hemos decidido reorientar personalmente la sexualidad. Nada hay que temer de una vida de absoluta continencia:

… la represión del instinto es tan humana y natural como la satisfacción del mismo. La una y la otra son causa de salud o enfermedad, de serenidad o de inquietud, de placer o de disgusto, según la relación que mantienen con la entera escala de valores específicamente humanos. Respecto al llamado “instinto” sexual, tiene el “amor” un papel decisivo: la continencia “por amor” produce calma y libertad de espíritu, lo mismo que la relación sexual llevada a cabo también “por amor”. La disposición íntima de la persona, que plasma y colorea el mundo entero, se traduce en las relaciones interpersonales y, especialmente, en el modo de ser y de existir-con-el-Otro-del Amor.42

4. AMS: algunos ítems para una psicoterapia sanadora. Unos consejos desde la propia vivencia

Por lo que hace a la psicoterapia general de la AMS, apoyamos decididamente el hecho constatable de que cuando lo espiritual, lo emocional, afectivo, educacional, social, etc. se sitúa el lugar que le corresponde, la sexualidad corre naturalmente al suyo. Por este motivo, algunos psicoanalistas llevan más de veinte años, quizás treinta, sin hablar de sexualidad en las consultas, como supe en unas Jornadas de la SEP (Sociedad Española de Psicoanálisis) hace unos años… Son perfectamente conscientes de que, de este modo, no corren el menor riesgo de reforzar el síntoma y aumentar la contrapresión obsesiva.

Por nuestra parte, desde la logoterapia, me permitiré trazar aún otros ítems en favor de la reorientación personal de la sexualidad, haciendo lo posible por no olvidarme de aquellos aspectos problemáticos que pueden ser claves en nuestro peregrinar.

4.1. La salida de la masturbación

En cuanto a la masturbación, a lo ya apuntado sobre el objetivo de lograr la síntesis entre sexualidad y erotismo, añado esta breve reflexión: ¿Qué es la masturbación sino una sexualidad vacía de todo amor (esto vale para la prostitución), sino también de toda intención? Sexualidad humana vacía de un sentido propio, despojada de su intención (que la lleva más allá de sí, la trasciende).43

En materia de información sexual se ha llegado ya demasiado lejos. Pero también en materia de vacío existencial la génesis es, cada vez, más evidente. Aprendan médicos, psicoterapeutas, maestros y, antes que nadie, padres, de lo que nos advierte Frankl:

Una especie de propaganda sexual, aprovechándose de una falsa concepción y una interpretación vulgar del psicoanálisis, ha hecho creer a muchos que el impulso sexual insatisfecho —y no precisamente el impulso sexual desafortunadamente reprimido— conduce necesariamente a la neurosis [pues pudo haberlo sido afortunadamente y llevar a una vida feliz y sana]. Dejándose llevar de estas falsas consideraciones, se predica a la juventud la conveniencia de huir de la abstinencia sexual como de algo nocivo, con lo que solo se consigue causar daños reales, ya que estas prédicas no hacen más que crear la neurosis sexual de angustia expectante. De este modo, se preconiza un comercio sexual “a todo trance”, aún entre muchachos, en vez de dejarlos madurar tranquilamente y progresar por sus pasos contados hacia aquellas relaciones eróticas sanas y valiosas, las únicas dignas del ser humano, en las que lo sexual es siempre la expresión y el remate de una relación auténticamente amorosa. A estas relaciones eróticas debe preceder la relación de amor. El joven que entra prematuramente en una relación sexual, jamás encontrará el camino que conduce a la síntesis armónica de lo sexual y lo erótico.44

4.2. Desligar lo propiamente estético de lo homo-erótico

En el itinerario de la reorientación personal de la sexualidad convendrá desligar lo propiamente estético de lo homoerótico. En este ítem autodistanciarse consiste, paradójicamente, en acercarse y contemplar la posible belleza o los atractivos singulares del otro; no en secuestrarlo fóbicamente para luego instrumentalizarlo con fantasías escapistas. ¡Nada de esto es real! Puedo asegurar que en mis tiempos de corredor de avenidas y lugares llamados de cruising, podía sentirme atraído por un varón que distaba de mí tantos metros que era imposible verlo. Si no lo había podido ver y ver bien, ¿cómo me hacía ya trepidar con tanta fuerza? No, nada tenía que ver con lo real… Por eso, deja a un lado todo temor, acércate hasta que puedas verlo bien y desafía eso que tanto te seduce. Lo estético en su sitio, sin ensombrecerlo con lo homoerótico; incluso, si es alguien conocido, trata de hacer amistad con él, descubriendo el bienestar de relacionarse de persona a persona, sin escalones de poder por medio. Estos son sumamente frecuentes en las relaciones entre personas con orientación homosexual.

4.3. Desligar lo homo-erótico de lo propiamente afectivo

Igualmente, conviene desligar la atracción homoerótica de los nobles estados afectivos que, quizás, se malograron en la adolescencia. La persona con AMS tiene necesidad de abrazar y ser abrazado por un hombre, verdadera necesidad de sentirse aceptado y querido. La elección de mentores45 responsables ayudará en el proceso reparativo de las carencias en la relación con el padre.

Por otra parte, una mezcla de pudor y temor aparece en el varón que se prenda de una mujer. Esa aparente barrera defensiva es completamente natural y legítima. De ahí que cualquier hombre normal sea precavido y no se lance así como así a relacionarse con mujeres. La persona homosexual-gay lo hace, se fusiona con ellas y se siente a gusto, pero debe saber que previamente ha renunciado a su verdadera identidad como varón e incluso quizás corra el riesgo del transfuguismo psíquico.46 No pocas veces, nuestras madres han generado con nosotros vínculos demasiado especiales, y deberíamos experimentar un sano temor —como el de los varones sanos— a caer en la regresión esclavista, que fomenta la codependencia, se rige por la ambivalencia amor-odio, y tiende a negar el viejo secuestro de la identidad…

Anda, párate y observa cuántas cosas tienes de tu madre: conductas, expresiones, automatismos, etc. Está bien que te gusten y mucho mejor que la ames —¡sabemos también cuánto no nos gustan y… los resentimientos que pueden quedar en el fondo!—, pero debes transmutarlos, virilizarlos, compatibilizarlos con tu verdadera identidad.

4.4. Desligar la tendencia a la curiosidad del homo-erotizar (mejor, homo-morbosear)

Otro ítem más. Desliga el instinto a la curiosidad —hazte previamente consciente de cómo se te dispara sin que apenas lo adviertas— y mira sólo si quieres mirar, pero no porque mande en ti el instinto. La curiosidad sobre el propio cuerpo y el de los demás se hace notar en la niñez y luego también en las restantes fases del desarrollo afectivo, personal y sexual. Lo que no curioseó un hombre de niño sobre sí mismo puede conducirle a un estado de alienación respecto al cuerpo.47 Un desplazamiento de la curiosidad del propio cuerpo al del otro puede acompañarse de deseos no conscientes de hacerse con el cuerpo ajeno como modo de tenerse a sí mismo. En la terminología de H. Kohut,48 el cuerpo de los otros podría ejercer la función de un self object, un objeto de sí mismo, en la red de las relaciones narcisistas.

4.5. Diferenciar algunos estados del yo

Por cierto, será muy conveniente ir tomando conciencia de los diversos estadios del yo.

Hay que diferenciar, al menos:

a) El yo infantil, caracterizado por los movimientos egocéntricos y de inferioridad.

b) El yo corporal, emergente de la conciencia de la propia corporalidad y, en parte, como renuncia a los excesos de la reflexión-intención.

c) El yo defensivo-narcisista, marcado por un continuo movimiento de experimentación de los otros en tanto objetos referidos a sí, pero no a los otros-en-sí, en cuanto otros.

Y habrá que reconocer que, al cabo, el verdadero yo, el yo real, existencial, la mismidad, el self, no es sino fruto de un progresivo desvelamiento, que acontece a medida que los otros se van mostrando como otros, como un tú distinto del propio yo. Sólo el verdadero interés por conocer la otredad —el Otro, los otros— ayuda a desvelar la realidad del propio yo.

No olvidemos, en este sentido, lo que advierte con toda verdad Polaino-Lorente:

No es adentrándose en sí mismo como la persona se conoce y encuentra. Esto es necesario, pero no suficiente. El propio “yo” necesita del “tú” para ser él mismo. Sin el “tú” el yo se falsea y realiza de forma inauténtica, por cuanto es muy proclive al narcisismo —una de las patologías más complejas y dolorosas, para la que apenas disponemos de una ayuda terapéutica que sea eficaz.49

4.6. Del ruido hiperreflexivo al silencio interior

Cualquier proceso verdaderamente sanador, también el propio de la AMS, requiere silencio, hacer silencio: ¡quién podría olvidarse de este escalón! O lo que es igual: salir del ruido hiperreflexivo. O, si se prefiere: practicar el olvido de sí, volcando la atención sobre los otros y oponiendo ese autoolvido natural al auto-olvido embriagador (borracheras de sexo).

Se puede decir también: oponiendo la autoimportancia infantil-narcisista a la naturalidad-espontaneidad infantil-adulta… Salir, por tanto, de lo rebuscado, de lo retorcido, para acceder a lo sencillo y simple… No olvidemos que los clásicos medievales llamaban Simplicísimo a Dios…50 Y no puede ser otra la tarea de los que por Él hemos sido creados, sino la de tender a Él.

Con Él co-existimos (inconsciente espiritual, presencia ignorada de Dios). A semejanza suya hemos sido creados: libres, por tanto. Si queremos, no nos contentaremos con cualquier conocimiento. Cuanto más se eleva el conocimiento más se aproxima al amor… y viceversa.51

5. Sanar en comunión y solidaridad

A la hora de prevenir daños, es decir, de cuidar a la persona que persigue reorientar su sexualidad, ante todo hay que saber que esta tarea no solo se dirige hacia quienes presentan una orientación homosexual, sino que también atañe a todos los demás, incluidos no pocos heterosexuales. De éstos, cada vez son más quienes sienten la exigencia de reorientar su vida sexual, si realmente buscan “crecer” como personas.

Por tanto, la terapia de reorientación sexual —que también podemos denominar reparativa, o aún mejor, de aceptación-y-reparación— no incumbe solo a homosexuales o bisexuales, sino a cualquier persona que haya caído en alguna de las posibles perturbaciones del sentido de la vida sexual.

Pero, ¿hacia qué forma de vida sexual hemos de ser reorientados? ¡Heterosexualidad a cualquier precio, no!, para eso nos quedamos donde estamos. Frankl, acoge la siguiente cita de Eibl-Eibesfeldt:

El hecho de la sexualidad se halle al servicio de la unión de la pareja, presupone que contiene una relación favorable a ella, es decir, amor como atadura individualizada. El amor es atadura individualizada, y un cambio constante de pareja niega el amor. En este sentido, estamos predispuestos, desde que nacemos, a uniones de pareja matrimoniales duraderas.52

Y añade:

La teoría enunciada por nosotros, según la cual la sexualidad humana es siempre más que pura sexualidad, es confirmada por las investigaciones sobre este tipo de conductas. Pero, en lo que se refiere a la práctica se impone señalar la importancia de la “píldora”. Esta permite y facilita al hombre colocar la sexualidad plenamente al servicio del amor. La sexualidad se halla entonces emancipada desde el momento en que ya no está automáticamente asociada a la procreación.53

Ahora bien, ¿se puede oponer “píldora” a castidad? No solo se puede, sino que se debe. ¿O vamos a olvidar que “píldora” equivale a rechazo de la vida? Ahí están los métodos naturales, capaces de unir más a los esposos que se aman… ¿La sexualidad se halla entonces [= píldora] emancipada desde el momento en que ya no está automáticamente asociada a la procreación? Frankl no introduce en este texto signos de interrogación y escribe “automáticamente” donde debería figurar “naturalmente” —e incluso “libre y gozosamente”—.

En cualquier caso, prosigamos su línea argumental. Si, gracias a la píldora, la sexualidad deja de estar automáticamente asociada a la procreación, entonces, ¿a merced de qué automatismos queda?, ¿o es que todos los automatismos desaparecen? ¿No cabe el riesgo de que se multipliquen ociosamente mucho más, con el consiguiente retroceso —regresión— de cada cual a sí mismo, en lugar de caminar juntos hacia el solo cuerpo del amor?

Pero, obviamente, también pueden expresarse las habituaciones del amor, las virtudes —auténticas conquistas espirituales y morales: noéticas, en la terminología de Frankl— que procuran el cuidado entre los esposos. Se aman con el cuerpo, pero virtuosamente el cuerpo queda al entero servicio del amor; bajo el cuidado de éste se transforma en su único cuerpo.

En este sentido, y teniendo forzosamente en consideración el sufrimiento de las personas que hemos vivido la sexualidad como falsa emancipación (autoprogramados para el sexo), en nombre de todos ellos me arriesgaría a decir que, si, en cualquier materia, todo automatismo negativo —simple conducta reactiva a estímulos egocéntricos— debe evitarse o transformarse, en la vida sexual habrá que proceder con mayor cuidado, con una delicada vigilancia. Es más, en ausencia de la píldora —¡en presencia de vida y amor!— también sería cierto afirmar que todo amor pueda quedar fijado por automatismos… o, mejor, por hábitos sanos, auténticas virtudes del amor recíproco, como ya apunté: cuerpo del amor todo el día, en cada momento; y, por supuesto, en el felicísimo acto del encuentro más íntimo.

Si una persona fecundada es obra de un mero automatismo, ¿cuál será el punto de partida de una vida personal (solo aparentemente desprovista de gracia)? El sentido de la vida sexual no es, ciertamente, la procreación sino el amor, es decir, el Amor, lo que ocurre es que cualquier amor verdadero es constitutivamente fecundo; y un componente maravilloso de la fecundidad amoroso-sexual es la posible procreación proactiva. La mera reactividad en la vida amorosa haría de la grandeza de la sexualidad su caricatura más grotesca: mero sexo. Apremia recuperar el verdadero sentido de la vida sexual: la unión íntima, espiritual y fecunda de los esposos…

6. Urge cuidar: Sentido del sufrimiento

A la hora de prevenir daños no solo hay que hablar y dejar hablar sino, como muy bien advierte Frankl, callar en ciertas circunstancias. Me vienen a la memoria nada menos que tres historias matrimoniales en las que la perturbación del sentido de la vida sexual es evidente:

a) En la primera, los hijos —fruto de un matrimonio que dura ya más de quince años— constituyen verdaderos “milagros”. El marido se había mantenido “fijado” a la masturbación desde la adolescencia, en coincidencia con situaciones de acoso (“bullying”) y con una respuesta a un maltrato físico ocasional por parte de la madre (que sin necesidad de indagar, el paciente asoció a la “fijación” a las fantasías previas a la masturbación). Por su parte, la esposa había compensado sentimientos de inferioridad asociados a problemas físicos, pero padeciendo una “indigencia sexual” similar al marido.

b) Una segunda historia narra la infidelidad de un marido, que, providencialmente, fue descubierta por su esposa. Con esa experiencia, el hombre, un excelente profesional (también, por cierto, con una historia de bullying54 altamente significativa por sus años de púber), había arrastrado una fantasía próxima al lesbianismo desde que su esposa le contara algo relativo a una amiga (lesbiana) de muchos años atrás. También, de vez en cuando, para fomentar la fantasía, recurrían a cualquier canal pornográfico. Dentro de este contexto, el día que la esposa le contó lo de su amiga con ella, él notó que eso lo excitaba notablemente, al punto que le llega a proponer este tipo de tríos a la esposa, a lo que esta no cede, minimizando la importancia de tales propuestas. La infidelidad tiene lugar coincidiendo con una serie de hechos que aumentan en él el estrés laboral y le hacen sentirse como descolocado entre colegas y superiores, empezando a sobrevalorar el súmmum de excitación si se diera el trío. Casi no percibe su escapismo a la situación del trabajo, hasta que es vencido por la formación obsesiva y la lleva a cabo.

c) De menos exuberancia a más, la tercera viñeta plantea un matrimonio aún joven, casados muy tempranamente, con hijos. Poco después de contraer matrimonio, la esposa es infiel; como la situación se prolonga, siente el deber de decirle al marido que ha dejado de quererlo y contarle su furtiva historia de amor. No obstante, deciden seguir viviendo juntos, pues dicen no disponer de medios para hacerlo por separado. Ambos, a la vez, comparten una dependencia del cánnabis y el alcohol, que etiquetan de “social”. Durante los catorce años que conviven bajo el mismo techo han sido mutuamente infieles, pero eso no ha impedido la procreación y el nacimiento de sus hijos, como fruto de relaciones estrictamente conyugales. Ahora, arrepentidos, pretenden reparar la que hicieron mal.

Pues bien, las tres parejas accedieron a la psicoterapia conyugal. Y si bueno es rezar, casi mejor es callar… Después de caminar con ellos a su propio ritmo, pero por un tiempo dilatado, cada día me convenzo más de que los tres aspiran a la plenitud monogámica.

Sobre ella, dejemos que nos hable el propio Frankl:

El proceso psicosexual normal tiende a una creciente convergencia de las tendencias sexuales y las eróticas, hasta que, por último, lo sexual se funde y confunde con lo erótico, dándose una congruencia perfecta de contenido entre ambas corrientes: venturosa síntesis de lo erótico y lo sexual […] el instinto, que recibe de la tendencia erótica su meta, su orientación hacia una persona determinada, se encuentra luego vinculado a esta persona, a quien “se siente unido” el individuo que la ama […] es así como el proceso de maduración conduce automáticamente a las uniones monogámicas. La tendencia sexual se orienta exclusivamente hacia aquella persona única que la tendencia erótica le dicta. Por tanto, el individuo verdaderamente maduro solo podrá apetecer sexualmente, en rigor, a la persona a quien ame; solo aspirará a aquella unión sexual en que la sexualidad sea expresión de una relación amorosa. En este sentido, debemos considerar la capacidad interior del hombre para contraer una unión monogámica como el verdadero criterio de madurez erótico-sexual de un individuo. La actitud monogámica es, por tanto, la etapa última del desarrollo sexual, la meta superior de la pedagogía sexual y el ideal de la ética sexual.55

Para terminar, y por constituir el tema central de este trabajo, esbozaré una historia de AMS e incesto entre dos hermanos varones, con una diferencia de apenas tres años. Los contactos se prolongaron por más de veinticinco y, como sucede a menudo, encontraron su punto de partida en el refuerzo. De chiquitos, el papá los sorprendió jugando con los genitales, y la paliza no se hizo esperar. Desde entonces, comenzaron los furtivos encuentros que se mantendrían hasta solo poco unos meses antes en que el hermano mayor decidiera tener novia y casarse, negándose a dar a la historia la importancia que le daba el otro e incluso negándose a acompañar a éste a las consultas que mantuvo con diversos psicólogos. Finalmente, el hombre acudió a mi consulta porque se había dejado ir varias veces hasta el terraplén de la autopista y no encontraba la menor motivación para seguir vivo. Su hermano mayor estaba a unos meses de casarse y esta decisión lo llenaba de resentimiento y lo hacía enloquecer. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo: a su hermano feliz con la que pronto sería su mujer, y negando acusar el menor problema con esas “tonterías homosexuales”. Él sí decía haberse reconocido siempre “así”: paradójicamente, entendía que había sido su propia madre la que había inducido este modo de ser, al no haber tenido niñas y considerarlo a él como la niña tan anhelada…

Dejemos nuevamente que hable Frankl, aunque repitamos algunas palabras ya citadas:

A veces la sexualidad no es solamente más, sino menos que sexualidad. William Simon y John Henry Gagnon creen que Freud vio la sexualidad infantil con ojos de adultos: “Es peligroso asumir que, porque algunas actitudes infantiles parecen sexuales a los adultos, sean sexuales.” Más bien Simon y Gagnon creen que los padres que descubren a un niño jugando con los genitales malinterpretan esto como un acto de masturbación, cuando en realidad se trata de otra cosa: Una experiencia no sexual de descubrimiento del propio cuerpo” (“Time magazine”, 28 de marzo de 1969).56

Como se ve en esta historia, la salida de la homosexualidad no siempre es un milagro, sino que muchas veces es menos que un milagro. ¿O seguiremos sospechando del hermano mayor? Pienso que la historia se aclara por sí misma y la anterior cita sobradamente la fundamenta.

Pero nadie puede dudar del sufrimiento que todo esto lleva consigo.

La “cura de almas” médica se preocupa de hacer que el hombre sea capaz de soportar un sufrimiento necesario ineludible. Ella no se preocupa por restablecer la capacidad de trabajar y la capacidad de disfrutar… sino por restablecer la capacidad de soportar […] La capacidad de soportar no es nada más que la capacidad de realizar lo que designamos como valores actitudinales.57

No siempre la persona está capacitada para soportar el dolor. Solo si descubriera en la miseria de su zarza58 el fuego que arde y no se apaga, pondrá sus afectos, sus ilusiones, sus impulsos más hondos, su corazón, en lo que considerará su bien más preciado, su tesoro: la riqueza de re-significar el pasado con plena aceptación y reparación…: “Porque donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón” (Lc 12, 34).

Debemos abandonar la seguridad y la autosuficiencia vinculadas al placer sexual. Aceptando muy seriamente nuestros condicionamientos, podremos saltar de las claves que configuraron el automatismo bio-psico-social a la existencia y caminar desde la autonomía a la trascendencia… Como frecuentemente me recuerda un sacerdote amigo: “Hermano, la guerra es contra el YO (con mayúsculas)… Recupera tu verticalidad, mira como se incrementa el horizonte de tu visión: ahí están los Otros, te esperan…”

“Yo solo no puedo” —insisten los Sexólicos Anónimos:

Paso 1: “admitimos que éramos impotentes ante la lujuria, que nuestras vidas se ha­bían vuelto ingobernables”. Paso 2: “llegamos a creer que un poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio”. Paso 3: “decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de dios, como nosotros lo concebimos”.

Juan F. Sellés59 advierte la sabiduría que destila la frase pintada en un portón italiano:

Dejad toda vanidad los que entráis (lasciate ogni baldanza voi che entrate).

Y añade:

Si uno se afirma cada vez más en su yo (actitud no exenta de soberbia) se obtura como persona y se cierra a su intimidad y a la trascendencia (por eso, aceptar una férrea tipología psicológica equivale a perder de vista el ser personal).

Esta modulación de actitudes resulta fundamental en la terapia de aceptación y reparación, y constituye un requisito para la vida sana en general.

7. ¡Y más urge servir!: Amar para tratar. La verdad de “X + Y”

Polaino insiste en las condiciones básicas que debe reunir todo aquel que ayuda y cuida, y lo hace reflexionando sobre un texto de Kierkegaard:

Si el auténtico éxito es lograr el esfuerzo de llevar a un hombre a una definida posición, ante todo, es preciso fatigarse para encontrarle donde está. Este es el secreto del arte de ayudar a los demás. Todo aquel que no se halle en la posición de él, se engaña cuando se propone ayudar a los otros. Para ayudar a otro de manera eficaz, yo debo entender más que él; pero ante todo, sin duda, debo entender lo que él entiende. [¡Y, en cualquier caso, no creerme mejor que él!, añado por mi parte]

Si no sé eso, mi mayor entendimiento no será de ninguna ayuda para él. Si de todos modos, estoy dispuesto a empecinarme con mi mayor entendimiento, es porque soy vanidoso, un orgulloso; de forma que en el fondo, en lugar de beneficiarle a él lo que deseo es que me admiren.

En cambio, todo auténtico esfuerzo para ayudar empieza en la autohumillación: el que ayuda debe primero humillarse y ponerse debajo de aquel a quien quiere ayudar, y, por tanto, debo comprender que ayudar no significa ser soberano, sino criado; que ayudar no significa ser ambicioso, sino paciente; que ayudar significa tener que resistir en el futuro la imputación de que uno está equivocado y no entiende lo que el otro entiende.60

La humildad del terapeuta no puede hacerse esperar. El profesional verdaderamente rehumanizado ha de estar en condiciones de disponerse a sufrir.

¿Y cuál es la motivación para todo este dolor auto-infligido? Es la esperanza velada de que tú mismo puedes hacerte sentir amado. Así es; es la esperanza de que los demás, al ver cuánto dolor estás dispuesto a sufrir, de alguna manera puedan darte reconocimiento. Entonces, al verte reflejado en sus ojos, tendrás la satisfacción de sentirte amado.” (San Doroteo Abad)61

Laín Entralgo62 denomina a esta tan singular relación terapéutica “amistad médica”:

uno de los amigos, pone su voluntad de ayuda técnica, y el otro, el enfermo, su menesterosa confianza en la medicina y en el médico que la atiende”, “el vínculo que une entre sí al médico y al enfermo es el amor […] Si nuestro amor es grande, grande será el fruto que de él obtenga la medicina; y si es menguado, menguados también serán nuestros frutos. Pues el amor es lo que nos hace aprender el arte, y fuera de él no nacerá ningún médico

Si queremos cuidar del hombre hay que adentrarse hasta aquella dimensión en que sus objetos ya no se proyectan a planos inferiores.63 Cuidar es seguir al hombre hasta esa su dimensión trascendental. Solo desde allí adquirirá sentido nuestro cuidado: podremos servirlo aunque, como reconozcamos, la cura resulte siempre parcial, pues quien vive con sentido su vida personal y sexual continuamente se está curando, y lo que es necesario para ello: se está dejando curar, cuidar; está conociendo, amando.

La medicina, según Demócrito, cura las enfermedades del cuerpo, pero la sabiduría libera el alma de sus pasiones. Nuestro buen Pedagogo, que es la sabiduría, el Logos del Padre, creador del hombre, cuida solícito de la criatura entera: médico de la humanidad, y capaz de sanarlo todo, cuida tanto del alma como del cuerpo.64

La condición sine qua non de la persona cuidada y del cuidador pasa por dejarse cuidar a manos de Otro, descubrir el sentido último filial. Quien no conquista su posición de hijo, puede olvidarse de un sano ejercicio como padre o madre, marido, mujer, hermano, amigo… Así, en el cuidado, al educar, hay que prestar atención al hecho de que somos, al mismo tiempo, educados por quienes pretendemos educar. Por otro lado, hemos de admitir que nos cura aquél a quien pretendemos curar, aunque no en nombre propio sino en el de Aquél que solo sabe hacer eso: amar y curar… Monantropismo, pues, aunque no de una sola humanidad sin más, sino de la Familia humana en comunión y solidaridad con Quien sabe que la ama. ¡He ahí la superación del “antropologismo”!

Dejemos que nos lo diga Lactancio:

Quiero expresar una importantísima verdad que los filósofos que incluso han dicho la verdad, no han podido descubrir, porque no supieron sacar las consecuencias hasta el final. El mundo ha sido creado por Dios para que naciera el hombre. Los hombres han sido creados para que reconozcan a Dios como Padre: en eso consiste la sabiduría. Ellos reconocen a Dios para honrarlo: en eso consiste la justicia. Lo honran para recibir el premio de la inmortalidad. Reciben después el premio de la inmortalidad para servir eternamente a Dios. ¿Ves cómo está todo concatenado: el principio con el medio y el medio con el fin?65

Y siguiendo la nota de Lorda, el mismo Tomás de Aquino:

En el orden del universo, cada criatura existe para su propia actividad y perfección. En segundo lugar, las criaturas más bajas existen para las más nobles, así, las criaturas que están por debajo del hombre existen para el hombre. Además, todas las criaturas existen para la perfección del universo. Y todo el universo con todo su orden, se ordena a Dios como a su fin […], pero las criaturas racionales tienen a Dios como fin de una manera especial, porque lo pueden alcanzar con sus actos, conociéndolo y amándolo.66

Al P. Antonio y nuestra querida página de la esperanza

Málaga, 14 de marzo de 2011

 

Notas del Autor

1 Ponencia presentada en las XIV Jornadas-Encuentro de la Asociación Española de Logoterapia (Aeslo), bajo el título “Sentido en el cuidado”, celebradas en Madrid el 16 y 17 de octubre de 2010.

2 Porras Torres, Antonio: “Verdad encontrada y sentido en la vida personal”; en Metafísica y Persona, núm. 3 (2010), pp. 101-123.

3 «La autotransformación nos asistiría en medio de la tensión existencial que experimentamos entre la persona que cada uno es (elevable) y la que está llamado o llamada a ser (elevada). En dicha tensión se entreveraría el existencial de la preocupación (M. Heidegger), existencial citado por Frankl cuando advirtió que la herramienta del humor, por él preconizada para el autodistanciamiento (o autodesprendimiento), merecía también dicho calificativo, como Binswanger había afirmado del amor (autotrascendencia). ¿Qué persona podrá experimentar una transformación con sentido si no permanece abierta, preocupada, inquieta y, al mismo tiempo, clausurada, reposada y atenta? Mucho más grande que el cúmulo de todas sus miserias juntas, la persona es». Porras Torres, Antonio: “Verdad encontrada y sentido en la vida personal”, cit., p. 103, nota 1.

4 Ib.

5 Ib.

6 Polaino-Lorente, Aquilino: Sexo y cultura. 2ª ed. Madrid: Rialp, 1998

7 «Nicht zufällig hat der weise Stifter des Allgemeinen Krankenhauses in Wien, Kaiser Joseph der Zweite, über dem Tor eine Tafel anbringen lassen mit der Inschrift: Saluti et solatio aegrorum — gewidmet nicht nur der Heilung, sondern auch der Tröstung der Kranken. Daß auch letztere in den Aufgabenbereich des Arztes fällt, geht nicht zuletzt hervor aus der Empfehlung der American Medical Association: „Der Arzt muß auch die Seele trösten. Das ist keinesfalls allein Aufgabe des Psychiaters. Es ist ganz einfach die Aufgabe jedes praktizierenden Arztes“». Frankl, Viktor E.: “Grundriß der Existenzanalyse und Logotherapie“; in Logotherapie und Existenzanalyse: Texte aus sechs Jahrzehnten. Weinheim und Basel: Beltz Verlag, 2002 (1. Auflage 1998), S. 123. Traducción castellana: “Elementos del análisis existencial y de la logoterapia”; en Logoterapia y análisis existencial: Textos de cinco décadas. 1ª edición, 4ª impresión. Barcelona: Herder, 2007, p. 131.

8 Psicólogos y psiquiatras denominan disociación a una sintomatología donde elementos inaceptables son eliminados de la autoimagen o negados de la conciencia. Para el psicoanálisis, la disociación es un mecanismo de defensa que consiste en separar, del resto de la psique, elementos disruptivos para el yo, lo cual se traduce en que el sujeto convive con fuertes incongruencias, sin ser consciente de ello.

9 Nicolosi, Joseph: ¿Por qué revelar el lado oscuro del movimiento gay? Couragelatino.org

10 Cf. nota 22.

11 Porras Torres, Antonio: “Verdad encontrada y sentido en la vida personal”, cit., p. 113, nota 2.

12 Esta propuesta de fundamentación antropológica metafísica podemos hallarla en la entera obra de Tomás Melendo. Por ejemplo: Invitación al conocimiento del hombre, La pasión por lo real, Dimensiones de la persona, Felicidad y autoestima, El verdadero rostro del amor, Metafísica de lo concreto, etc.

13 Frankl, Viktor E.: Das Leiden am sinnlosen Leben: Psychotherapie für heute. 20. Auflage der Neuausgabe (31. Gesamtauflage). Freiburg im Breisgau: Verlag Herder GmbH & Co. Kg., 2009, S. 23-24. Traducción castellana: Ante el vacío existencial: Hacia una humanización de la psicoterapia. 2ª ed. Barcelona: Herder, 1982 (1ª ed., 1980), pp. 24-25.

14 Frankl, Viktor E.: Das Leiden am sinnlosen Leben, cit., S. 25 (tr. cast., p. 26).

15 Ib.

16 Frankl, Viktor E.: Die Psychotherapie in der Praxis: Eine kasuistische Einführung für Ärzte. 5. durchgesehene Auflage. München – Zürich: Piper, 1986, S. 137 ff. (4. erweiterten und neu bearbeiteten Auflage, 1982), S. 137 f. Traducción castellana: La psicoterapia en la práctica médica. Buenos Aires: San Pablo, 1995, p. 162 ss.

17 Polaino-Lorente, Aquilino: Sexo y cultura, 2ª ed. Madrid: Rialp, 1998.

19 Frankl, Viktor E.: Das Leiden am sinnlosen Leben, cit., S. 26 (tr. cast., p. 27).

20 Burggraf, Juta: Cartas a David: acerca de la homosexualidad. 4ª ed. Madrid: Palabra, 2006, pp. 38 s.

21 Y por extensión, el psicólogo, el orientador, el agente de la pastoral, o el profesional de la psicoterapia.

22 En 1973, la homosexualidad dejó de figurar en la clasificación DSM, lo que no quiere decir que todos los profesionales estén de acuerdo en que no se trata de un problema del desarrollo. Así, Joseph Nicolosi, advierte: «Por supuesto, al tomar este punto de vista, yo (Joseph) estoy con frecuencia en desacuerdo con miembros de mi propia profesión. Los que se me oponen dicen que la decisión tomada en 1973 por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) de suprimir la homosexualidad del Manual de Diagnóstico y Estadística (DSM en sus siglas en inglés) ha establecido la conclusión de que la homosexualidad es normal. Pero esa decisión de 1973 se tomó (como han afirmado algunos activistas gays) bajo fuertes presiones políticas por parte del activismo gay (Simon LeVay, Queer Science (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1996), p. 224.). Cf. Nicolosi, Joseph: Guía de padres para prevenir la homosexualidad. www.esposiblelaesperanza.com

23 En la crónica autobiográfica testimonial, el experto de nuestro incipiens estudiante de Medicina, precisamente por los años a que hace alusión la nota a pie de página anterior, fue un compañero mucho más progre que él, esto es, sin los menores desvelos morales. Y le resultó del todo fácil, como por ensalmo, usando palabras mágicas claves para un muchacho de aquellos años, como psicoanálisis, marxismo y cristianos liberales… También es obligado advertir que el experto se había hecho previamente con la coyuntura desgraciada de su pupilo: nuestro cronista solo había dado los primeros pasos (carreras) por las rutas homosexuales convencionales y había quedado seducido por otro estudiante unos años mayor que él. El resultado fue que, con la dormilona del sexo, se despertó tarde para asistir a una cita clandestina del grupo maoísta en que había empezado a militar unos meses antes —¡y solo después de un verano entregado a reflexionar sobre el modo de participar en la emancipación de la humanidad!—, de modo que le fue planteado pronto un juicio sumarísimo, del que aún retumban textuales las siguientes palabras: «Camarada, si estuviésemos en guerra, ahora mismo te fusilaríamos, pero no por lo de llegar tarde a la cita…, no, sino por homosexual, por ser contrario a la revolución cultural…». «No puedo recordar cuánto tiempo pasé bajo el agua helada de la ducha…», nos dice… Después de esto, el experto lo tuvo fácil para la exhortación del regreso de su cobijado a la casa del Demonio Padre, pues ya se entregaba duramente a la consabida autocrítica, con el consiguiente deseo de retorno a la vida sexual normal. Como señalara en el trabajo anterior, quien no pertenece al hogar familiar busca pertenecer a cualquier parte.

24 Juan Pablo II: Carta encíclica sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, 25 de marzo de 1995

25 «Die „allgemeine” Psychotherapie deckt sich beiläufig mit jenem Sektor der Psychotherapie, der auch in der allgemeinen Praxis faktisch ausgeübt wird — „faktisch”: d. h. entweder absichtlich, oder aber unbewußt. Diese Psychotherapie des praktischen Arztes jedoch hat auszugehen vom obersten Gebot des „primum nil nocere”». Frankl, Viktor E.: Die Psychotherapie in der Praxis, cit. S. 104 (tr. cast., pp. 123 s.).

26 «Algunos psiquiatras —que ante los ojos del supuesto o real homosexual se presentan como expertos—, entienden que la homosexualidad no es de su competencia, una vez que ha sido definida por las instituciones científicas como una forma alternativa de satisfacción sexual. De aquí que les aconsejen lo que sigue: “Si usted elige una persona del mismo sexo como objeto de satisfacción, y le acepta, allá usted. Ese es su problema. Yo, como experto, no puedo hacer nada en su caso”. Con esto, el experto contribuye a fijar, de una vez por todas y tal vez para siempre, el etiquetado de homosexual». En Polaino-Lorente, Aquilino: Bioética y causas de la homosexualidad; en http://www.esposiblelaesperanza.com/index.php?view=article&catid=96%3A2-causas-de-la-ams&id=63%3Abioetica-y-causas-de-la-homosexualidad-aquilino-polaino&option=com_content&Itemid=63

27 Vuelve a ser el caso de nuestro cronista, pues esta afirmación salió textualmente de la boca de su analista en una de las primeras sesiones de su prolongado tratamiento.

28 «… ein an sich harmloses, flüchtiges Symptom erzeugt im Patienten die phobische Befürchtung seiner Wiederkehr. Diese Erwartungsangst verstärkt sodann das Symptom, und schließlich bestärkt das solcherart verstärkte Symptom den Patienten nur noch mehr in seiner Phobie. Dann ist der Teufelskreis geschlossen, hat sich der Patient in ihn eingeschlossen, eingesponnen wie in einen Kokon». Frankl, Viktor E.: Das Leiden am sinnlosen Leben, cit., S. 53 (tr. cast., pp. 59-60).

29 Lo importante ya no es la homosexualidad en sí, sino como idea que puede parasitar (imponerse) en la mente obsesivo-compulsiva, tan frecuente en las adicciones (dualidad).

30 Los psicoanalistas más responsables saben muy bien que la asociación libre de ideas que metódicamente ha regido su cura, no sólo es un procedimiento no siempre de elección —y por eso los profesionales del psicoanálisis marcan la diferencia entre éste y la psicoterapia psicoanalítica—, sino que, como muy punteramente afirma Frankl, en determinados trastornos mentales contraría la salud del paciente. Sería el caso del cronista que nos acompaña con su testimonio: «La libre asociación de ideas, muy lejos de ayudarme en la organización de mi desdichada vida sexual, me perturbó cuasi psicóticamente. El deterioro progresivo en los abusos de introspección siempre raya con la demencia. De la bisexualidad de partida fui a parar a la demencia sexual».

31 Porras Torres, Antonio: “Verdad encontrada y sentido en la vida personal”, cit., p. 121, nota 1.

33 Ni siquiera hablaría yo de una homosexualidad neurótica, sino de cuadros asociados a la AMS. Y como se ve, también me niego cada vez más a usar el término homosexual. En este sentido, acojo como algo muy sanador lo que Tomás Melendo advierte, a saber, lo engañoso del prefijo (homo-). «No porque niegue a las personas homosexuales la capacidad de amar. En absoluto. Lo que rechazo de plano, justificadamente, es que pueda haber un amor homo-sexual… porque el engañoso prefijo (homo-) hace imposible que el presunto amor resulte verdaderamente sexual. No es difícil de comprender, en cuanto la sexualidad se advierta en toda la hondura personal que lleva consigo. No reducida, por tanto, a la mera genitalidad y a lo que pueda seguirse superficialmente de ella; sino en su completa dimensión humana: biológico-psíquico-espiritual. Y así entendido, lo sexual es necesariamente consecuencia de la unión de dos personas sexuadas complementarias. Incluso, desde el punto de vista biológico, el organismo sexual completo no es cosa de uno… ni de dos personas del mismo sexo, sino que solo existe como resultado de la fusión íntima de una mujer con un varón». Melendo, Tomás: La belleza de la sexualidad. Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias, 2007, pp. 86-87.

34 Me permito enlazar lo perverso homosexual más a lo que, en la práctica, definimos como psicopático, que a una homosexualidad de origen. Rechazo esta última desde la antropología ontológica, igual que la disposición bisexual o la niñez perverso-polimorfa. Frankl sigue al pie de la letra el pensamiento freudiano sobre el desarrollo psicosexual y su madurez bajo el primado de lo genital en la pubertad; «sin embargo —advierte—, es una cuestión diferente si esas observaciones han sido interpretadas correctamente» [Die Psychotherapie in der Praxis, cit., S. 137 (tr. cast., p. 163)]. En La voluntad de sentido, recuerda algo muy interesante, que me permitiré subrayar: «Es peligroso asumir que, porque algunas actitudes infantiles parecen sexuales a los adultos, sean sexuales (Simon y Gagnon)» [Frankl, Viktor E.: Der Wille zum Sinn: Ausgewählte Vorträge über Logotherapie. Mit einem Beitrag von Elisabeth S. Lukas. Bern – Stuttgart – Wien: Verlag Hans Huber, 1972. S. 21, Anmerkung 3. Traducción castellana: La voluntad de sentido: Conferencias escogidas sobre logoterapia. Con una colaboración de Elisabeth S. Lukas. 3ª edición, 2ª impresión. Herder, Barcelona, 2002, p. 26, nota 10]. Sin embargo, la obra que aquí citamos, al revisar las Perversiones (Homosexualidad), sigue al psicoanálisis y distingue entre «la llamada homosexualidad original y la meramente neurótica», aun siendo consciente de la dificultad de diferenciarlas, «pues en ciertos casos límite no existe la posibilidad de una distinción rigurosa». Por una vez, lo veo más orientado hacia lo mitológico, que estimuló el pensamiento freudiano, que a lo real, que es la característica casi permanente de Frankl. En efecto, no escapa a la trampa cuando, ante la dificultad comentada, concluye: «Más bien deberíamos representarnos la cuestión patogenética como sigue: no solo en el sentido biológico, sino también en el sentido de una psicología del desarrollo ontogenético el hombre tiene una disposición bisexual», aunque concluye, justificando lo anterior, así: «Mientras que normalmente, en el individuo normal, en cuyo desarrollo a más tardar en la etapa de los años de la madurez, es decir, de la aparición del “primado de lo genital”, el componente pulsional homosexual retrocede completamente, en otros casos el trascurso del desarrollo puede ser perturbado y la homosexualidad prepubertaria latente o que por lo menos se había vuelto latente puede quedar en el primer plano de la conciencia». Por mi parte he de confesar que tanto el mito de la bisexualidad como las consabidas tendencias homosexuales que el psicoanálisis no tarda en desenmascarar, me hicieron flaco servicio. Como tantas veces señala Frankl, no se trata de fomentar círculos viciosos sino de introducir bien en ellos las tenazas, cada vez que se producen.

Reproduzco el texto original de Frankl: «Hier müssen wir nun von vornherein zwischen der sogenannten originären und der bloß neurotischen Homosexualität unterscheiden. Diese Unterscheidung wird naturgemäß nicht in allen Fällen leichtfallen; deshalb nicht, weil es in gewissen Grenzfällen gar keine strenge Unterscheidungsmöglichkeit gibt. […]. Vielmehr hätten wir uns den pathogenetischen Sachverhalt wie folgt vorzustellen: Nicht nur im biologischen Sinne, sondern auch im Sinne einer Psychologie der ontogenetischen Entwicklung ist der Mensch bisexuell angelegt. Während nun normalerweise, beim normalen Individuum, in dessen Entwicklung spätestens zur Zeit der Reifejahre, also des Eintritts des „Genitalprimats”, die homosexuelle Triebkomponente vollends zurücktritt, kann in anderen Fällen der Verlauf der Entwicklung gestört sein, und dann wird die ansonsten latente oder zumindest latent gewordene präpubertative Homosexualität im Vordergrund des Bewußtseins bleiben». Frankl, Viktor E.: Die Psychotherapie in der Praxis: Eine kasuistische Einführung für Ärzte. 5. durchgesehene Auflage. München – Zürich: Piper, 1986 (4. erweiterten und neu bearbeiteten Auflage, 1982), S. 138. Traducción castellana: La psicoterapia en la práctica médica: Una introducción casuística para médicos. Basada en la 4ª edición aumentada y revisada, publicada en 1982 por la Editorial Franz Deuticke, Viena. Buenos Aires: San Pablo, 1995, p. 164.

35 Recordemos que es solo un ejemplo de cómo puede verse reprimida la religiosidad. Cf. Frankl, Viktor E.: Der unbewußte Gott: Psychotherapie und Religion. Ungekürzte Ausgabe nach der 7. Wesentlich erweiterten Kösel-Ausgabe von 1988. Dezember 1992. 9. Auflage Juni 2009. München: Deutscher Taschenbuch Verlag GmbH & Co. KG, 2009. Traducción castellana: La presencia ignorada de Dios: Psicoterapia y religión, 10ª ed., Herder, Barcelona, 1999.

36 Lo veíamos en el trabajo anterior: Porras Torres, Antonio: “Verdad encontrada y sentido en la vida personal”, cit., p. 9 s., nota 1.

37 Burggraf, Jutta: Cartas a David, cit., pp. 38-42.

38 «Die iatrogenen bilden sozusagen eine Untergruppe der reaktiven Neurosen. Als iatrogene Neurosen bezeichnen wir jene (eben vorwiegend neurotischen) Krankheitszustände, bei denen es sich nachträglich erweist, daß der Arzt — ἰατρὸς — das pathogene Moment gestellt hat. Diese vom Arzt ausgehende Pathogenese beruht nun im wesentlichen auf Erwartungsangst; zumindest ist dies insofern der Fall, als erst die Erwartungsangst das betreffende Symptom fixiert. Oben haben wir einen Ausspruch zitiert, den F. D. Roosevelt, wenn auch in ganz anderem Zusammenhang, gemacht hat und der auch in diesem gilt: Wir haben nichts so sehr zu fürchten wie die Furcht selbst. Darüber hinaus aber haben wir kaum etwas zu fürchten wie jene Ärzte, die es im Züchten iatrogener Neurosen, durch ihre unbedachten oder bedenkenlosen Äußerungen gegenüber ihren Patienten, zu einer solchen Meisterschaft gebracht haben, daß man von ihnen füglich als von Iatrogenies sprechen könnte». Frankl, Viktor E.: Theorie und Therapie der Neurosen: Einführung in Logotherapie und Existenzanalyse. 6., erweiterte Auflage. Ernst Reinhardt Verlag, München – Basel 1987, S. 119. Traducción castellana: Teoría y terapia de las neurosis, 2ª ed., Herder, Barcelona, 1992, p. 169.

39 Doy la versión original, con “agresión” y “odio”: «Solange sie aber nur das subhumane Phänomen „Aggression” interpretiert und nicht das [224] humane Phänomen „Haß” analysiert, ebenso lange ist sie zur Sterilität verurteilt. Der Mensch wird nicht zu hassen aufhören, wenn man ihm einredet, daß er von Mechanismen und Impulsen beherrscht wird, sondern er wird erst dann seine Aggressivität überwinden, wenn wir ihm nachweisen, daß er erstens keinen Grund hat, den Mitmenschen zu hassen, daß er zweitens, was nicht seine Aggressivität selbst, sondern seine Stellungnahme zu ihr anlangt, frei ist und daß er drittens dafür verantwortlich ist, ob er sich mit dieser seiner Aggressivität identifiziert oder von ihr distanziert. Worauf es jeweils ankommt, sind nämlich nicht die sub-humanen Mechanismen und Impulse an sich und als solche, sondern die personale Einstellung zu ihnen». Frankl, Viktor E.: „Kritik der reinen Begegnung“; in Der Wille zum Sinn, cit., S. 223-224. Traducción castellana: “Crítica al mero encuentro”; en La voluntad de sentido, cit., p. 215.

40 Abstinencia sexual no es sinónimo de indigencia sexual. Cf. El sentido del amor, en Frankl, Viktor E.: Psicoanálisis y existencialismo, FCE, México, 1998, p. 228.

41 Frankl, Viktor E.: Die Psychotherapie in der Praxis, cit., S. 130 f. (tr. cast., pp. 154 s).

42 Torelló, Juan Bautista: Psicología abierta. Madrid: Rialp, 1972, pp. 91-92.

43 Cf. Frankl, Viktor E.: Die Psychotherapie in der Praxis, cit., S. 128-129 (tr. cast., p. 153).

44 Ib.

46 Polaino-Lorente, Aquilino: Sexo y cultura, cit., p. 202.

47 Nicolosi, Joseph: ¿Por qué revelar el lado oscuro del movimiento gay? Couragelatino.org.

48 Elson M. (comp.): Los seminarios de Heinz Kohut. Barcelona: Paidós, 1990.

49 Polaino-Lorente, Aquilino: (2005): Viktor Frankl. La búsqueda del sentido de la vida, pp. 13 y s. Madrid: Universidad San Pablo-CEU.

50 Cf. Sellés, Juan F.: Antropología para inconformes. Madrid: Rialp, 2006.

51 «La intimidad personal humana está conformada por (esos) cuatro trascendentales personales: co-existencia, libertad, conocimiento y amar personales. (Al tratar de la esencia humana se procede) de mayor a menor […] (A la inversa, al tratar el acto de ser personal decimos que es) inagotable. Visto desde la libertad es una libertad irrestricta. Desde el conocer, un conocer sin límite. Desde el amor, un amor que no se gasta amando […] La persona que somos está conformada por (estos) radicales, distintos jerárquicamente entre sí, pero inseparables […] no se puede entender uno haciendo abstracción de los demás (la simplicidad es divina, el hombre siempre es dual). Con otras palabras: están engarzados constitutivamente entre sí, y lo están formando dualidades. Estas dualidades son dos, una inferior formada por la coexistencia y la libertad, y otra superior formada por el conocer y el amar. En cada una de ellas para explicar el radical inferior hay que aludir al superior. Así, no se entiende la co-existencia sin la libertad personal, y no se puede explicar el conocer sin entender el amar. A la par, la dualidad inferior es incomprensible sin la superior, pues sería absurda una apertura íntima que no fuese cognoscitiva y amante; una libertad sin conocimiento no es personal; una libertad desamorada, tampoco» (Ib., p. 493-494, 513).

52 Eibl-Eibesfeldt, Irenäus: en „Frankfurter Allgemeine Zeitung“, 28 de febrero 1970.

53 Frankl, Viktor E.: “Der Wille zum Sinn”; in Der Wille zum Sinn, cit., S. 28. Traducción castellana:“La voluntad de sentido“; en La voluntad de sentido, cit., p. 28.

54 Las historias previas de bullying en relación a los trastornos del desarrollo psicosexual y concretamente en la AMS son frecuentísimas. En el proceso de “autoetiquetado” la expresión humillante puede ser interiorizada y, así, el que es llamado “mariquita” muchas veces termina por aceptarlo. Pero en otras ocasiones la etiqueta puede volverse en contra de los acosadores, como ocurre en el caso de mi paciente, al que motejaban de “fantasma” y “simplón”, le pegaban tortazos o le tiraban las gafas al suelo. Como era un magnífico estudiante descubrió el modo de “vengarse” de los acosadores: cada vez que nadie sabía contestar, el “tontón” daba explicaciones excelentes.

55 Frankl, Viktor E.: El sentido del amor, cit., pp. 222-223

56 Frankl, Viktor E.: Der Wille zum Sinn, cit., S. 21, Anmerkung 3 (tr. cast., p. 26, nota 10).

57 Frankl, Viktor E.: “Grundriß der Existenzanalyse und Logotherapie“, cit., S. 124 (tr. cast., p. 133).

58 Alusión al trabajo anterior sobre Verdad y Sentido. Art. Cit., p. 102, nota 1 (y nota 4 a pie de página).

59 Cf. Sellés, Juan F.: Antropología para inconformes, cit.

60 Kierkegaard, Søren: Mi punto de vista. Madrid: Aguilar, 1988, pp. 36-38.

61 http://www.chastitysf.com/4humildad.htm#doroteo

62 Cf. Cabanyes, J.; Monge, Miguel A. (Eds.): La salud mental y sus cuidados. Pamplona: Eunsa, 2010, p. 161

63 Como sabemos, se trata de la primera ley de la ontología dimensional de Frankl, introducida desde la precisión siguiente: «La característica de la existencia humana es la coexistencia entre la unidad antropológica y las diferencias ontológicas, entre el modo de ser humano único y las variadas maneras de ser de las que participa […] unitas multiplex, para hablar con las palabras de Santo Tomás». Frankl, Viktor E.: “Der Pluralismus der Wissenschaften und die Einheit des Menschen”; in Der Wille zum Sinn, cit., S. 143. Traducción castellana: “El pluralismo de las ciencias y la unidad del hombre”; en La voluntad de sentido, cit., p. 138-139.

64 Clemente de Alejandría: Paedagogus 1, 6,2 Cf. Sagrada Biblia. Nuevo Testamento, Vol. 5 2ª ed. Pamplona: Eunsa, 2008, p. 413 (las cursivas son mías)

65 Epítome de las divinas instituciones, 36-37. Cf. Lorda, Juan Luis: Antropología teológica. 1ª ed. Pamplona: Eunsa, 2009, p. 116

66 Tomás de Aquino: S. Th. I, q. 65, a. 2.